Hace ya un par de meses os traje a la web un pequeño avance de lo que había podido probar en Voltaire: The Vegan Vampire. En su momento me pareció un título que tenía buena pinta, estaba hecho con cariño y juntaba conceptos de forma bastante original. En estos días ha salido a la venta en su versión de acceso anticipado, y he podido volver a pasearme por la granjita del niño vampiro, buscando tanto las diferencias entre lo que ya había jugado, como las novedades a las que por fin podía acceder. Y, siendo sincera, la verdad es que me ha dejado un regustillo un poco agridulce.
La trama sobre la que gira Voltaire: The Vegan Vampire no ha variado. Voltaire es un vampiro que se niega a continuar con las tradiciones de los chupasangres y que prefiere comer cualquier tipo de verdurita que se le ponga por delante. Esto sienta mal a su padre y, como a ver quién es el valiente que le planta cara al mismísimo Drácula, Voltaire sale huyendo hasta acabar en la casita deshabitada de sus tíos Frank y Stein. Una vez allí, y con la ayuda de las misiones que nos enviarán los mismos, comenzará a cultivar su propia comida, utilizando diferentes tipos de semillas que le darán variedad a su dieta. Que una cosa es ser vampiro y otra acabar con anemia.
La combinación y, al mismo tiempo, la separación de los elementos que destacan en el ciclo nocturno y diurno es lo que quizá le dé más atractivo al juego. Las mecánicas de granja (sin aprovecharse de ninguna forma de los animales, como buen vegano) que nos encontramos durante el día combinan muy bien con la exploración de las diferentes zonas, pudiendo escudriñar cada esquina en busca de materiales como piedra o madera, los distintos tipos de semillas disponibles o incluso la comida del Cthulhu. Por otro lado, las mecánicas nocturnas están más limitadas, son rápidas y concisas, los enemigos van a por Voltaire por la noche y no queda más remedio que defenderse de ellos. O, más bien, defender nuestros cultivos y, lo más importante, nuestra casa, que como la destruyan nos tocará reiniciar el día completo. Nada más, y nada menos.
El mayor problema que tiene este juego es, precisamente, lo repetitivo que puede llegar a volverse. Esto quizá suene un poco raro cuando hablamos de un roguelite, teniendo en cuenta que el estilo de juego se basa en repetir, repetir y repetir, pero os aseguro que tiene sentido. Por norma general cuando jugamos un roguelite nos encontramos retos que nos ofrecen la sensación de ir avanzando, mejorando y consiguiendo llegar un poquito más lejos cada vez. Lo que nos ofrece Voltaire: The Vegan Vampire es la sensación de entrar en un bucle muy sencillo en el que peleas, plantas, peleas, plantas, y así hasta el infinito. Si nos fijamos un poco en lo que nos rodea, nos damos cuenta de que podemos romper el juego consiguiendo de forma muy fácil un montón de recursos, que no necesitamos visitar todas las zonas para conseguir los diferentes tipos de semillas, y que podemos hacer que nuestras plantas prácticamente se defiendan solas. Todo porque el juego está planteado de una forma en la que parece que todavía le falta contenido (cosa que, siendo un acceso anticipado, tampoco descarto). Y, para rematar con las repeticiones, las misiones de Frank y Stein se duplican tanto que en el mismo día han llegado a hacerme dos veces el mismo encargo de abrir tres cofres. Al menos pude cumplir las dos peticiones a tiempo, puntos de experiencia gratis.
Otro de sus problemas es el equilibrio de la dificultad, e incluso el bloqueo que podemos llegar a encontrar durante los primeros días in-game. La primera semana de Voltaire en su huerto, si nos limitamos a las peticiones de sus tíos y a querer que llegue la noche para pelear, es bastante probable que apenas subamos niveles. Siendo el tutorial, mucha gente se lo puede tomar con prisa pensando que no va a importar, aunque los primeros enemigos pueden volverse un poco cuesta arriba, sobre todo en cuando llegamos a la séptima noche y nos encontramos a nuestro primer boss. Llegar ahí a nivel 2 es prácticamente un suicidio, pero puede ocurrir y, aunque es posible rectificarlo, se puede volver un poco complicado. Sin embargo, en la misma semana puede suceder lo opuesto. Si, por simple exploración y experimentación, subimos cinco niveles, podemos darle la vuelta a la tortilla y que todo sea fácil en exceso. Sin farmeo, sin tratar de romper el juego, simplemente habiendo aprovechado más el horario diurno. Y lo peor es que a partir de ese primer boss nos vamos a encontrar siempre con lo mismo. La dificultad de los enemigos diarios es casi nula, y lo único que nos pondrá a prueba a veces serán los diferentes bosses, y muchas veces ni siquiera ellos (salvo el último, que ese es un tema aparte).
Voltaire: The Vegan Vampire es un título sobre el que, a pesar de sus errores, todavía tengo esperanzas, porque su base tiene bien cimentadas unas ideas que pueden hacer que llegue a ser un juego muy completo. Es divertido, visualmente atractivo y con un humor suave que lo convierte en ese tipo de juego perfecto para desconectar en los ratos muertos. Sin embargo, por el momento nos tocará esperar un poquito más a ver cómo acaba evolucionando, y es que todavía puede mejorar muchísimas cosas, que por algo existen los accesos anticipados. Al fin y al cabo, algunas plantas tardan un poquito más en dar su fruto.
