Compré este juego sin saber absolutamente nada de él. Ese día le pedí a mi padre que me llevase a la tienda de videojuegos porque estaba aburrida y quería ver si algo llamaba mi atención. Allí encontré a Ōkami, estaba en un rincón,  incluso tenía algo de polvo encima. Dos cosas llamaron mi atención. En primer lugar fue el título del juego y cómo parecía estar escrito a mano, como si alguien hubiese mojado un pincel en tinta y hubiese escrito sobre la carátula, y luego, por supuesto, la loba que aparece en ella.

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