Hay gente que opina que los disparos y las explosiones no casan bien con la navidad, pero a mí me gusta decirles que pocas cosas más navideñas hay que La Jungla de Cristal. Y es por eso que me gustaría estrenarme en la web con una review de un juego navideño que capta bien el sentido explosivo de películas como esa y, si es posible, lo mejora.

Hablo de Christmas Shotgun Defense, un juego de Sos Sosowski, un autor indie conocido por su extenso trabajo en el mundillo y un partícipe incansable de gamejams lo cuál le ha llevado a tocar y, podríamos decir incluso que dominar, casi todos los estilos posibles.

En este caso que nos atañe nos encontramos ante un juego que entremezcla principalmente tres estilos más que conocidos: los juegos de disparos o shooters, los juegos de defensa o defense y los juegos de mejora, o upgrade.

El juego abre, como es costumbre, con una pequeña introducción que nos sitúa dentro de la historia, y ahí es donde nos llevamos las dos primeras (y gratas) sorpresas: Por un lado el juego rompe tabúes desde el principio, pues los protagonistas (Josif Stalin y Karel Marx) son una pareja gay casada que junto a su hijo forman una hermosa familia viviendo lo que, presuponemos es, la primera navidad de los tres (y digo presuponemos porque el juego aunque con una densa narrativa, deja ciertas cosas abiertas a la interpretación del jugador, entre ellas la edad del hijo).

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La segunda sorpresa (para el nuevo jugador, no tanto para aquel que lea esta reseña, el cuál ya lo sospechará) es la profunda carga política del videojuego que, de forma sutil, nos presenta como protagonistas a dos figuras históricas (Joseph Stalin y Karl Marx, respectivamente), si bien deformando un tanto los nombres, de tal forma que la sátira puede escapársele al jugador menos avispado pero que es un pequeño guiño de complicidad para el jugador más docto.

Tras la presentación llegamos al punto clave de cualquier narración al uso y por ende del videojuego: El conflicto. Karel Marx sospecha, por razones que en un principio podemos no comprender, que a la feliz pareja planean quitarle a su hijo, tiñendo de tristeza así unas felices navidades. Es por eso que insta a su cónyuge, Josif Stalin, a defender a los tres de una incansable oleada de pérfidos individuos, dando comienzo así el juego propiamente dicho.

Pasando pues a la mecánica nos encontraremos ante oleadas de variopintos enemigos que tratarán de hacerse con nuestro hijo y que deberemos ir derrotando con las distintas armas que se irán poniendo a nuestra disposición y de las que podremos disponer en más variedad según vayamos aumentando nuestro dinero el cuál, como es obvio, conseguiremos a base de derrotar a los enemigos.

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Aquí podemos ver el menú de compra del juego, al que tendremos acceso tras cada oleada derrotada

Entre oleada y oleada el juego además va añadiendo más momentos de comunicación entre la pareja, en los cuales vamos descubriendo más sobre la feliz familia y las razones de Karel Marx para sospechar.

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La primera oleada de enemigos del juego, los cuáles comienzan con un estilo bastante clásico pero veremos que rápidamente aumenta su complejidad y dificultad

Hablando de este tipo de juegos hay que mencionar sí o sí otros tres aspectos claves: La banda sonora, el doblaje y, por supuesto, el apartado gráfico, todas creadas por el propio autor del juego, el cuál deja claro así su dominio de las distintas artes cual hombre renacentista moderno. La música, magistralmente ejecutada en 8 bits para encajar con el estilo retro del juego acompaña perfectamente a un pixelart cuidado y cargado de detalles con una cuidada animación, desde los movimientos de los protagonistas hasta las distintas animaciones de las diferentes armas, pasando claro está por los fondos y los distintos enemigos. A su vez el doblaje de ambos personajes, ejecutado por el propio autor, lleva a nuevos niveles el arte del ídem.

En general y por no extenderme más decir que es un juego indispensable en navidad que no os podéis perder; por su crítica tanto política como social, su realización impecable, su narrativa o su sorprendente giro final (nada de spoilers, tendréis que jugarlo para averiguarlo)

Los milagros navideños existen, y este juego es claramente la prueba de ello.

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