Videojuegos: arriba y abajo

Videojuegos: arriba y abajo

13/11/2020 | Dunkel | 1 comentario

Recuerdo que de pequeña mi madre me decía que no podíamos comer muchos huevos a la semana porque “daban colesterol”. Actualmente varios estudios demuestran que más bien es todo lo contrario y que no solo es bueno para controlar los niveles de colesterol en sangre sino que además es de los alimentos más nutritivos. Este es un ejemplo de lo más popular y sencillo para ilustrar cómo cambia la información que nos rodea y cómo nos afecta haciéndonos ver que algo hasta hace unos años considerado como “malo” pasa a ser “maravilloso”. Si lo extrapolamos al ámbito tecnológico, donde todo evoluciona a una velocidad de infarto, no es de extrañar que las noticias y la percepción que se tiene sobre un determinado medio como es el videojuego, también lo hagan a esa misma pasmosa velocidad. Y si a ese medio le sumas factores como una pandemia mundial, confinamientos y rebrotes, entonces el cambio se vuelve una locura, llegando a ser contradictorio hasta rozar lo ridículo.

Y es que hasta este mismo año, como sabrás, los videojuegos eran considerados por una amplia parte de la sociedad como algo “malo”. Quizá recuerdes aquel famoso (y criticado) vídeo viral de un chico jugando en la televisión del salón de su casa a League of Legends con un mando de Xbox para ilustrar que los videojuegos eran poco más que el demonio de la adicción. Hasta este 2020 no era de extrañar que cada cierto tiempo se publicase alguna noticia sobre lo malos que eran los videojuegos. Y digo hasta 2020 porque con la llegada de la COVID-19 las noticias cambiaron radicalmente de punto de vista, para enfocarse durante los meses de confinamiento en lo positivo de los videojuegos como medio maravilloso para hacer frente a las largas horas de encierro en los hogares. Pero ¡ay!, espera un segundo, el confinamiento se terminó y creo que no sorprende a nadie que de nuevo hayamos vuelto a las andadas y a la demonización de la industria.

Pero ¿qué pasa realmente con los videojuegos?

Un videojuego, según la definición más simple que podemos encontrar, es “un juego electrónico que se visualiza a través de una pantalla”. O sea que, como cualquier juego, debe cumplir unas características básicas como son la de que siempre hay un objetivo. Pongamos para entenderlo un videojuego muy conocido y de mecánicas sencillas como puede ser Mario Kart. El objetivo de Mario Kart es fácil: llegar el primero a la meta. Otro de los preceptos que debe cumplir un juego es que han de existir unas normas y reglas. Siguiendo nuestro ejemplo, las reglas son bastante intuitivas como en cualquier juego de carreras al que se suman una serie de elementos que nos ayudan a adelantar a nuestros rivales y conseguir el objetivo principal, llegar en el primer puesto a la meta. Existe un claro sistema de feedback, nos llega información continuamente de lo que sucede. En el caso de Mario Kart, en la pantalla podemos ver lo avanzados que vamos con respecto a nuestros rivales gracias a un minimapa, el puesto que ocupamos y el número de vueltas que quedan para indicarnos lo cerca que estamos o no de nuestro objetivo.

Teniendo claro que un videojuego cumple con estas premisas básicas comunes con cualquier otro tipo de juego, ¿por qué son tan demonizados frente al resto de actividades lúdicas? Los argumentos suelen ser repetitivos, una serie de mitos sobre los que tratan de apoyarse dichos juicios. Vamos a desgranar los más conocidos:

“Los videojuegos aíslan a las personas”. Obviamente, el problema aquí es la falta de comprensión de la existencia de otros tipos de comunicación. Hay múltiples juegos en los que se desarrolla una parte colaborativa, como puede ser por ejemplo Overwatch o League of Legends. Incluso, para muchos consumidores, el mejor tipo de videojuego es aquel en el que pueden competir o jugar con sus amigos.

“Los videojuegos crean adicción”. Es un término muy mal empleado en la mayoría de los casos, ya que no se debe confundir uso con abuso. Evidentemente los videojuegos “enganchan”, tiene que haber cierta motivación para que el consumidor de videojuegos quiera seguir jugando o quiera seguir comprando X saga de videojuegos. Pero el problema es el mal uso que se le puede llegar a dar. Extrapolando a un ejemplo arraigado en nuestra sociedad, cuando una persona se toma una copa, o incluso una noche de copas, no hace a una persona alcohólica. El alcoholismo vendría del abuso de la bebida de una forma sistemática.

“Los videojuegos son una pérdida de tiempo”. Vinculado a una metodología arcaica, aquella de “la letra con sangre entra”, basada en creencias que dictaminan que si existe un componente lúdico la persona no puede llevarse ningún aprendizaje de la actividad que realiza. Se puede ver un paralelismo con la sentencia de que no puede haber aprendizaje sin esfuerzo y de nuevo se desvía la atención de ver los objetivos y las necesidades que puede estar cubriendo ese videojuego.

El juego “tradicional” es la base del aprendizaje y puede ser usado con fines educativos para aprender y crecer a través del mismo. Esto también se puede aplicar a los videojuegos, con los cuales podemos aprender a respetar y asimilar los roles del resto de jugadores o el sistema de turnos, entre otros papeles sociales básicos.

No sé, si mientras lees este artículo, la curva de popularidad de los videojuegos se acercará más al bien o al mal, pero lo que es seguro es que esa curva seguirá oscilando con el paso del tiempo, las circunstancias actuales, los intereses políticos y los estudios que nos lleguen.

 

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1 comentario
Ñbrevu
Ñbrevu 13/11/2020 a las 3:31 pm

Lo de que son una pérdida de tiempo me ha inflado siempre las gónadas. En primer lugar, hay una crítica velada que parece decir «cómo te atreves a tener una forma de ocio no productiva, ¡ANATEMA!»; esa obsesión horrible que tiene el capitalismo por transformarnos en máquinas de trabajar incluso en nuestro tiempo libre. Y en segundo lugar, ¡porque es totalmente falso! Ya no es sólo que haya una infinidad de videojuegos que agilizan la mente de mil y un formas distintas (siempre pongo el caso del Kula World, un juego que idolatro y que aún hoy día, más de 15 años después de jugarlo, sigo manteniendo que me hizo más inteligente, o si acaso, menos tonto), o videojuegos educativos de mil y un temas distintos; es que se aprenden competencias específicas y muy útiles. Muchas veces me han dicho que tengo un vocabulario de inglés muy bueno, y mi respuesta siempre es la misma: es porque cuando era un adolescente granudo, sabiendo lo justito de inglés que había aprendido en el instituto, empecé a jugar a juegos con mucho texto en ese idioma porque no habían sido traducidos al español, y aquí sigo casi dos décadas después haciéndolo, pero ahora mucho más fluidamente gracias a las horas y horas y horas que he echado (huelga decir que, ahora que nos llegan muchos más juegos traducidos, me parece 100% perfecto que se juegue en español o en el idioma que cada cual crea conveniente).

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