Hace ya tiempo que mis dispositivos dejaron de ser meros cacharritos que cumplen su función, lo que provoca que incluso viaje con equipaje extra por capricho. Al menos si voy a estar fuera de casa muchos días. Y es que si tengo, por ejemplo, unos auriculares favoritos, me cuesta un poquito desacostumbrarme a la ausencia de aquello que los hace tan especiales. De hecho, cuando la diadema de mis maravillosos Kanji sufrió con la última mudanza, seguí usándolos a pesar de la incomodidad. Y no fue hasta que la molestia era insalvable que no decidí apartarlos. Por suerte, mi cabeza vuelve a estar completa —pido perdón por la referencia pillada con pinzas— gracias a los Phase de KROM. Y es que si hay algo mejor que unos auriculares de diadema inalámbricos y ligeros, es que podamos extraer su micrófono. ¿Nuevos favoritos? Yo digo sí.
Pertenezco a ese porcentaje de población torpe y despistado que se ha llevado más de un tirón por no tener en cuenta el cable. Ya no su longitud sino su mera existencia. Además, me da mucha rabia estar pausando lo que estoy viendo o escuchando para atender cosas momentáneas. Sea revisar que todo va bien mientras cocino, estirar las piernas o hidratarme durante una jornada larga de ordenador. Por no hablar de esas cosas que no se pueden parar y te pillan en un momento de lo más interesante. Ni los repartos de paquetería ni la comida entienden de pausas, las cosas como son. Es por esto que la condición de inalámbrico es insalvable en mis auriculares. Tengo opciones con cable, por supuesto, pero son más bien esas a las que recurro mientras las otras se cargan. Las cosas como son.
Algo parecido ocurre con el micrófono. Estoy harta de pelearme con micrófonos, rígidos o flexibles, que no se retiran o que, si lo hacen, siguen siendo una molestia. Hace tiempo que no utilizo un micrófono integrado en los auriculares cuando estoy en el ordenador. Y si bien entiendo su inclusión, valoro por encima de todo que sea extraíble. Independientemente de lo bien que funcione, ya que, por ejemplo, el de los Phase de KROM cumple a la perfección con su labor. Este micrófono no solo incluye un filtro antipop y un bracito flexible, también ofrece una sensibilidad de -42dB ± 3dB. Más que suficiente para llamadas y mensajería de voz, así como para que se nos escuche alto y claro hasta en los juegos más frenéticos. Además, podremos silenciarnos directamente desde el auricular izquierdo, con un botón que no tardaremos en identificar al tacto por su forma diferenciadora.
Por su parte, los auriculares de 40mm de diámetro recogen cómodamente y sin presión nuestras orejas, incluso aunque las tengamos perforadas. Y la anchura de la espuma será más que suficiente para aislarnos del exterior sin llegar a cancelar el ruido por completo. De eso ya se hará cargo lo que estemos escuchando, incluso en los volúmenes más sanos auditivamente hablando. De hecho, apenas he mantenido el nivel de sonido al 100%, ya que con un 25-50% era más que suficiente según lo que estuviera escuchando. Algo que, por supuesto, ha influido en la duración de la batería, donde KROM promete unas 40 horas que se cumplen sin mayor problema. Así como la hora y media, aproximadamente, de carga.
Y así como las almohadillas auriculares resultan cómodas durante horas, también lo hace la protección superior de la diadema. Algo de lo que muchas veces se olvidan los fabricantes, y es que, para sesiones largas con auriculares de este tipo, no solo hay que tener en cuenta la comodidad de nuestras orejas. Y no todo se reduce al ajuste al tamaño de nuestra cabeza. Los Phase de KROM cumplen en todas las esferas, se ajustan a diferentes alturas, y se mantienen en el sitio sin bailoteos tan incómodos como innecesarios. Las orejas quedan, como he comentado, recogidas en el interior de las almohadillas, y se mantendrán en el sitio por mucho que nos movamos. Con contención, claro está, nada de headbanging al ritmo de música metalera ni utilizarlos para hacer cardio con saltos o movimientos bruscos.
Y hablando de buena música, si bien no se trata de auriculares profesionales, nos permitirán disfrutar de nuestros temas y grupos favoritos con una calidad magnífica. Ofrecen una frecuencia de respuesta de 20Hz – 20.000Hz, con una sensibilidad de 110 +/- 3dB. Y, sinceramente, no sé mucho de estas cosas, pero como usuaria de música de todo tipo os puedo asegurar que es más que suficiente para disfrutar de los diferentes matices de nuestras listas de reproducción. Así como sumergirnos en aquellas obras audiovisuales que ponen el foco en lo auditivo, sobre todo en lo que a videojuegos se refiere. Y es que me habéis leído un centenar de veces (y más) hacer referencia a la inmersión a través de los auriculares. Y sobra decir que los Phase de KROM son perfectos para ello.
Por su parte, disponemos de tres formas de conectar nuestros auriculares. Los Phase de KROM se apartan ligeramente del enlace jack-jack y, en cambio, disponen de una entrada USB-C tanto para cargarlos como para utilizarlos, aunque preferiblemente no a la vez. La caja incluye un cable trenzado USB-C a jack 3.5mm de 1 metro aproximadamente, por si queremos o debemos utilizarlos de forma alámbrica. Por ejemplo, con los mandos de Xbox o PlayStation. Aunque si queremos disfrutar de 10 metros de libertad, tendremos que conectarlos vía Bluetooth 5.3 o a través del receptor USB/USB-C de 2.4GHz. Un receptor de doble conexión ya que cuenta con una pieza extraíble, que parece una antena, para conexiones USB-C. En cualquiera de los casos, la conexión es sencilla, rápida y estable.
Los Phase de KROM están disponibles en blanco y en negro, sin luces RGB u otras fantasías que suelen acompañar la etiqueta gaming. Por tanto, ofrecen un aspecto compatible con su uso en entornos laborales o educativos donde no queramos llamar demasiado la atención. Además, se ha optado por un diseño redondeado y suave, con un acabado sencillo en el que solo destaca el patrón de panal de abeja de las zonas de tela. Y el contraste de la tela gris y el plástico en la opción blanca de los auriculares. La única luz que encontraremos será el indicador situado junto al botón M, y la única decoración será el nombre de la marca en gris.
Si bien es cierto que echo de menos un toque de color en un accesorio gaming, debo admitir que se han convertido en mis nuevos auriculares favoritos. Sus 40 horas de autonomía y sus 10 metros de libertad hacen que recupere lo que más echaba de menos de los Kanji. Y la comodidad de su diadema y el micrófono extraíble facilitan que dé por terminado mi luto por ellos. Además, los Phase de KROM cuestan 39’90€, un precio que se ajusta estupendamente a lo que ofrece el producto. Y es que a veces no se trata de lo que aspiramos a tener, sino de lo que nuestro bolsillo puede permitirse, por lo que estos auriculares inalámbricos se sitúan en ese punto calidad-precio que resulta más accesible.
Y si algo os puedo asegurar, como persona que pasa fácilmente 16 horas al día con auriculares, es que se amortizan en menos de una semana. Sea para reuniones de todo tipo, consiguiendo un sonido claro y sin interferencias. U obviando el micrófono y utilizándolos como dispositivo de escucha para podcast, música, series, películas, streamings o videojuegos. Y es que, así como su ligereza hace que no los notemos, la forma en que insonoriza y aisla el ruido hará que parezca que no hay nada más alrededor. Aunque eso pueda ocasionar algún que otro susto… o darle la razón a la empresa de mensajería que dice que no estábamos en casa.
