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Análisis de Tekken 8

Desde hace ya algún tiempo tengo la sensación de que, en general, el público de los videojuegos trata de exigir que todos los triple A tengan una trama seria, o sesuda, o extremadamente emocional, o todas a la vez. Esperan que todas estas superproducciones que tardan años en hacerse y cuestan miles de euros sean esa obra magna que poder enseñar a la gente a la que no les gustan los videojuegos al grito de “Mirad, esto es arte de verdad”. Buscan un equivalente a El Señor de los Anillos, Los siete samuráis o La lista de Schindler, manteniendo unas expectativas tan altas que no solo lleva a la persona que está tras los mandos a frustrarse si no encuentra esa excelencia que se había imaginado, sino que obliga a la gente que los desarrolla a forzar todavía más la maquinaria, descartando quizás algunos juegos más sencillos que podrían ser auténticas maravillas, obligándose a tocar todos los temas serios posibles de forma directa o indirecta, pero dejando constancia de ello para que puedan darle su validez como juego importante. Y luego está Tekken 8. No me entendáis mal, con esto no quiero decir que Tekken 8 sea un mal juego, pero sí que es el equivalente a pausar una de las películas que mencioné antes para poner el capítulo de Dragon Ball Z en el que Goku se saca el carnet de conducir. Y eso es, precisamente, lo que lo convierte en un juego excelente, dándole un puñetazo a esas nuevas normas no escritas y cogiendo su guión para hacer lo que le da la gana, como lleva haciendo ya tantos años. 

En esta ocasión nos podemos encontrar con diferentes secciones de lo que podríamos considerar el modo historia. La parte que, probablemente, deberíais probar nada más abrir el juego es el modo arcade, que en esta ocasión sirve como tutorial, de una forma en la que se toma todo el tiempo del mundo para que puedas aprender a controlar al personaje que elijas. O, al menos, más que a limitarte a aporrear botones sin ton ni son (cosa que también es perfectamente válida). En este modo nos ponen en la piel de un muñeco que, personalmente, me recuerda a un Mii mucho más elaborado, y nos presentan una historia en la que conocemos a gente en un arcade que se presta a enseñarnos a jugar para luego pasar a competiciones y torneos, mezclando un poco las situaciones de rivalidad que podíamos encontrar en los arcades y las que existen ahora en el online.

Una vez que nuestras habilidades en la lucha estén a punto, nos llega la hora de sumergirnos, una vez más, en los dramas de la familia Mishima. En esta ocasión, y con la ausencia de Heihachi, Jin y Kazuya se enfrentan cara a cara, con el primero buscando redimirse y el segundo queriendo dominar el mundo, utilizando para ello el gen diabólico. Por supuesto, la trama cuenta con ese punto de locura de la mano de los escenarios imposibles, los combates entre personajes con diseños extremos y las escenas de película de acción que no tendrían nada que envidiar a la saga de A Todo Gas. La mezcla de situaciones en las que trata de ser serio mientras mantiene su comicidad hace que, lejos de ser recriminable, sea el motivo por el que cualquier fan de la saga vaya corriendo a conocer cómo continúa la historia. Y, por supuesto, qué sorpresa nos dejará guardada para esperar con ganas la próxima entrega. Sin embargo, si todavía nos queda el gusanillo de saber alguna cosa más, tenemos de nuevo un modo con los episodios de los personajes, donde podremos seleccionar uno y, entre combate y combate, descubriremos detalles sobre su vida y el camino que siguieron para llegar a su aparición en Tekken 8

Estos no son los únicos modos que nos encontraremos, ya que hay tanta cantidad que todo el mundo tendrá su preferido. Podremos volver a jugar al Tekken Ball, esa especie de volleyball de lucha que tanta gracia nos hace siempre, o ir a diferentes tipos de prácticas tanto con la CPU como contra otra persona que esté en la misma habitación, pero la que quizá me gusta más para entrenar nuestras habilidades es el Supercombate fantasmal, que no solo nos permite jugar contra IA entrenada por otros jugadores reales, sino que podemos luchar contra la nuestra propia. Y, creedme, es muy difícil tener que engañarte para poder ganar. Cómo no, también tendremos los diferentes modos online, donde acaba todo el mundo una vez que siente que de verdad puede enfrentarse a otras personas y divertirse al saber que no hay una paliza garantizada. No por nada es lo que mantendrá al juego vivo durante la larguísima espera hasta Tekken 9.

Como en cada entrega, y ya desde sus inicios, Tekken 8 utiliza unos controles para el combate que son muy fáciles de usar, pero muy difíciles de dominar por completo, sobre todo si no queremos limitarnos a utilizar un solo personaje. Esto consigue que se favorezca la entrada a las nuevas personas que quieran jugar, y que les pique el gusanillo para intentar ir mejorando poco a poco. Porque aunque las partidas online puedan ser complicadas, todos los modos offline que nos encontramos nos ofrecen las suficientes horas de lo que podríamos considerar como un entrenamiento. Y es que, aunque son muchísimas combinaciones de botones las que están disponibles por cada personaje, lo cierto es que los controles son tan precisos que facilitan un poco las cosas, y podemos llegar a memorizar fácilmente unos cuantos para mantener cierto nivel de combate. Y el resto de la lista, que no os engañen, nadie la recuerda al completo. 

Tampoco puede faltar lo mucho que destaca su apartado visual, y es algo que personalmente siempre me llama la atención. En un juego en el que necesitas entender perfectamente el combate en todo momento, a pesar de los movimientos frenéticos de los personajes; conseguir que el propio escenario sea visualmente tan elaborado y cuidado al detalle es algo casi imposible. Y, sin embargo, lo hace con una aparente facilidad que sorprende muchísimo. Además, sigue manteniendo también su calidad sonora tanto con los sonidos de los ataques, como con la música de fondo que será de bastante ayuda a la hora de concentrarnos, y con el doblaje de cada uno de los personajes, que hablará cada uno en su propio idioma haciendo un remix que no te encuentras ni en las Naciones Unidas. Por ello, en este juego más que en ninguno, se agradece enormemente la traducción y subtitulación (y su acreditación, de paso), porque si no os aseguro que nos perderíamos la mitad de lo que sucede.

Tekken 8 es exactamente ese juego que nos enamoró hace ya muchos años, manteniendo su esencia mientras evoluciona con los tiempos y mejorando aún más (si es que se podía) esa fórmula que ya funcionaba. Combates frenéticos, aporreando los botones cuando no sabemos jugar con algún personaje o cuando estamos intentando aprender a hacerlo por el simple hecho de que queremos ver sus historias personales, o porque queremos probar a alguien nuevo para poder lucirnos en algún momento. Porque Tekken 8 es, ante todo, esa unión de mamarracheo, seriedad y risas de pasar una tarde jugando con colegas. Y es que, a veces, un videojuego no necesita nada más que eso para hacernos felices. 

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