A veces hay juegos que no necesitan mucho para convencerte de que los juegues. Sin tráilers espectaculares, sin campañas de marketing que te vigilan incluso desde la marquesina del bus, sin nada. Llegan en silencio y ponen su taza de café encima de la mesa sin preguntar si la queremos, porque saben que la necesitamos y no la vamos a rechazar. Esto es lo que siempre ha hecho Coffee Talk, un poco siguiendo la propia línea de las cafeterías que llevamos en el juego, por lo que, a pesar de haber dejado atrás las lluviosas calles de Seattle, la nueva entrega mantiene su esencia. Porque su magia no depende del escenario, sino del tipo de soledad que sienten las personas que pasan por nuestra pantalla. Y, en cierta forma, Tokio es el lugar más solitario del mundo. Una ciudad en la que conviven millones de personas y en la que desaparecer es lo más sencillo que existe, donde lo antiguo y lo moderno convive de una forma extraña y donde todo está repleto de carteles de neón y pantallas que cambian cada tres segundos. Y allí, en medio de la vorágine, un café de medianoche con música tranquila y una barra donde nadie te juzga acaba llenando un hueco muy específico. Coffee Talk Tokyo no es un lugar de paso, es un refugio.
Si habéis jugado a los títulos anteriores, sabréis cómo funciona la cafetería que llevamos. Los clientes entran, nos cuentan sus historias y nos piden bebidas. Lo que cambia aquí es quién se sienta al otro lado de la barra. En este caso, además, han tomado la decisión de ambientar el juego en verano, de una forma bastante inteligente porque el calor de Tokio es de los que te aplanan, húmedo, constante e imposible de ignorar. Del que te agobia en cuanto dejas el aire acondicionado a un lado y pones un pie en el exterior. Esto es, precisamente, lo que hace que el interior de nuestro café funcione como un paréntesis, un momento para respirar, el único sitio en el que el agobio se puede dejar encima de la barra durante un rato. Y eso es lo que hacen las personas de Tokio. Bueno, y lo que no son personas, porque en esta franquicia siempre han mezclado humanos con criaturas fantásticas y aquí nos encontraremos con los yōkai, seres sobrenaturales del folclore japonés, quienes tienden a existir en los márgenes de lo cotidiano, por lo que en este caso la cultura japonesa encaja más que nunca en la saga. Porque no son monstruos, simplemente son vecinos raros con problemas bastante humanos.
En Coffee Talk Tokyo nos encontraremos a personajes como Kenji, un kappa que trabajó toda su vida en una oficina y acaba de jubilarse, por lo que está un tanto perdido con esa libertad después de haber pasado 45 años de su vida con la misma rutina. También nos encontraremos a Ayame, una fantasma que no todo el mundo puede ver y que tiene que tratar de recordar quién es y qué tiene pendiente para poder irse al otro lado. O conoceremos a Jun, un cantante que cree que su carrera está acabada porque no es capaz de mantener el nivel de su música. O lo que es probablemente mi grupo de personajes favorito, una familia formada por Ash, un inglés viviendo en Tokio con su mujer Emi y su hija Erika, quienes le dan la vuelta al cliché tradicional mostrando a Ash como amo de casa, Emi como una adicta al trabajo que apenas tiene tiempo para su familia y la pequeña Erika, con sus problemas en el cole y su fascinación por la ciencia, desfogándose también en el café de una forma cuquísima mientras toma leche con lichi y helado. Y por último tenemos a Vin, la persona que vive encima del café y nos ayuda detrás de la barra, que hace un poco de hilo conductor entre varios de los personajes porque, al fin y al cabo, le conocen tanto como a nuestro personaje. Además, en su propia trama nos entrelazarán sus problemas médicos y un pasado fracturado que el juego va plasmando poco a poco. Sea para quien sea, nuestra atención estará siempre dirigida hacia la persona que llegue y nos pida una bebida.
Una de las mayores novedades del juego es que, en esta ocasión, nos dan la oportunidad de preparar bebidas frías. En el primer título de la saga teníamos un número limitado de bebidas, en el segundo añadieron unas cuantas más gracias al hibisco y al anchán, siempre calientes, y ahora el catálogo se amplía muchísimo al añadir las bebidas frías. Esto no significa que le vayamos a tirar unos hielos y que se apañen (aunque alguna vez sea así), sino que nos tocará atender bien a las peticiones para darnos cuenta de qué temperatura es la que quieren, porque no siempre nos lo dejarán del todo claro, y a veces una receta puede ser completamente diferente con solo cambiar entre caliente o fría. Además, también contaremos con nuevos ingredientes como el lichi o el mango, que funcionan especialmente bien en las recetas frías, y podremos finalizar esas bebidas con nata montada o helado, lo que añade otra variable más a la hora de descifrar qué quiere exactamente cada cliente. Y si recordáis algunos de los pedidos de los títulos anteriores, sabréis que esa panda de desgraciados siempre se queja de todo porque no saben decir claramente qué quieren de nosotras.
Lo que no varía en Coffee Talk Tokyo es el sistema de preparación de las bebidas. Tendremos que elegir tres ingredientes en el orden correcto y el resultado, si es adecuado, se registrará en nuestra aplicación de recetas para poder buscarla cuando tengamos que recrearla. Como consejo personal, os recomendaría pasaros pronto por el modo de preparación infinito para poder hacer todas las pruebas que queráis y desbloquear el mayor número de recetas posible (y, de paso, echadle un vistazo a la guía, que como es habitual se repiten bastantes). Pero si no se os ocurren recetas diferentes, os irán mostrando algunas en las pantallas que aparecen entre los diferentes días de juego, o se podrán encontrar en Tomodachill en forma de post, así que revisad vuestras redes. Eso sí, no creáis que todo se queda en las recetas, porque también tenemos novedades en la decoración con el sistema de latte art, y ya os digo que en alguna ocasión va a tener más relevancia de la que os creéis. Ahora no solo podremos intentar hacer dibujos con la espuma (que sigo sin conseguir hacer algo decente), sino que tendremos plantillas con diferentes dibujos para decorar con cacao en polvo, para que nos sintamos mejor si lo único que conseguimos dibujar es un churro dando volteretas.
Como en la vida real, en esta ocasión nos encontraremos con que Tomodachill está mucho más activa que nunca. Como os comentaba, podremos descubrir recetas que vaya posteando la gente o ver los perfiles de cada uno de los personajes que vayamos conociendo, pero ahora encontraremos mucho más dinamismo, en un aspecto más Twitter que nunca. Veremos gente interactuando, utilizando hashtags que podremos revisar y, si nos fijamos bien, nos encontraremos con caras conocidas de las entregas anteriores. Y no puedo negar que estar revisando la timeline y encontrarme un post de Silver me hizo la misma ilusión que reencontrarme con un viejo amigo. Esta vez han conseguido simular muy bien lo que son las redes sociales, y esos detallitos hacen que queramos revisarlo cada vez que empieza un nuevo día, porque ¿y si nos perdemos algo importante?
En cuanto al apartado audiovisual de Coffee Talk Tokyo, tengo que decir que es imposible dar una sola queja, porque es exactamente lo que era, pero perfectamente adaptado al ambiente de oasis en Tokio que quieren transmitirnos. Tanto los diseños de los personajes como el escenario y la música encajan entre sí de una forma coherente y cálida, en la que todo está en su sitio pero no pelea por el protagonismo. Y en cuanto a la traducción al español, tengo que decir que se agradece el poder jugarlo en nuestro idioma, porque al fin y al cabo así puede llegar a más gente, pero no puedo negar que me he encontrado bastantes erratas, frases sin traducir y, sobre todo, muchísimos calcos del inglés que empeoran la calidad de la traducción. Eso sí, tengo que decir que he jugado antes del lanzamiento y con un poco de suerte esto solo sucede porque no era la versión revisada de la traducción. O, al menos, es lo que espero que haya sucedido.
Coffee Talk Tokyo es una perfecta continuación de la saga que nos da más de lo mismo con algunos añadidos extra, pero de una forma que hace que queramos refugiarnos una vez más tras la barra de ese café. Todo es tranquilo, la gente nos habla porque confía en nuestras habilidades tanto con el café como con los problemas, y su compañía nos hace sentirnos más queridas. Y es que Tokio es una ciudad que recibe a cualquiera, por lo que dejad ese calor insoportable fuera y entrad aquí, que os preparo un café bien frío. Con un chorrito de nata, por supuesto.
