Siempre se dice que los libros nos permiten viajar sin salir de casa, y lo cierto es que los  videojuegos nos permiten realizar muchas de nuestras fantasías a través de los personajes que manejamos.

Si pensamos en fantasías de poder, lo más probable es que nuestro cerebro les adjudique el apellido de “masculinas”. Y dentro de ese campo, posiblemente el primer ejemplo que acuda a nuestra mente sea del de Kratos de God of war, razón por la que no voy a usarlo. El modelo de héroe musculado hasta la hipertrofia para exaltar su virilidad y su fuerza bruta está pasado de moda.

Creo que hay ejemplos mejores y más actualizados de lo que podría ser una fantasía de poder masculina hoy en día: el testigo lo recogen personajes como Geralt de Rivia de la saga The Witcher, Ezio Auditore de Assassins Creed o Nathan Drake de Uncharted.

Por lo general son hombres maduros (o maduramos con ellos a lo largo de sus sagas), lo que denota experiencia, competencia, habilidad; son atractivos, pero de una manera más bien ruda, rara vez delicada; que saben pelear (siguen siendo fuertes, aunque ya no necesitan demostrarlo con un físico imponente) y tienen éxito entre las mujeres (¿quién se sentiría poderoso manejando a un personaje al que le dan calabazas cada dos por tres?).

1200px-Ezio_Auditore_da_Firenza
Ezio Auditore Da Firenze

A pesar de que estoy segura de que esta no es la fantasía de poder de todos los hombres (#notallmen), parece evidente que es la manera más común en que ésta se refleja en los videojuegos.

Y eso me da pie para establecer un paralelismo. ¿Existe la fantasía de poder femenina? Y si lo hace, ¿en qué consiste?

Si entendemos la fantasía de poder como la pretensión de satisfacer nuestros deseos a través de un personaje al que vemos como la representación de lo que nos gustaría ser, como alguien que nos hace sentir fuertes, poderosas y realizadas, la versión femenina de este concepto tiene que existir.

Pero, ¿cómo es una fantasía de poder femenina? He aquí el problema.

Las fantasías de poder tienen mucho que ver con los roles de género. Así, tradicionalmente las masculinas se han reflejado en personajes que son todo lo que un hombre “debe ser”, elevado a la enésima potencia (fuerte, poderoso, rompecorazones, que no muestra sus sentimientos… si es que los tiene). Mientras que, si nos atenemos a dichos roles de género, la fantasía de poder femenino no existe.

Históricamente las mujeres hemos estado apartadas del poder, cumplir con los roles de género así lo garantizaba. El espacio femenino era lo privado (el hogar) y el masculino lo público (el gobierno, la guerra, los oficios). Las virtudes femeninas medievales y modernas (es decir, relativas a la Edad Moderna como período histórico, no a la actualidad) enfatizaban valores como la piedad, la prudencia, el decoro, la sumisión y la castidad. De manera que, cuando una mujer llegaba a ostentar cualquier tipo de poder público, se consideraba una amenaza.

Existe toda una literatura que ha reforzado estas ideas. Desde que Eva provocara la expulsión de Adán del jardín del Edén y condenara a todo su género a parir con dolor, hemos asistido a una demonización de la mujer: de la Jezabel bíblica que llevó a su marido hacia el paganismo manipulándolo a través del sexo, al arquetipo de femme fatale personificado en Mata Hari, cortesana y espía durante la Primera Guerra Mundial; pasando por la caza de brujas de principios de la Edad Moderna.

img_tperez_20170720-175106_imagenes_lv_afp_054_bra08772-khPC-U424247953544SHC-992x558@LaVanguardia-Web
Margaretha Geertruida Zelle, bailarina y agente doble

Los instrumentos de poder femenino que se nos han atribuido en la ficción y en la visión histórica han sido el uso de la astucia y el sexo para la manipulación, el engaño y la intriga. Hasta momentos relativamente recientes, los pocos ejemplos de mujeres poderosas que encontrábamos en la ficción eran en forma de villanas que tarde o temprano recibían su justo merecido. Y si no encajaban en esta definición, accedían al poder en calidad de madre de, esposa de o hija de (en definitiva, el poder que ostentaran dependía y se definía en relación a un hombre).

Incluso a la hora de ejercer la violencia, lo hacían a través de terceros (un clásico: hombre de corazón noble pero enamorado que es engañado por la pérfida fémina para cometer un crimen) o utilizando veneno, tanto es así que desde hace mucho se considera un arma de mujer. Es decir, si las mujeres ejercían la violencia lo hacían de manera indirecta porque, ya lo decían nuestras abuelas, es muy poco femenino abrir a alguien en canal.

De modo que la visión tradicional del poder femenino está plagada de estereotipos con connotaciones negativas. Nos dice que la mujer poderosa es artera, ladina y embaucadora. Es la femme fatale, personaje tipo que tan de moda se puso en el siglo XIX, como fantasía erótica masculina y un nuevo modo de envilecer a la mujer.

Por lo tanto, ¿aceptar o reivindicar ese modelo como fantasía de poder femenino, incluso repropiándonoslo, no supondría caer en los roles de género impuestos?

Eso nos lleva a la alternativa: rechazar este modelo tradicionalmente femenino e igualarnos a los hombres, lo que implica explorar formas de poder “típicamente” masculinas. Se trata de reparar un daño histórico demostrando que una mujer es capaz de hacer lo mismo que un hombre. Y, en la teoría, me parece perfecto.

Sin embargo, hay un pero.

Como público, hoy en día demandamos que la ficción nos proporcione “mujeres duras” o badass. Y aunque, por ejemplo, a mí me encantan las mujeres guerreras como a la que más (podría hasta decirse que tengo un kink con ellas), ¿no supone el riesgo de caer en el extremo opuesto? ¿De rechazar rasgos de personalidad, características de comportamiento o atributos asignados al género femenino por considerarlos signos de debilidad? ¿De abrirse camino en un mundo de hombres a la manera masculina y despreciar todo lo que se considera femenino como si esto fuera intrínsecamente malo? Es como si el único modo de ser una mujer fuerte consistiera en actuar como lo que siempre hemos entendido que lo haría un hombre fuerte, lo que da lugar a mujeres masculinizadas. A cambiar nuestras reglas del juego por las suyas. De manera que, por oposición, una mujer con roles más tradicionales es una mujer débil.

Por eso, todo este asunto es tan complicado.

El mundo de los videojuegos está más relacionado con las fantasías de poder que otras formas de ficción porque en lugar de convertirnos en simples espectadores, somos parte activa. Son obras interactivas que nos ponen literalmente en la piel del o la protagonista, por lo que si se logra una buena inmersión, la identificación con el personaje suele más intensa que la que podríamos tener en otros medios (como el cine o la literatura). Además, en ocasiones nos da la oportunidad de tomar decisiones, lo que hasta cierto punto nos permite construir una fantasía de poder propia y personalizada.

Siendo así, no debería resultarnos difícil encontrar muestras de fantasías de poder femeninas, ¿verdad?

Pues vamos a hacer un ejercicio rápido. Os pido que penséis un ejemplo en el mundo de los videojuegos, basta con uno, de mujer que representa lo que consideráis que es una fantasía de poder femenina.

¿Lo tenéis? Bien, descartad ahora a todas las que no sean personajes jugables.

¿Todavía os queda alguien? Pues en ese caso, os pido que eliminéis a aquellos personajes cuyo género es elegible y su personalidad configurable.

¿Ha sobrevivido alguna a la criba? Y si es así, de las que quedan, ¿cuántas están sexualizadas?

Por supuesto, la sexualización no implica que un personaje no funcione como fantasía de poder, pero puede resultar difícil conjugar esto y el empoderamiento porque con frecuencia provoca que la mujer en cuestión tenga más de fantasía sexual masculina que de avatar del poder femenino (es lo que suele pasar con las femme fatale).

Si buscamos un ejemplo que no sea cuestionable o problemático (por todas las razones citadas), ¿quién nos queda?

Considero que las mujeres apenas tenemos referentes de fantasía de poder en la ficción. El simple hecho de encontrar personajes de nuestro género que no sean floreros, mujeres en la nevera, víctimas, objetos pasivos o cuya historia no gire y esté definida por los hombres de su vida, es casi suficiente para que se nos salten las lágrimas de la emoción. No hablemos ya de encontrar a un personaje femenino que nos haga sentir poderosas y realice nuestras fantasías (que también las tenemos) de dominación, de estar al mando, de situarnos por una vez en lo más alto de la cadena alimenticia o, por qué no, de partir caras sin despeinarnos siquiera.

Cuando me planteé escribir este artículo, pedí a mujeres jugonas que me presentaran a los personajes de videojuegos que representaban sus fantasías de poder y me encontré con que la mayoría de ellas no pasarían el filtro que he expuesto en párrafos previos. De las que lo pasan, hay varias que no he podido conocer personalmente por lo cual he decidido hablar solo de aquellas que son un ejemplo para mí, cumplan o no todas las condiciones anteriores.

c55b872eb5d90e27a6b3a6760753f452

La Comandante Shepard (Mass Effect)

El caso de Shepard es especial y creo que hay varias razones que le quitan validez (el género es elegible y su personalidad se crea a gusto del consumidor). Pero es un personaje que significa tanto para mí que no puedo obviarlo.

A través de Shepard, Mass Effect nos permite crear nuestra propia fantasía de poder. Es evidente que la Comandante ya parte de una situación de poder: es una heroína consagrada, con el rango militar más alto y firme candidata a convertirse en la primera espectro humana.

Y aunque Shepard es cuestionada a lo largo de toda la trilogía por el Consejo, tú sabes que tiene la razón. Su liderazgo es indiscutible, se gana la lealtad entre sus compañeros y es casi inmortal.

Pero una de las cosas más interesantes sobre el personaje es la siguiente: sus movimientos y gestos son exactamente iguales que los de su versión masculina, y el género de Shepard no cambia nada en la historia. E, intencionado o no, esa es parte de su magia: no te hace sentir una mujer en un mundo de hombres, una adelantada a su época, alguien que se sobrepone a los roles de género y triunfa, no. Te hace sentir que ser mujer no es un hándicap, ni una dificultad añadida, sino algo que carece de la más mínima importancia.

Para mí, esa es la razón por la que funciona como fantasía de poder femenino.

maxresdefault

Evie Frye (Assassins Creed Syndicate)

Evie sería el ejemplo perfecto de haber sido la protagonista única del juego, pero el hecho de compartir escena y trama con su hermano Jacob la opaca un poco como fantasía de poder. Las virtudes de Evie se presentan como el contrapunto perfecto de las de Jacob: mientras él es impulsivo, bruto e inconsciente, Evie es reflexiva, inteligente y prudente. Esto conlleva que gran parte de las misiones individuales de Evie consistan en arreglar los entuertos que lía su hermano, es decir, que parte de su trama propia gira alrededor de la Jacob. Esto no quita que Evie sea un personaje fabuloso (y Jacob también) y hagan un tándem estupendo, pero si algo nos demostró el DLC de Jack el Destripador es que Evie se merecía su propio juego.

O7s12JZ

Yennefer (The Witcher 3)

Si hacemos una lectura superficial del personaje, podría entrar en el molde de femme fatale, ya que se mueve en las esferas de poder “típicamente” femenino y por tanto demonizado: manipulaciones, intrigas, brujería y sensualidad.

Yennefer es una talentosa hechicera, acostumbrada a aconsejar a reyes e influir en guerras y alianzas. Es ambiciosa, astuta y, como todas las hechiceras, se vale de su belleza para conseguir prestigio, contratos y favores. Parece ir siempre un paso por delante de Geralt, con quien rara vez se molesta en compartir sus planes, lo que da la impresión de que tiene intenciones ocultas.

Pero Yennefer es, ante todo, una gran antiheroína. Es inteligente y compasiva, y ama y odia con fiereza. Funciona como fantasía de poder porque es, literalmente, muy poderosa dentro del universo de ficción de The Witcher, no sólo como hechicera sino como persona influyente.

Pero… no es la protagonista. Sólo acompaña al verdadero protagonista, que es Geralt, en algunas partes del juego.

En este sentido, Ciri podría funcionar. Es el personaje más poderoso de ese universo de todas las maneras posibles y, sin embargo, tampoco es la protagonista. Tenemos el privilegio de jugar con ella en algunas partes de The Witcher 3 pero son muy escasas.

348921-sepik

Lara Croft (Tomb Raider, reboot)

Es otro nombre que suena constantemente cuando hablamos de fantasías de poder. Existen claras diferencias entre la Lara Croft de los primeros Tomb Raider y la Lara tras el reboot. Ésta comienza en la situación de víctima y superviviente, y poco a poco se va empoderando. En un inicio, no me hacía sentir poderosa. Lara era una chica normal en una situación difícil: saltaba de un problema a otro, continuamente hostigada por sus enemigos, huyendo, sin poder permitirse un respiro. Pero a lo largo de la aventura, su rol cambia y pasa de presa a cazador, de manera que para el acto final son ellos los que escapan. La verdad es que acabé el juego sintiéndome una superheroína y fue maravilloso.

Lara es uno de los pocos ejemplos de fantasía de poder femenina que supera mi criba.

Se me ocurren otras, como Cassandra de Dragon Age Inquisition o Emily de Dishonored, pero he decidido ceñirme a un ejemplo de cada tipo.

Dishonored-2-portada
Emily Kaldwin, de Dishonored 2

Seguramente tengáis en mente otros casos o no coincidáis con mi selección y eso está bien. Supongo que existen tantas fantasías de poder femeninas como mujeres, igual que con las masculinas (aunque éstas estén más codificadas y representadas). Porque las fantasías, como diría Varric Tethras, son como los culos: todo el mundo tiene uno.

En este texto he tratado de analizarlas y de demostrar la tesis de que tenemos pocos ejemplos en el mundo de los videojuegos. Pero esto me lleva a la siguiente pregunta: si se nos diera la posibilidad de definir cómo sería nuestra fantasía femenina de poder, ¿sabríamos hacerlo?

Bajo mi punto de vista, lo ideal sería un mundo sin roles de género que permitiera fantasías que nada tuvieran que ver con él. Sólo con características deseables que nos empoderen y que no estén encorsetadas en un universo binario. Pero creo que todavía no estamos en ese punto.

Sí estamos, sin embargo, en situación de empezar a desarrollar nuestras propias fantasías de poder femeninas y de re-imaginar las masculinas.

Así que, contadme, ¿cómo es vuestra fantasía de poder?

Buy Me a Coffee at ko-fi.com