Desde hace ya algún tiempo las novelas pulp han pasado a un segundo plano, creyéndose incluso desaparecidas en la actualidad. Sin embargo, esto no es del todo cierto, y es que su esencia ha sido transformada en diferentes medios, manteniendo esos detalles tan característicos de esa literatura “chatarra” que tanto gustaron desde sus inicios. Uno de esos medios, precisamente por el que estamos aquí, es el de los videojuegos, que con su libertad a la hora de seleccionar mecánicas puede darle una vuelta de tuerca al género para mantenerlo lo más fiel posible aun habiéndose alejado tanto del inicio. Esto es, precisamente, lo que hicieron con Bahnsen Knights en LCB Game Studio, un pequeño estudio argentino que con sus “Pixel Pulps” se va abriendo hueco en la industria. Y, creedme, deberíais vigilarlo de cerca.
La trama de Bahnsen Knights nos sitúa en los EEUU de 1986, y comienza presentándonos a Boulder, un agente infiltrado en la secta que da título al juego. Aunque, en este caso, no nos topamos con una secta normal, sino una formada por un grupo de personas que conducen única y exclusivamente Ford Sierra y se dedican a perseguir y exorcizar tornados. Y es que, como siempre suele suceder en las sectas, ésta también tiene un fuerte componente religioso, y su líder, Toni, utiliza diversos puntos del cristianismo para manipular a su antojo al grupo y salirse con la suya en todos sus turbios negocios. Por supuesto, nuestro papel como Boulder es tratar de desvelar los misterios que rodean tanto a los Bahnsen Knights como a Toni, y sobre todo qué es lo que le sucedió a nuestro mejor amigo cuando trató de infiltrarse primero.
Quizá lo que más me gusta de este título es la combinación de mecánicas que ofrece, recordando en algunas ocasiones (y salvando las distancias) lo que nos podemos encontrar en The Silver Case. Principalmente nos topamos ante una novela visual en la que lo más importante es leer y atender a la trama, mezclándose con situaciones en las que tendremos que recoger objetos o resolver pistas a base de selectores de texto, todo muy común con el género. Pero lo que hace todo más dinámico es lo mucho que te obliga a atender a la pantalla, y de eso te das cuenta en el momento en el que tienes que frenar el coche sin apartarte de las mecánicas de la novela visual. Además, también nos encontraremos con situaciones en las que tendremos que controlar el coche en la carretera, pelear contra gente o investigar una habitación a contrarreloj, aparte de tener acceso a algún que otro minijuego, como unos dardos mucho más complicados de lo que parecen. Incluso nos encontraremos con alguna que otra situación bastante cómica, como el uso de las estampitas de santos para ciertos momentos. Y es que, a pesar de seguir una historia relativamente lineal (dentro de lo que las elecciones nos permiten), tendremos múltiples oportunidades de perder el tiempo entreteniéndonos con asuntos diversos, aunque a veces ello conlleve una muerte inevitable. Y, creedme, vais a morir muchísimo.
La estética de Bahnsen Knights, sin tener que ver con la época en la que se publicaban, tiene algo que nos empuja a pensar en todo lo relacionado con el pulp. Quizá sean los colores que recuerdan a los juegos de la Spectrum y nos llevan a una época anterior, o el dibujo sucio y pixelado de una belleza extraña que nos cautiva y nos obliga a pulsar del botón de captura de pantalla una y otra vez. Sea lo que sea, consigue ir acorde a la trama, y lo remata con una música y efectos de sonido que hacen que el título sea completamente redondo y encaje sus piezas de forma perfecta. Además, cuenta con la ventaja de que, viniendo de Argentina, nuestro idioma está asegurado (cosa que no siempre conseguimos en las visual novels), y es probablemente el juego más argentino que habréis jugado nunca.
Bahnsen Knights es un título corto que podréis jugar en una tarde, y sin duda merece la pena hacerlo. Con una trama simple pero que engancha en todo momento, es un juego que busca mantener tus ojos fijos en la pantalla, utilizando los cambios de mecánicas para llamar tu atención cuando menos te lo esperas. Y es que, tal y como sucede con las novelas pulp, no por contar una historia repleta de clichés vamos a recibir una menor calidad (a pesar de lo que digan las malas lenguas) porque, en el fondo, lo único que queremos es pasar un buen rato sin preocupaciones. Y, si es posible, echarnos a la carretera. Preferiblemente sin tornados ni cruces.
