Matarlos a todos

Matarlos a todos

Os he engañado, en realidad no voy a hablar de matar a nadie (o sí), pero me hace ilusión pensar que ese título va a funcionar como clickbait para toda esa gente rancia y desinformada de ahí afuera a la que le encanta afirmar que los videojuegos son una causa de incremento de la violencia social. Me gusta imaginármelos reunidos tomando un café y hablando del tema, así con los ojos muy abiertos de la emoción, porque están segurísimos de lo que dicen y tienen pruebas irrefutables que lo demuestran avaladas por las opiniones kilométricas de sus muros de Facebook.

Si tú eres una de esas personas, siento decirte que no vas a encontrar nada aquí que confirme tu manera de pensar, o a lo mejor sí, pero para eso vas a tener que quedarte y leerme *risa malvada*.

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En la playita con Trevor (GTA V)

Clickbaits aparte, de lo que yo he venido a hablar hoy es del noble arte que algunos jugadores practicamos a menudo y que he decidido bautizar como “la procrastinación gamer, es decir, jugar a no hacer NADA mientras estás jugando. ¿Las misiones principales y secundarias? Tengo un plazo de 1 a 40 años para hacerlas, y si lo acabo dejando siempre puedo ponerme en serio la próxima vez que instale el juego (spoiler: al final acabas haciendo lo mismo y no las terminas).
Porque, ¿qué es meterse en el fregao al que te mande un NPC random comparado con pasarte dos horas trepando por cerros, pescando o conduciendo sin ningún rumbo fijo? ¿Es que acaso hay algo más relajante que hacer algo sólo porque podemos y no porque debemos?

No me malinterpretéis, cumplir misiones y objetivos es también muy divertido y, a no ser que se trate de un juego de mundo abierto, normalmente no te queda más opción que esa, pero cuando tienes la posibilidad, en mi opinión, perder el tiempo se convierte en algo complementario, liberador y terapéutico.

Veámoslo de esta forma. La vida real es un videojuego jodidamente aburrido, de mundo abierto, sí, pero con un montón de quests horribles a lo David Cage (lávate los dientes, vístete, ve a la oficina, sé un desgraciado 24/7 y odia un poco tu vida en general) y extremadamente limitado por nuestras skills de mierda que nos harían morir prácticamente siempre si nos aventuráramos a explorarlo sin miedo.  ¿Y qué pasa en los videojuegos? Pues que puedes conducir un Lamborghini en medio del campo a toda leche mientras escuchas kpop, cabalgar por un montón de lugares preciosos, sembrar el caos en un pueblucho para que los guardias te persigan, abordar barcos piratas sólo por aburrimiento, explorar la altura máxima a la que tu caballo se mata fijo si saltas con él de una montaña o aniquilar tiburones a puñetazos.

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Matar bichos metálicos gigantes, la mejor cosa (Mass Effect Andromeda)

Estos son unos pocos ejemplos que se me han ocurrido a mí por mis propias experiencias, pero estoy segura de que a vosotros se os ocurrirán muchos más porque sé que muchos de los que me leéis ahora, al igual que yo, disfrutáis de la procrastinación en los videojuegos.
¡Normal! Es terriblemente relajante elegir no hacer “nada” y “perder el tiempo”, porque precisamente eso, perder el tiempo, también es algo que necesitamos.

Vivimos en una sociedad dominada por el estrés, la ansiedad y la obsesión con la productividad. ¡Si tengo tres horas libres tengo que aprovecharlas! Pero si sólo tienes tres horas libres es porque el resto del tiempo has estado cumpliendo obligaciones, así que seguramente serás un despojo humano que sólo tendrá energías para plantar patatas en el huerto de tus Sims o trepar al culo de alguna estatua del Assassin’s Creed Odyssey por las risas.
Ahí nadie va a decirte que estás perdiendo el tiempo, que deberías terminar las misiones principales y las cuatrocientas secundarias que tienes empezadas porque hablar con los NPCs es entretenido. Ahí estás tú y la libertad que el juego te dé, tú y el culo rocoso de esa estatua, y durante un par de horas eres el dueño absoluto de tu procrastinación.

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Llevando al novio de paseo por París (AC: Unity)

En mi caso hay concretamente varios juegos con los que disfruto muchísimo no haciendo “nada”.  Los Assassin’s Creed Unity y Odyssey, Mass Effect Andromeda y Grand Theft Auto V. Este último, de hecho, lo tengo siempre instalado precisamente por eso, y a veces, cuando estoy ansiosa o necesito desconectar, entro sólo a conducir con la radio a toda voz. La tarea de concentrarme para no chocar cuando voy muy rápido, pero la libertad al mismo tiempo de que no haya ninguna consecuencia si me reviento contra un poste porque no me estoy ateniendo a ninguna regla (como las de una carrera o algo así), hacen que mi cerebro se relaje.

En Unity, por ejemplo, me limito a caminar por las calles y trepar edificios. Es tanto lo que disfruto con la ambientación que sólo el pasearme por ahí y sembrar el caos de vez en cuando me relaja. Igual me ocurría cuando jugaba a Guild Wars 2. Al principio me centraba en las misiones, pero al final todo se reducía a pasear, descubrir nuevas zonas y gorronear armas de un montón de señores tontos que querían hacerse los caballeros seductores conmigo (flashes de aquel chico que sacó una flauta y empezó a tocarme la BSO de El Señor de los Anillos).

En definitiva, con este artículo no quiero hacer otra cosa que reclamar nuestro derecho a tocarnos el mondongo en nuestros juegos favoritos, posponer las misiones infinitamente si nos da la gana porque para eso es nuestro tiempo libre, y si queremos “perder el tiempo” pues lo perdemos. Nos lo hemos ganado.

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Laura Tejada
Laura Tejada @_LauraTejada

Escritora y creadora compulsiva de mundos imposibles. Vivo en un faro entre dos ciudades: una flota en las nubes, la otra está sumergida en el mar. Ad astra per aspera.

2 comentarios
Ñbrevu
Ñbrevu 11/10/2019 a las 5:52 pm

Esto es lo mejor de los sandbox. No es que haya mil misiones distintas, no. No es que haya personajes carismáticos y guiños al cine y a la cultura popular, no. Tampoco es, desde luego, que tengan graficazos (¡bah! En tres años estarán obsoletos). Ni siquiera es que tengan un gritón de opciones de configuración y tengas cien cortes de pelo, mil trajes y diez mil armas distintas que combinar.

No. Lo que mola de verdad de un juego con un mapa grande es que estás de camino a alguna misión que no te interesa mucho, y de repente pasas por al lado de una zona que no conoces bien y dices «uy, ¿esto qué es? A ver qué hay por aquí» y te tiras las siguientes 3 horas buscando, por ejemplo, cuál es la montaña más alta desde la que te puedes tirar con el coche a todo gas y caer directamente sobre la carretera. El GTA San Andreas, por ejemplo, era grandioso simplemente porque tenía un mapa ENORME con mil recovecos, y podías dedicar horas y horas simplemente a hacer el cafre de mil maneras distintas, que total, las misiones de la historia principal van a seguir ahí mañana si me da la gana hacerlas.

Normalmente soy un viejuno cascarrabias que disfruta de juegos de cuando los años empezaban por 1 y no por 2, y de cuando para jugar tenías que escribir algo así como CD JUEGOS\DUNE2; DUNE2.EXE en una pantalla negra con texto blanco. Pero si hay algo que adoro profundamente de los juegos actuales, y por lo que me alegro de que hayamos avanzado tanto, es que los mapas son gigantescos y hay una cantidad infinita de rincones por los que perderse. No hace falta ni que haya secretos escondidos, me basta con tener un mapa en el que relajarme haciendo el tonto. ¡Viva la libertad!

Laura Tejada
Laura Tejada 15/10/2019 a las 10:25 am

Amén a todo!

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