Icono del sitio Todas Gamers

Análisis de RoadCraft

De vez en cuando viene a mi mente esa frase tan repetida, sobre todo en las redes sociales, que denomina principalmente a los simuladores como “los juegos de trabajar”. Por norma general esa denominación se utiliza de forma despectiva, porque a quién le iba a gustar trabajar, y si bien respeto esto último, esa actitud peyorativa me parece una forma muy simplista de reducir un género entero de videojuegos que trata de mantenerse en la forma lúdica más básica que conocemos desde nuestra infancia. Dejando de lado la parte psicológica que nos puede explicar con pelos y señales el por qué el ser humano hace cosas incluso cuando no tiene obligación de hacerlas, los simuladores nos ayudan a trasladarnos a los juegos de nuestra infancia, en los que por imitación o, simplemente, por interés, se repetían patrones adultos con el único fin de divertirnos. Y esta es la sensación que venía a mi cabeza cuando estaba jugando a RoadCraft, porque sé que desde fuera podría entenderse como un juego de trabajar, porque técnicamente es lo que haces, pero mi percepción como jugadora es la de encontrarme con cinco años en una caja de arena moviendo mi excavadora para hacer una montañita de arena con una carretera que la rodea. 

Tengo la costumbre de empezar a hablar de un videojuego dando un pequeño resumen de la trama, y sin embargo en esta ocasión tengo que limitarlo mucho más, porque en RoadCraft la historia es principalmente una excusa para darnos cada una de las misiones. Sí, lo sé, en todos los videojuegos es así, pero aquí lo único que tendremos que tener en cuenta es que dirigimos una empresa de reconstrucción. Eso sí, no nos dedicaremos a asfaltar un pequeño bache en la carretera, sino que nos encargaremos de zonas prácticamente destruidas en las que las catástrofes naturales están a la orden del día. Para ello, nos moveremos a través de 7 mapas diferentes, con unas dimensiones de 4 km² y cada uno con sus propias características, climas y dificultades. Sin embargo, contamos con la ventaja de disponer del tiempo que necesitemos, lo que nos permitirá una mayor libertad a la hora de ir recorriendo cada zona y escogiendo nuestros propios itinerarios para cada misión, por lo que las similitudes con aquella caja de arena se acaban acentuando. Lo único que importa eres tú, tu máquina y esa pequeña montañita que recorrer.

Como os podéis imaginar, un título que viene de los desarrolladores de MudRunner y SnowRunner destaca, ante todo, por el realismo de sus físicas y vehículos. Como ya pudimos ver en estos últimos, cada uno de los vehículos cuenta con su propia forma de moverse, de conducirlo, y su comportamiento en cada tipo de terreno. Por ello, lo que podremos superar con un explorador (con o sin cabrestante, que seguimos queriéndolo más que a nada) nos acabará atascando la grúa. Aunque os parezca que no, esto es bueno, porque nos dedicaremos a ir intercambiando los vehículos para poder encargarnos de cada trabajo, incluyendo además maquinaria específica de ciertos mapas, como grúas torre o puente. Y si bien es cierto que en otros títulos se suele hacer pesado el cambio de vehículo, porque buscamos una cierta estabilidad y pronto escogemos un favorito, este nos empuja tanto a querer probar que nos daremos cuenta de que estaremos celebrando cada uno de los cambios simplemente por saber qué hace esa cosa nueva que nos han dado. Además, volviendo a la comparativa con los títulos anteriores, en ocasiones se siente un poco más de flexibilidad en el realismo, sin llegar a sacarnos de la experiencia, donde nos daremos cuenta de que el juego nos ha ayudado un poquito a sacar ese coche del río o esas ruedas del barro.  

Por otro lado, también nos encontraremos con ciertas gestiones extra, como la planificación de rutas de transporte entre diferentes puntos del mapa que ya hayamos descubierto (o tengamos que ir a descubrir antes de realizarlas). Aquí es donde quizá el juego cojee un poquito, porque si bien las rutas son fáciles de realizar en cuanto ya tenemos el terreno listo, siempre habrá algún camión conducido por la IA más idiota que hayamos podido encontrar, y se atascará en los sitios más absurdos, lo que nos obligará a recalcular un poquito la ruta y rezar por que en esa ocasión les parezca bien a todos. Aunque, para compensar, podremos acabar automatizando ciertas cosas muy útiles para nuestra campaña. Y, por supuesto, podremos comprar vehículos nuevos, pintarlos con los colores de nuestra empresa y crear nuestra propia flota (y por supuesto que la nuestra es insolente color rosita).

Otra de las cosas que destacan en RoadCraft es lo divertido que puede llegar a ser el multijugador. Sí, en solitario nos permite relajarnos y perdernos por los caminos sin pensar en nada, pero en cuanto se une más gente nos montaremos nuestro propio equipo de reconstrucción, y esta vez de verdad. Evidentemente, no todo el mundo hará lo mismo, cada persona se hará cargo de un vehículo diferente, y mientras alguien echa arena en el suelo, otro alguien puede dedicarse a esparcirla para alisar el terreno. O hay que sincronizarse para colocar materiales en un camión utilizando una grúa, con sus típicas explicaciones ya conocidas en la vida real de “dale para atrás, no, no tanto, gíralo, pero para ese lado no, para el otro, atrás, ahora”. Y si vuestra amistad sobrevive a este tipo de experiencias, ya tendréis el entrenamiento para la futura época de ir a ver obras. 

Una vez más, tenemos que reconocer que su apartado audiovisual hace que nos queramos quedar a vivir dentro del juego, a pesar de las ruinas que nos rodean. Y es que todo es tan bonito y se ve tan bien que nos sumerge en cada zona, ayudándonos a poder conocer cada esquina como la palma de nuestra mano, porque pasaremos una y otra vez por esa carretera que tiene esa roca con una forma curiosa, o por ese pequeño riachuelo que nos permite cruzarlo si hacemos un giro en el momento exacto, o por esa zona en la que volcamos nuestra apisonadora por confiar demasiado en nuestras habilidades. Todo es reconocible porque lo interpretamos como un mapa real. Por supuesto, a esto también ayuda el sonido, porque cada uno de los vehículos dejará su marca en nuestra memoria sin que nos demos cuenta. Ya sabéis, un brum no es lo mismo que un vroom.

RoadCraft es, como ya habían sido los anteriores títulos de Saber Interactive, el mejor juego para relajarnos que nos vamos a encontrar en este año. Y es que nos da la tranquilidad de pasarnos unas horas aplanando un camino, recorriendo un terreno para descubrir nuevas zonas o simplemente manejando una grúa en el puerto sin preocuparnos de nada más, escuchando los sonidos de la máquina que tenemos entre manos o el podcast que hayamos decidido poner mientras terminamos nuestras tareas de reconstrucción. Porque, en el fondo, ni todo el trabajo es realmente trabajo, ni todos los videojuegos necesitan tener una base crítica para triunfar, solo tienen que limitarse a que queramos jugar por el simple hecho de jugar. Aunque sea desde nuestra caja de arena digital. 

Salir de la versión móvil