Todos los caminos llevan al Octopath

Todos los caminos llevan al Octopath

Lo que me gusta a mí un JRPG clásico no lo sabe nadie (podéis ver la carta de amor que le escribí a FFVI hace un tiempo). Hay algo en esas historias más de 60 horas y en los combates por turnos que me da una tranquilidad al jugar que aprecio mucho. Ahora que las obligaciones de persona adulta me llaman, ya no tengo tiempo de jugar 7 horas de una sentada, pero cuando vi que Octopath Traveler iba a salir para Steam no me pude resistir. Antes de nada, quiero decir que le llevo echadas alrededor de unas 30 horas y todavía no he llegado ni a la mitad del juego, así que todavía me queda mucho que descubrir y muuuchas horas por delante.

¿Qué tiene de especial Octopath Traveler? Pues no tiene una historia sino ocho. Y ocho personajes, de los que sólo puedes llevar cuatro como máximo, lo que es un clásico de JRPGs también. Cada uno tiene una historia individual, dividida en cuatro capítulos. Todo cuadriculado, a la antigua usanza. Tiene un sistema de clases que es bastante completo y da juego porque puedes añadir una segunda clase a la que los personajes tienen por defecto, y por supuesto también hay combates por turnos. Hasta ahí todo bien, y en línea de un JRPG clásico. Tiene sus magias, sus monstruos y sus bosses como el dios del JRPG manda. Y también tiene algunas cosillas no tan típicas que me están gustando mucho. Cada personaje tiene unas armas disponibles, y cuando luchas contra enemigos descubres si son débiles o no a ellas solamente cuando les golpeas. Cada historia está individualizada de forma que no importa la combinación de personajes que tengas en tu equipo, apenas interactúan entre sí y sus historias no se entrelazan (hasta donde he llegado por lo menos). Los pueblos y ciudades en los que entras tienen lo clásico: tienda de armas, tienda de objetos, NPCs con misiones secundarias, una posada… ¡y una taberna! Este lugar es el punto donde puedes elegir empezar un nuevo capítulo de cada personaje, cambiar a tu equipo y (ojo cuidao’) restaurar tu reputación.

Restaurar la reputación es interesante. Cada personaje tiene una habilidad especial que los demás no, aunque algunas son similares. Therion es un ladrón, Olberic un guerrero, Prim es una seductora bailarina… Sus habilidades pueden usarse para tu beneficio sobre los NPCs. Es decir, les puedes robar cosas, enamorarlos para que te sigan en combate, o que te cuenten cotilleos o la ubicación de un objeto oculto. Si fallas realizando esa acción personalizada, pues te baja la reputación en ese pueblo. Cuando esta se acaba, tienes que ir a pedirle al tabernero que te ayude a mejorar la reputación hablando bien de ti a sus parroquianos… y le tienes que pagar una pasta por ello (estúpido capitalismo). La mecánica de reputación no es nueva ni mucho menos, pero le da un toque muy majo al juego porque te permite desbloquear pequeñas cosas. Batirte en duelo con una señora que no te deja entrar a su casa (lo nunca visto antes en un RPG, que la gente se moleste cuando entras a su casa), o que te llamen la atención cuando te pillan robando son cosas que le dan encanto a un juego así. Es una mecánica que presenta un pequeño desafío, ya que las probabilidades de tener éxito en las acciones aumentan con el nivel, y a mí me gusta porque al revisitar pueblos puedes volver a intentar conseguir un robo o un desafío que antes no se podía completar por la poca probabilidad de éxito.

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Mis hijos, yendo de excursión todos junticos. Concept art de Naoki Ikushima y Mika Iizuka

La historia es más o menos un trasfondo simple que deja libertad al jugador. Escoges al primer personaje con el que quieres empezar, y luego dejan a tu elección si quieres recoger a los demás, o si quieres unos y otros no… o si te quieres hacer el camino tú sola porque te bastas y te sobras. Puedes controlar a Ophelia, que es una sacerdotisa en peregrinaje; Cyrus es un académico ansioso de saber; Therion es un ladrón con clase; Olberic es un guerrero retirado; Primrose es una bailarina buscando vendetta; Alfyn es un boticario dicharachero; Tressa quiere ser la próxima Amancio Ortega y mejor mercader del país y H’aanit es una cazadora en busca de su maestro. Cada uno sigue su camino, con o sin ayuda de los demás, y cada uno tiene su historia y sus propios enemigos.

También hay sidequests, pero no son las más creativas del mundo JRPG que se diga. Muchas de ellas se te olvidan al momento de cogerlas y la mayoría no dan muchas pistas de cómo se resuelven, así que en ese punto Octopath no gana mucho. Aunque hay algunas sidequests entretenidas y que consisten en varias partes, la mayoría son de una sola misión y un poco abstractas. Por ejemplo, una persona te dice que le gustaría conocer a alguien que tiene X cosa o trabajo. Tienes que hablar con todos los NPCs y averiguar cuál de todos es el indicado. Luego tienes que hacer que los dos se junten, y para ello tienes que usar a Ophelia o Primrose, ya que ellas son quienes tienen la habilidad de que te sigan NPCs, y así terminas la misión. Contando que estén en el mismo pueblo es fácil, pero la cosa se complica cuando no sabes ni dónde tienes que llevar (o de dónde) tienes que traer lo que el puñetero NPC quiere. ¿La recompensa? Pues monedas y experiencia y a lo mejor un objeto que puedes conseguir fácilmente sin tener que partirte la cabeza de semejante forma. La conclusión, que las misiones secundarias son reguleras y el tiempo invertido muchas veces no iguala la recompensa.

Las mazmorras y los caminos están llenos de enemigos, y hay un nivel recomendado en cada uno de ellos que limita la libertad para andar de los personajes. Así se evita que tú, como jugadora, hagas como Magallanes y te vayas a sitios que no corresponden o te hagas todo el mapa sin haber avanzado en las historias de tus personajes lo suficiente. No es que no puedas ir por esos sitios, porque no está físicamente limitado, pero los enemigos te crujen nada más combatir con ellos, porque la diferencia de nivel lo hace así.

El mapa es normal de tamaño, teniendo en cuenta que emula un JRPG clásico. Tienes muchos pueblos que se unen a través de caminos, y donde encuentras señales que te indican qué aguarda en la siguiente pantalla. También hay cuevas y mazmorras opcionales, donde normalmente encuentras tesoros que merecen la pena pero que suelen tener enemigos duros (lo cual viene muy bien si quieres subir de nivel). Por último, si te desvías del camino normal de la ruta puedes llegar a encontrar cofres con pequeños tesoros, y si buscas bien puedes encontrar los templos. Los templos están dedicados a diferentes dioses, y cuando entras te conceden el poder de ese dios. Dichos poderes son las segundas clases que puedes incluir a cada personaje. Es decir, puedes elegir que tu Cyrus sea un erudito (su clase por defecto), y un ladrón al mismo tiempo. Al añadir una segunda clase a alguno de los personajes, estos pasan a tener las habilidades de ambas clases y puedes cambiar la optativa en el momento que desees.

Así en general me parece un juego al que le coges cariño. Al principio es un poco pesado (recolectar todos los personajes se hace de la misma forma, Y SON OCHO), pero una vez que avanzas en los capítulos de cada uno se vuelve más interesante, e incluso un desafío que gusta.

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El archienemigo mortal del que hablo abajo que me busqué yo sola porque soy manca. Captura propia

Tan interesante que, de hecho, tengo una anécdota para el final de este artículo que me dio para pensar un poco. Estaba enfrentándome a uno de los jefes de final de capítulo, y yo siempre he sido muy confiada a pesar de tener un nivel inferior al recomendado por el juego. El jefe mató a todos mis personajes dos veces seguidas, y me puse a grindear un par de niveles. Porque yo, que me pongo con los JRPG a pares, creía, por mi experiencia, que un par de niveles más serían suficientes. Pues resulta que estuve toda una semana desde que llegaba de trabajar intentando matar a ese boss. Subía un par de niveles y volvía a él, y acababa siempre conmigo.

Sin llegar al punto de frustración, era la primera vez en mucho tiempo que no sabía cómo sobrepasar a un boss en un JRPG. Los JRPG que siguen la línea clásica de los combates por turnos se apoyan más en el grindeo que dejar que el jugador cambie el nivel de dificultad. Y esa pelea contra ese boss hizo que dejara de subestimar a Octopath. Y no porque tuviera que grindear niveles (que, por otro lado, no me apasiona ni apruebo al 100%), más bien porque me hacía pensar en estrategias, en equiparme con ciertos personajes por sus habilidades en lugar de que todos me sirvan por igual, y en qué ataques usar en qué momento. Y solo por haberme hecho sacar la libreta para apuntar posibles estrategias para ese boss, Octopath merece todo mi respeto.

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akusokozan
akusokozan @crisiscrisis_

Reina de la procastinación. Juego a cosas, escribo de cosas y leo sobre cosas. The Witcher 3 me absorbió el alma y desde entonces no he sido la misma.

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