Porque Cirith Ungol no se conquistó en un día

Análisis de La Tierra Media: Sombras de guerra

Análisis de La Tierra Media: Sombras de guerra

Posiblemente esta ha sido la reseña a la que le he dado más vueltas a la hora de redactarla. La he empezado mil veces, vuelto atrás, he pensado y repensado cada párrafo, cada palabra. Pero la realidad es que todo mi gameplay de La Tierra Media: Sombras de Guerra puede resumirse en que ha sido un viaje arduo e intenso. Y largo, sobre todo largo. 

La historia nos deja exactamente donde terminó la anterior entrega, Sombras de Mordor. Talion, el montaraz fusionado con el espíritu del legendario herrero elfo Celebrimbor, ha logrado su venganza contra la Mano de Sauron, quien en el primer juego mató a su familia y al propio Talion. Es por eso que tras todo lo vivido se dan cuenta de que la amenaza del Este no puede pasarse por alto, con lo que toman la decisión de forjar juntos un segundo Anillo Único para tratar de alzarse contra el mismísimo Sauron. Sin embargo y a pesar de lograrlo, en sus planes entra una actriz inesperada, Ella-Laraña, quien con sus visiones orientará a nuestros héroes hacia la asediada Minas Ithil y el peligro que corre la Tierra Media si las fuerzas de Mordor obtienen la Palantir que allí se encuentra. 

En esta secuela, Monolith Productions intentó mejorar y ampliar diversos aspectos de su anterior éxito de esta saga. Los ejércitos enemigos siguen siendo dinámicos mediante el sistema Némesis, que asigna nuevos generales y caudillos orcos conforme los vamos derrotando o seamos derrotados, y además tendremos la posibilidad de crear nuestro propio ejército para poder controlar y defender las diferentes zonas, añadiendo un componente estratégico bastante destacado durante nuestra campaña. Las monturas disponibles ya no son solamente terrestres sino también aéreas, pudiendo disponer de dragones, los cuales incrementarán de forma notable nuestra velocidad y daño. Asimismo, la conexión a Internet nos posibilita tanto la invasión de fortalezas de otros jugadores en red como también ciertas misiones de venganza, con el fin de matar al capitán que ha eliminado al jugador principal de otra partida. Hay diversas zonas en las que llevar a cabo nuestras misiones, todas ellas perfectamente diferenciables, en las que además se nos marcarán varios coleccionables si queremos completar el juego al 100%.  En sus primeras versiones el juego contaba además con un sistema de microtransacciones en forma de lootboxes, que fue retirado por la polémica generada, ya que para avanzar a un ritmo decente en el acto 4 se planteaban como una opción bastante necesaria (y no precisamente barata).

¿Conquistar Mordor? ¿Por qué no?

El juego sigue las mecánicas de los archiconocidos Assassin’s Creed y Prince of Persia, con diversas zonas para explorar y escalar, aunque elimina el aspecto desafío al usar las habilidades de fantasma de Celebrimbor, que hará que podamos subir a cualquier edificio con una facilidad pasmosa y también eliminará el daño de caída. Asimismo, varias misiones tienen un cierto componente de sigilo pero éste suele ser opcional: no es raro que comencemos intentando asaltar un campamento de forma discreta y terminemos sembrando muerte y destrucción sin consecuencia alguna. Si no queda nadie vivo cuenta como que no te han detectado, supongo. En general, la IA de los enemigos es bastante limitada y no es complicado pasar muy cerca de ellos sin ser detectado, incluso estando dentro de su campo de visión. Hay que destacar que el escalado de dificultad es bastante irregular, con momentos en los que el juego resulta muy fácil y otros en los que es completamente imposible avanzar sin pasar anteriormente por una fase de leveleo consistente en matar o reclutar capitanes orcos. Todo ello termina haciéndose algo monótono por la poca variedad que hay en este tipo de misiones. En momentos puntuales tendremos que manejar una montura aérea, en la que los controles (al menos con mando) son nuestro principal enemigo sin lugar a dudas. Visualmente el juego es muy atractivo, con especial mención a la cadena de misiones del Balrog, y hay que reconocer que se han esforzado en dotar de personalidad a los orcos, tanto capitanes como secundarios. El combate es fluido y dinámico, y creo que puedo decir con todo ello que el apartado artístico es sin duda el punto fuerte de este juego

Las misiones y la trama en general tienen un desarrollo bastante caótico. A mitad del acto 2 del juego tengo que confesar que busqué una guía, ya que aparte de continuar con la conquista de las fortalezas no tenía otro objetivo principal que hacer y me extrañaba que mi único objetivo fuera ese. Pero no me equivocaba: en determinados puntos es imprescindible conquistar los bastiones, y que no te baste con la mayoría: debes dominar todos esos puntos estratégicos, torres de observación y demás. Todo ello emboscado por capitanes orcos que a veces son bastante insistentes y que, salvo que sean caudillos, no nos compensa eliminar, ya que serán sustituidos de inmediato por otros enemigos con características similares y cuya principal misión es estorbar a lo grande mientras vamos completando las diferentes zonas. Esto hace al juego algo monótono, ya que nos limitaremos a ir de un lado a otro, masacrar a los enemigos que nos encontremos, y conquistar la zona. La parte gruesa del juego se la lleva este segundo acto, puesto que el tercero es más bien breve, aunque hay un epílogo para desbloquear el llamado final verdadero, que pone el cierre definitivo a toda la historia. De todos modos, el final del tercer acto es bastante sólido, tanto que, si exceptuamos el viaje de Talion, ningún dato que nos aporta dicho final “verdadero” añade algo a la narración. El juego dura aproximadamente unas 40 horas, siempre y cuando no nos entretengamos demasiado con objetivos secundarios ni profundicemos en el sistema Némesis.

El Balrog mola. Da igual en qué momento lo pongas, mola igualmente

Como su propio nombre indica, La Tierra Media: Sombras de Guerra es un juego que está ambientado por completo en el universo creado por Tolkien, en concreto y cronológicamente entre los acontecimientos narrados en El Hobbit y El Señor de los Anillos. Todo esto hace que la historia esté limitada hasta cierto punto, ya que sabemos gran parte de las cosas que ocurrirán después. Además, este juego tiene un target muy claro, y son los jugadores que disfrutan con el universo y los personajes de la Tierra Media. Si fuese un juego transgresor en algún aspecto, con novedades gráficas, mecánicas o de cualquier otro tipo, podría buscar a otro público diferente, pero creo poder decir que no lo pretende en ningún momento. Es por eso que me parece particularmente terrible que Sombras de Guerra sea, para qué engañarnos, un juego que nos miente deliberadamente porque, a pesar de originarse a partir de la obra de J.R.R. Tolkien, toma un lore y decide ignorarlo, modificándolo a su gusto o conforme le conviene para narrar su propia historia. De la Tierra Media toma el nombre, las razas y algunos personajes, buscando obviamente atraer a dicho público, pero sin que luego se respete a éste ni lo más mínimo, aprovechando el tirón temático para vender más copias. Quizás esto es lo que más me disgusta de todo este juego: hay un mundo lo suficientemente abierto como para crear aventuras épicas sin tener que recurrir a personajes renombrados, y no porque no sepan hacerlo: la premisa inicial de Sombras de Mordor me parece bastante más atractiva. Como en las adaptaciones cinematográficas de los videojuegos, se queda en un quiero y no puedo, una sombra bastante descafeinada no por falta de medios, sino lo que es peor: por falta de ganas.

Reconozco que inicié mi partida de Sombras de Guerra con bastante entusiasmo porque, aunque ya sabía previamente que se tomaba ciertas licencias respecto al lore, la idea de un juego de sigilo-estrategia ambientado en la Tierra Media me resultaba muy atractiva. Sin embargo, tengo que confesar que lo he terminado a regañadientes, con una parte central del juego espantosamente monótona a base de repetir las mismas acciones una y otra vez: reclutar, infiltrar, conquistar. Todo ello aderezado con una trama bastante previsible y en la que las decisiones de los personajes chirrían por momentos. Sin duda alguna, este género de juegos tiene su fandom, que seguramente esté ansioso de secuelas, DLC y spin-offs, pero sinceramente, hubiese preferido invertir estas 37 horas que he jugado en releerme El Silmarillion.

He podido analizar este juego gracias a vuestro apoyo en Patreon.

 

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Alystrin
Alystrin @Alystrin

Un día me dieron un mando y así me ha ido

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