Qué difícil es ser pequeña

Qué difícil es ser pequeña

Muchas de nosotras ya somos todas unas veteranas en el mundillo de los videojuegos, que vamos lanzándonos de pozo en pozo y de juego en juego, pero en cierto momento de nuestras vidas sufrimos muchísimo por no poder jugar a algún título en concreto. Y es que el mayor drama de nuestra infancia es precisamente ese, estar en la infancia. Actualmente es todo mucho más fácil, los padres están más metidos en el mundillo de los videojuegos, las compras online o digitales hacen todo más accesible, y los juegos por norma general suelen ser más baratos (gracias, rebajas y juegos indie). Pero en nuestra época… AY, EN NUESTRA ÉPOCA *coge el bastón*, en nuestra época nos tocaba sufrir y ver pasar ESE juego, despidiéndonos con la manita y sabiendo que probablemente no lo conseguiríamos jugar nunca. Y por eso hoy he juntado a varias de nuestras redactoras, para que nos cuenten sus frustraciones infantiles.

 

Nix

Hay dos juegos que todavía tengo como una espinita clavada en mi vida gamer. Bueno, más bien espinaza. El primero es Perfect Dark. Recuerdo perfectamente cuando empezó a aparecer por las revistas, sobre todo en la Nintendo Acción, y me pareció una maravilla absoluta porque, en ese momento, yo seguía enganchada al GoldenEye 64. ¡Era un juego con una señora protagonista y encima agente secreta!

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También recuerdo que había llegado a mis manos un VHS promocional en el que te enseñaban cosas del juego, y que lo vi mil veces porque me encantaba y lo quería mucho y muy fuerte. Lo malo es que, si ya de por sí los juegos de N64 eran carísimos, este además necesitaba el Expansion Pak porque a la pobre consola no le daba la RAM, y eso añadía un aumento de precio considerable. Consecuencia: nunca conseguí jugar al juego, pero yo sigo queriendo mucho a Joanna Dark.

 

El segundo es uno mucho menos conocido, Galerians. En otra revista, ya no recuerdo cuál, leí sobre este juego, un survival horror de PSX. 

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En él, el protagonista, un chico con poderes psíquicos y amnesia, descubre un montón de experimentos para crear a gente como él, formando toda una trama que acaba mezclando IAs, pseudodioses y un montón de movidas que a mi yo de 10 años la dejaron con los ojos como platos y diciendo “QUIERO JUGAR A ESO”. La pena es que nunca lo encontré, ni a la venta ni para alquilar, así que aquí sigo, con mis ganas de jugarlo algún día.

 

Anuhiu

El juego que siempre quise yo desde el momento en el que lo vi y jamás lo tuve ni tuve la oportunidad de jugarlo nunca fue el Drawn To Life para Nintendo DS. La premisa era simple, dibujar tu propia aventura y poder jugarla.

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A mí, que me encantaba dibujar y también me encantaban los videojuegos era algo que me llamaba muchísimo la atención porque juntaba dos cosas que me encantaban y eso solo podía significar incontables horas de diversión para mi yo de doce años. Pero nunca pudo ser, mis padres no eran bastante amigos del concepto “regalar videojuegos a nuestra hija” así que hasta día de hoy he vivido sin saber qué hay que hacer exactamente, si era tan bonito como lo pintaban en la televisión o si en realidad no merecía la pena.

 

Aonia Midnight

Cuando era pequeña y teníamos en casa la PlayStation, recuerdo que un compañero de trabajo de mi padre nos pasaba listados de juegos y elegíamos cuáles queríamos que nos pirateara. Sí, habéis leído bien, pero, vamos, era lo habitual (?).

Bueno, en cierta manera hubo varios títulos que me llamaron la atención pero que JAMÁS acerté a terminar —o siquiera avanzar lo suficiente— porque me quedaba atascada en algún punto, los controles eran ortopédicos —sí, te miro a ti, estúpido Lucky Luke, aprende a disparar, crack— o simplemente me gustaban más para verlos jugar que para coger yo el mando, así que simplemente tanteaba un poco y ya. En este punto pasé por juegos como Spyro, Rayman o Mickey Mouse, de este último ni siquiera recuerdo más que la carátula.

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La etiqueta de “caso especial” se la lleva Bugs Bunny: perdido en el tiempo (1999), un juego de plataformas de lo más entretenido y divertido, aunque con unos controles algo enervantes, que ocupó horas de mi infancia, pero que no logré terminar hasta años después, gracias a que, como era original, pude jugarlo en PlayStation 2. Este título me resultaba de lo más complicado, pero no lo suficiente como para abandonarlo como otros. No sabría decir qué tenía para intentarlo una y otra vez, aguantando la frustración como si me fuera la vida en terminar ese juego. Eso sí, la satisfacción de pasármelo, aunque fuera años después, no tiene precio.

 

LadyMay

Aquí todos hemos crecido con alguna revista de videojuegos bajo el brazo: Hobby Consolas, Nintendo Acción, Playmanía… salíamos del colegio, de casa de la abuela o, simplemente, esperábamos a que papá y mamá terminasen de comprar en el supermercado para pasarnos por el colorido stand de nuestro kiosco de confianza. Aquella era la forma más directa y fiable de conocer las próximas novedades del mundillo y, desde luego —y porque el bolsillo no siempre lo permitía—, escoger una de ellas se convertía en un proceso meticuloso de leer u ojear por encima una u otra para decidir si valía la pena tenerla con el resto.  En mi caso diré que era mucho más aficionada a coleccionar como tal la Minami o la Dokan, de temática manga y anime, que las primeras, ¿para qué os voy a engañar? Por lo que mientras leía amenamente una de las dos anteriores, pasé la página y encontré un anexo bastante bien desglosado de lo que entonces era una reseña del Grandia II.

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Aunque no jugué al primero, entendí rápidamente que se trataba de un título RPG similar a los Final Fantasy habiendo terminado, por aquella época, la novena entrega de la saga y, quedándome con ganas de más, seguí investigando. El motivo por el que lo encontré en una revista no especializada en videojuegos fue, claramente, por su estilo de dibujo; pero había algo más. Al parecer, era un título que había sido estrenado para la Dreamcast pero que ahora veía su mercado ampliado a PlayStation 2. Sin embargo, y ante la inminente llegada de mi cumpleaños, fue imposible encontrar dicho título ya sea para compra o para alquiler… ¡y estaba tan dispuesta a jugarlo, que todo un fin de semana visité cada tienda de Sevilla! Sin éxito, por supuesto.

Y, desde luego, yo no sabía que ese videojuego estaría en inglés y que no me enteraría de nada aunque lo encontrase. Sin embargo, eso poco importaba. Mi obsesión con los RPG era tal que necesitaba saber su historia y, aunque años después el título llegó a Steam —sin parche de traducción, pese a los años que lleva este título encima— sabía que la experiencia no iba a ser la misma de cuando era niña; que el desencanto de no haberlo encontrado en su día podría echar por tierra lo idealizado que lo llegué a tener. No obstante, y con la reciente noticia del HD Remaster de su inminente estreno en Nintendo Switch y Playstation Network, previsto para este 2019, de nuevo vuelven a mí los vientos de aquella pequeña Lady May de rizos revueltos junto con la incógnita de siempre: ¿Será esta la vez que me atreva a dar el paso? ¿A arrancar la tirita de un tirón para ver si, realmente, valía tanto la pena?

 

Laura Tejada

Las mayores frustraciones de mi vida en cuestión de videojuegos siempre han sido los exclusivos de PlayStation porque, efectivamente, NO TENGO UNA PLAYSTATION. Y no, nunca la he tenido. Sin embargo, recuerdo que mi historia de frustración con esta plataforma tuvo un punto álgido allá por 2006. Yo tendría unos 17 años y salía a la venta un juego con el que viví un flechazo de estos que tras ver el tráiler te quedas en el sillón con los ojos muy abiertos pensando: “TIENE QUE SER MÍO”.

Se trataba de “Rule of Rose” y, por supuesto, nunca fue mío.

El juego, ambientado en los años 30, tiene como protagonista a una chica un poco pánfila llamada Jennifer que un día baja de su autobús en medio de ninguna parte para ir tras un niño que no conoce de nada (lo normal, vaya) y acaba atrapada con un perro muy majo en una mansión gobernada por niñas. NIÑAS MUY, MUY CREEPY.

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A día de hoy sigo sin saber qué es lo que pasa en esa casa o por qué no hay adultos por ninguna parte (no he jugado todavía), pero esas niñas se quedaron grabadas en mi memoria. Nunca había visto algo parecido, y es que no estamos hablando de la típica imagen infantil de niño-ve-fantasmas-y-habla-con-ellos-como-si-fueran-sus-colegas, sino de un retrato distorsionado, retorcido y confuso del mundo infantil, cuyos límites se cruzan peligrosamente con el adulto (de hecho fue bastante polémico en su momento si no recuerdo mal).

Así que ahí estaba yo, sin modo de acceder a una PS, y ahí estaba Rule of Rose, con su rollo a lo Señor de las moscas, pero con protagonistas mucho más interesantes y ambientado además en una mansión oscura y misteriosa.

Si existe alguna versión de Laura Tejada en alguna dimensión paralela a esta que no quiera jugar a eso, por favor, acabad con ella cuanto antes. 

 

Tindriel

La primera consola que entró en mi casa fue la Super Nintendo, por obra y gracia de mi hermano. Hasta entonces yo me había limitado a jugar en PC, a robar partidas en la Atari de mi primo y a saltar barriles en la Game & Watch que mi madre me había comprado en Canarias. Corría el año 1993 y hasta el momento nos limitábamos a pegarnos en el Street Fighter, sacarnos de la carretera en el Mario Karts y (yo) morir infinitas veces en el Super Mario World.

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Y entonces, en casa de unos amigos, descubrí el juego de Aladdín y me enamoré como la adolescente que era. La idea de recrear las escenas de la peli, de poder escapar en alfombra voladora (os ahorraré el número de veces que tuve que practicar) y, en general, recoger gemas y corazones, me enganchó completamente. Creo que estuve un año pidiéndolo por mi cumpleaños, mi santo, reyes, las buenas notas y cualquier cosa que se me ocurriera. Y nunca cayó. Afortunadamente, cuando mis amigos lo terminaron me lo dejaron indefinidamente y pude jugarlo, pero la espinita sigue ahí…

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

anuhiu
anuhiu @Anuhiu

Diseñadora de lo cutre y cosplayer de desgraciaos. Soy la única persona en este mundo que todavía sigue obsesionada con el Final Fantasy X.

Aonia Midnight
Aonia Midnight @AoniaMidnight

Curiosa, reflexiva y torpe // Palomitas y cerveza // Mi mente está llena de mundos en los que evadirme de la realidad // Nothing is true, the cake is a lie

LadyMay
LadyMay

Yordle híbrida de ewok y moguri. Lv. 27 con Triple-T a la espalda: Timidilla, Torpe y con Tirabuzones. Youtuber novata desde Jul-2016 y apasionada de las aventuras gráficas, los clásicos de la psx y el «payum-payum» de un francotirador. Vakarian's Lover.

Laura Tejada
Laura Tejada @_LauraTejada

Escritora y creadora compulsiva de mundos imposibles. Vivo en un faro entre dos ciudades: una flota en las nubes, la otra está sumergida en el mar. Ad astra per aspera.

Tindriel
Tindriel @Tindriel

Mi primer amor fue atrapar fantasmas con mi Commodore 64. Continuó aprendiendo mitología griega con los puzzles de Sierra y atrapando criminales junto a Sherlock Holmes. Pero supe que estaba perdidamente enamorada cuando preparé grog con ron, SCUMM y muchos ingredientes corrosivos. Azeroth es mi segundo hogar.

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