Animal Crossing, el agujero en el tiempo

Animal Crossing, el agujero en el tiempo

17/04/2020 | Nix | 1 comentario

Animal Crossing no ha cambiado, hemos cambiado nosotras y el mundo que nos rodea. Quizá sorprende esta afirmación que viene casi como de la nada, pero lo cierto es que desde el día de salida de Animal Crossing: New Horizons he estado observando un fenómeno directamente relacionado con nuestro estilo de socialización actual, el tipo de vida que tenemos y quizá también un poquito del confinamiento en el que llevamos ya días (o milenios, no lo sé muy bien), y sin embargo mucha gente está asociando a una mala evolución del juego.  

Empecemos por el principio. Animal Crossing es una saga que inició su andadura en 2001, y que consistía, reduciéndolo a lo básico, en vivir una vida simple y sencilla, recoger fruta y hablar con tus vecinos. Con mayor o menor diferencia, todos los juegos han sido siempre así, añadiendo a cada entrega alguna novedad para mantenerte enganchada a la saga: visitando pueblos vecinos, una plaza con tiendas, moda o peluquería, una isla con minijuegos y, en esta nueva entrega, la terraformación. Todo varía, aunque mantiene la misma esencia con su característico modo de juego que se resume en una frase: Haz muchas cosas, pero juega a tu ritmo y como tú quieras hacerlo. No os voy a mentir, es un estilo de juego arriesgado. Es muy difícil que una persona se divierta horas y horas en un mundo cerrado, con cosas limitadas, horarios predeterminados y tareas repetitivas. Sin embargo, lo consiguen. El juego funciona, y no solo eso, sigue funcionando meses e incluso años después de que hayas iniciado tu partida, y el único detalle que impide esta diversión es que no pertenezcas al nicho al que está dirigida esta saga. Y no pasa nada, pero esto es algo que hay que recordar porque, como todos los juegos, tiene su público objetivo.

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En 2012 salió Animal Crossing: New Leaf. En ese momento, las redes sociales, que ya llevaban unos años activas, todavía se resistían a congregar a la mayoría de la población. La gente joven era la que más se lanzaba a la socialización online, aunque había muchas personas sin Internet (ni ordenador en casa) y los smartphones no eran tan smart como se creía. Y las videoconsolas todavía menos. Por supuesto, la menos smart de la familia era la 3DS, que la queríamos mucho pero seguía siendo nuestra hija tonta. Una de las cosas que podíamos hacer con la consola era sacar capturas de algunos de nuestros juegos, y por suerte eso se implementó en AC:NL. Sin embargo, compartir algo con el mundo era un dolor de muelas, y la mayoría de las veces solo te las guardabas en la galería. No te importaba porque Twitter era todavía una red relativamente pequeña, con unos 100 millones de usuarios activos en todo el mundo. Tumblr, la otra plataforma que te ofrecía cierta inmediatez, llegó hasta los 168 millones ese mismo año. Facebook llegaba a los 800 millones. Todo ese conjunto de detalles hizo que ese juego, a pesar de tener múltiples opciones online, no arrasase Internet tal y como lo hace AC:NH. Eso sin contar que por norma general se tardaba todavía más en desbloquear ciertas zonas y tiendas del pueblo, sobre todo si no seguías una guía o alguien te daba un chivatazo. Cuando empezabas el juego tenías muy pocos huecos en los que guardar tus diseños y estos los limitabas a un cuadrado en el que, si tenías habilidad, podías llegar a hacer una camiseta más o menos decente que ni te molestabas en compartir porque era demasiada complicación para ese churro que te había salido. Tiempo (o cambios de reloj interno) después conseguías desbloquear la máquina de coser de las Hermanas Manitas, y se te abría un mundo nuevo: los QR. Ahí es cuando te dirigías a Google y te enterabas de que había un montón de gente haciendo vestidos y trajes maravillosos que necesitabas conseguir, además de querer aportar tu granito de arena y dedicarte a elaborar algún diseño para compartirlo también. Lo mismo sucedía con la tienda de Tendo y Nendo, con el tiempo y la cantidad de bayas que gastabas iban ampliando la tienda, y tú ibas desbloqueando cada vez más objetos, flores o herramientas. Como siempre, podías conseguirlo todo en forma de speedrun (cosa que hacía solo un pequeño porcentaje) o simplemente tomándotelo con calma, tal y como el juego quiere que juegues. Y, como siempre, dejándote plena libertad para que tú decidas qué quieres hacer y cómo quieres decorarlo todo, yendo de la casa más rosita y cuchi del mundo a un basurero, pasando por un cementerio con un caldero de bruja en el centro. Así como tus vecinos tienen diferentes gustos, tú puedes tener el tuyo sin depender de cumplir o no unos requisitos predefinidos. El juego no te juzga, te deja dar rienda suelta a tu creatividad, y gracias a eso se mantiene vivo durante tantos años.

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Saltemos al presente, marzo de 2020, fecha de salida del Animal Crossing: New Horizons. Nos estamos comiendo la pandemia mundial del siglo, encerradas en nuestras casas y monitorizando las redes sociales 24/7, ya sea por enterarte de qué está pasando en el mundo, por distraerte con la chorrada del día, o para apilar en tu disco duro las descargas digitales gratis que es probable que no acabes usando nunca. Nuestro rayito de luz en estos tiempos es, precisamente, el juego cuchi lleno de animalitos majos y bonitos. Pero esta vez algo extraño pasaba. Desde el primer minuto empezaron a compartirse capturas de pantalla, a todo el mundo le podía la emoción y quería enseñar lo bonito que era todo, mostraban con ilusión todo lo que iban consiguiendo, las cosas que se iban desbloqueando y los diseños que iban creando, esta vez utilizando capturas de pantalla que recogían los píxeles pintados para que el resto de la gente pudiese recrear su diseño o modificarlo a su antojo (también influye que los códigos de los diseños se consiguen con el juego más avanzado, aunque ese es otro tema). Animal Crossing: New Horizons, si bien mantiene esa costumbre de dejarte a tu aire, añade un montón de recompensas en forma de Millas para que si no sabes con qué entretenerte y tienes ganas de dar vueltas haciendo cosas, tengas la opción de utilizar esos pequeños logros tan variados. Un incentivo que se creó para que nunca te quedases sin nada que hacer, pero que puedes ignorar de forma muy fácil si lo único que quieres es sentarte en la plaza del pueblo. Como siempre, el juego no te presiona. 

Sin embargo, entre todo ese hype en el que incluso las personas que no estaban jugando compartían capturas de su lista de amigos repletas de gente con el AC:NH, haciendo que cayesen incluso quienes no estaba interesados originalmente, empezaron a aparecer comentarios en tonos rojos y verdes. Quizá motivados por el agobio del confinamiento, o eso quiero creer, comenzaron a surgir los policías del tiempo, gente que de forma muy agresiva empezó a perseguir por redes a quien ya había conseguido a las Hermanas Manitas o la terraformación, cosas que solo se podían tener tras haber pasado varios días de juego. El método de mover el reloj ya es un viejo conocido en AC, a Nintendo no le importa y a las personas que juegan tampoco, pero esta vez, por algún motivo, despertó un odio irracional porque una persona desconocida había conseguido cosas que tú ibas a conseguir dentro de cinco días. Únicamente por eso. Un enfado a un nivel que, si compartías una captura de tu casita decorada de forma cuca, lo más probable es que alguien viniese a decirte que eres basura por haber movido el reloj de la Switch. Lo sé, porque me ha pasado… con una captura en la que aparecía el reloj con la hora exacta del tweet en el que lo publiqué. Esta crispación general empezó a correr de usuario en usuario, cada uno más enfadado que el anterior, y yo no pude evitar ponerme a reflexionar sobre ello. ¿Qué había pasado? ¿Por qué había despertado tanta agresividad un juego en el que lo más violento que puedes hacer es darle en la cabeza con una red a un muñeco de peluche?

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¿Sabéis la costumbre esa que tienen los niños pequeños de ignorar un juguete hasta que ven a alguien jugando con eso y se pillan un berrinche? Pues esta vez lo hemos visto en versión digital y con gente que ya tiene edad para peinar canas. El fandom de Animal Crossing nunca ha sido perfecto, más que nada porque ninguno lo es y en todas las casas se cuecen habas. Sin embargo, los cuatro buitres que disfrutaban reventando los cartuchos de juego de personas desconocidas quedaban sepultados, ya que su impacto en las redes era muy limitado. Ahora, así como tenemos el poder de compartir cosas buenas y apoyar a otra gente, esas personas también tienen el poder de hacer una bola de nieve con su odio que va arrastrando a todo aquel que pasa por delante. Lo que empezó con un “Jo, hay gente que hace trampa y va más rápido” se convirtió en una batalla de insultos porque habían convertido un juego de relax en uno competitivo. Podría intentar demonizar las redes sociales, como suele hacerse en estos casos, aunque no me parecería justo. Estamos en un momento en que esas redes sociales son prácticamente nuestro único contacto con el mundo “exterior”. ¿Recordáis cuando, allá en el tiempo de Maricastaña, resonaba la frase de que “en Gran Hermano todo se magnifica”? Ahora estamos en esa situación, dejándonos llevar por las emociones ajenas y, sobre todo, ampliándolas al máximo a causa del confinamiento. El Animal Crossing es nuestro rayito de sol, pero también es una vía de escape de muchísimas frustraciones mal canalizadas. Por eso creo que, a pesar de todo el drama que se montó alrededor del juego, acabará volviendo a su sitio de relajación y sin competiciones. 

Siempre decimos que no hay forma mala de jugar a un Animal Crossing, pero esta vez nos ha quedado claro que sí la hay. Puedes jugar mal si en vez de disfrutar del juego, sea cual sea tu forma de jugar, te dedicas a acosar a otras personas por utilizar el cambio de fecha. También si te limitas a criticar a todo aquel que consigue más o menos objetos que tú, o aquellos que te gustaría tener. Si tratas de imponer una forma de juego porque tú consideras que es la única buena. Si te quejas de que hay quien intenta escoger a los vecinos por su estilo o personalidad, queriendo echar de su isla a quien no le gusta, y tú decides llevar el tema al extremo tachando a esa gente de maltratadora en la vida real. O incluso si dedicas tu tiempo a exigir cambios que eliminarían por completo la base del juego y lo limitaría a ser un concurso de productividad, ya que tú consideras que sabes más que los creadores del juego (🧂). Es decir, si te dejas llevar por el efecto Instagram y te invade la envidia porque en las redes sociales hay gente haciendo muchísimas cosas y tú no, nunca vas a disfrutar el juego.

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Animal Crossing es, por intención y definición, un juego hecho para relajarse y ser feliz. Puede gustarte desde hace años, puedes haber entrado ahora en la comunidad, y puede que no te guste ni un poquito ya que te aburre la idea de hacer tareas repetitivas. Y no pasa nada, nadie debería enfadarse contigo por ninguno de esos motivos. El juego va a seguir ahí, existiendo, con toda la calma que lo caracteriza y esperando a que alguien lo abra y lo acompañe. Está en nuestras manos volver a redirigir esa especie de pequeña red de apoyo en la que compartir diseños, enseñar los armarios y catálogos para regalarnos muebles y ropa, juntarnos a ver las lluvias de estrellas para conseguir materiales o recetas extra y gritarnos unos a otros que vayamos corriendo a vender los nabos, que están a muy buen precio. Tal y como hacíamos en las entregas anteriores, aunque ahora a mayor escala gracias a la conexión a Internet y las redes. Si algo nos enseñó AC es que tenemos que ayudarnos, que la gente lo agradecerá, y que no importa quién tenga qué, cada uno tiene sus gustos, su ritmo y su forma de ser, y tenemos que aceptarlo. Allí Canela te recibirá con una sonrisa y Nook seguirá ofreciéndote infraestructuras para mejorar tu isla, mientras todos tus vecinos se unen a tu camino para hacerte sentir como en casa. Y eso es lo mejor que nos pudo pasar en estos momentos.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

1 comentario
Myddna
Myddna 19/04/2020 a las 4:16 pm

Qué gonitoooo!

A ver si es verdad que la cosa se calma porque hay mucho estresado y quejica por ahí dando mal… Esto va de pasar un rato relajado, esplís (como diría mi rana vecina) xD

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