Larga vida al cabrestante

Análisis de SnowRunner

Análisis de SnowRunner

Estaba yo tranquilamente echándome una siesta en la cabina cuando me llegó una petición de ayuda. Resulta que un montón de gente de un lugar llamado Patreon quería que les fuese a hablar de cómo era eso de vivir la vida de una camionera, y yo no me lo pensé dos veces, tenía que explicarles a esas personas y a todas las que me quisiesen oír lo maravilloso y duro que es pasarte el día al volante por todo tipo de terrenos y climas. Así que aquí estoy, difundiendo la palabra de SnowRunner (Saber Interactive, 2020) para que le deis la oportunidad de salir a vuestra pequeña camionera interior en PC, Playstation 4 y Xbox One.

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Lo normal en este tipo de simuladores es que comience explicándote cómo funciona absolutamente todo, desde la palanca más grande al botón más pequeñito. Sin embargo, SnowRunner nos deja claro desde el principio que si queremos algo, vamos a tener que poner de nuestra parte. Con esto no quiere decir que no tenga un tutorial, porque técnicamente lo tiene, pero es más bien escaso en cuanto a explicaciones se refiere. Cualquiera diría que lo normal para empezar en un juego de camiones es ponernos en una carretera bien asfaltada para que aprendamos cómo va eso de mover el volante y cambiar de marchas, aunque  esta vez inicias tu aventura en una zona en la que un río ha inundado gran parte del terreno y, por supuesto, convertido en barrizal todo lo demás. Te enseñarán las cosas básicas, como arrancar, quitar el freno de mano o cambiar de marcha, y a medida que vas avanzando te irán dando pequeños consejos que decidirás si seguir o no en ese momento. Total, ¿qué es lo peor que puede pasar? 

Si eres prudente y atiendes a las necesidades del terreno y las capacidades de tu camión, no te pasará nada… pero lo más probable es que en algún momento acabes hundiéndote en un río, en la nieve, o enterrándote en el barro que tú creías que podrías dejar atrás fácilmente. Por suerte, como os dije antes, en uno de esos consejos os presentarán a vuestro mejor amigo en este juego: el cabrestante. Y no lo digo en broma, que el primer río que crucé en este juego fue a base de clavar el cabrestante en un árbol y revolucionar al máximo el motor hasta que consiguió sacarme en la otra orilla. Que una ante todo es cabezona. El único problema con este método es que de vez en cuando te encuentras piedras donde no las esperabas, o que ese árbol parecía que estaba más lejos y que era más blando antes de estrellarte contra él, o que te gastaste la mitad del depósito de gasolina intentando salir de la nieve con el cabrestante una vez más. Aquí es donde entra una de las mecánicas que más me gustan de este juego: tanto las reparaciones, como la gasolina, como el rescate de tu camión (con vuelta al último punto de guardado) son gratis. El juego quiere que te centres en la exploración y en las misiones para poder mejorar cada vez más tus camiones, y por lo tanto no te castiga por ser cafre conduciendo o simplemente cometer errores involuntarios, cosa que se agradece.

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Para conseguir enfatizar esa idea que tiene el juego de que debes hacer un reconocimiento exhaustivo del terreno, necesitamos tener una superficie más que suficiente en la que explorar. Por supuesto, esto se cumple de sobra ya no solo en el primer mapa en el que nos sueltan, sino en los diversos que iremos desbloqueando poco a poco y a base de seguir viajando. En cada mapa tendremos una especie de torres de vigilancia que nos ayudarán a visualizar una gran parte de la zona del mapa en la que estemos, desbloqueándola en el menú, y son de gran utilidad a la hora de decidir si meterse por esa carretera va a ser una buena idea o si acabarás con tu camión hundido en un lago medio helado, cual Titanic con ruedas. Además de eso, en nuestro mapa aparecerán marcadas misiones que iremos recogiendo por el camino, gasolineras, talleres, nuestros objetivos, e incluso remolques abandonados (a veces incluso cargados) que podremos adjudicarnos para poder seguir haciendo nuestro trabajo. Si lo dejan ahí tirado es que no lo quieren y no lo vamos a dejar ahí, ¿verdad? Total, la mitad de nuestros encargos tienen que ver con el bienestar de los pueblos y carreteras que vamos surcando. 

Las misiones no consisten solamente en llevar paquetes de un lado a otro, sino que tenemos que ir ayudando en cosas muy diferentes, como llevar las vigas para poder volver a construir un puente caído tras una inundación, abrir paso en una carretera sobre la que cayó una avalancha de rocas, volver a levantar un poste de la luz que bloquea la entrada a una zona o incluso rescatar materiales hundidos en el lago. Tú decides por dónde comenzar y hacia dónde ir, utilizando todo lo que tengas a mano para conseguir lo que quieres hacer en ese momento, porque al final del día sentirás la satisfacción de haber hecho lo que te proponías y encima tendrás el bolsillo más lleno.

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No os voy a negar que ir consiguiendo el dinero suficiente para ir ampliando tu flota de camiones al máximo es algo bastante complicado. Las dificultades del terreno, sobre todo cuando todavía tienes solo los camiones iniciales, hacen que cada partida sea larga, y no por ello aburrida. El manejo está muy logrado, sobre todo cuando cambias de un vehículo a otro y notas las diferencias de peso o potencia. A veces sentirás cómo las ruedas van resbalando en una zona embarrada, costándote un poco más moverte y yendo cada vez más lento mientras piensas en que quizá no deberías haberte metido por ahí, pero con un poco de habilidad acabas saliendo del lío y sintiéndote feliz, porque lo has superado sin ayuda y quieres mucho a tu bonito camión rosa que resiste todo lo que le echen. Por eso, aunque es un juego lento y que pueda parecer pesado, no lo es. Está todo bajo tu control y tus logros, a pesar de ser pequeñitos, te dan ese empujoncito para seguir adelante con tu ruta y entregar esos bloques de madera tan necesarios para esa granja. Quizá una de las cosas que ayudan a este título a triunfar entre la gente que no está aquí por los camiones, es la forma que tiene de conseguir que estés a gusto en solitario, dejando los problemas atrás y disfrutando de un rato para ti, preocupándote simplemente de si, en caso de que surja algo complicado, el cabrestante llegará hasta el árbol más cercano.

En definitiva, SnowRunner es uno de esos juegos que en principio puede parecer que está dirigido a un sector muy concreto de jugadores, aunque la verdad es que recibe a todo el mundo con los brazos abiertos y esperando ofrecerte un rato divertido y relajante. Quizá empecéis con mal pie, estampándoos contra la primera pared o subestimando la profundidad de un charco, pero si le dais un poco de margen de aprendizaje es probable que terminéis pasando horas viajando, a veces sin rumbo fijo, por el simple placer de explorar. Y merece la pena.

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Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

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