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Análisis de Astro Bot

Una de las cosas que siempre me ha gustado de Nintendo, desde que era una niña, es la sencillez y, al mismo tiempo, la clase de diseño que siempre han tenido los juegos de Mario. Esto es, precisamente, la clave de por qué se convirtió en su mascota, y no lo fue Samus, Link o incluso Kirby. Sin embargo, por mucho que nos pese, esto es algo que nunca consiguió PlayStation, a pesar de sus intentos con personajes como Crash Bandicoot o Spyro, porque incluso teniendo la carisma que tenían, no conseguían encajar completamente en ese hueco tan delimitado. Y, un poco por la puerta de atrás, un día apareció Asobi en un pequeño juego de realidad aumentada llamado The Playroom. Lo que no esperaban era que un montón de gente le cogiese cariño a ese robot y, para continuar su legado, se convirtió en Astro en un juego para VR y la propia demo técnica de PlayStation 5, consiguiendo fans acérrimos y grandes defensores que pedían un título principal en el que pudiesen dar rienda suelta a esa calidad que ya estaba brillando dentro del robot. Y así, con chillidos de alegría, recibimos el lanzamiento de Astro Bot, un juego que sin ninguna duda es uno de los candidatos más firmes a GOTY de este año. Y quien piense que no, es porque no lo ha jugado. 

La trama principal de Astro Bot gira alrededor de un único suceso, sin complicarse la vida. Los pequeños robotitos viajan en una nave con forma de PS5 y, de pronto, un alien malo malísimo les ataca, causando que todos los robots acaben dispersos por toda la galaxia, y el chasis de la nave se estrelle en un planeta. Y con ella, el último robot, Astro. Este se pondrá manos a la obra, decidido a arreglar su nave y recuperar a todos sus amigos, cueste lo que cueste. Para ello utilizará una pequeña nave menor con forma de DualSense y se dirigirá a cinco nebulosas diferentes en las que se encontrará diferentes planetas (y diversos secretos) donde podremos ver a sus amigos esperando ser rescatados y piezas de puzle que nos servirán para ir desbloqueando detallitos hechos únicamente para divertirnos. Porque no todo va a ser recoger piezas de nave, también tenemos que hacer que los 300 robots que salvemos se entretengan y, sobre todo, los 169 cameos que tendrán sus propias interacciones extra desbloqueables en una bolita gacha que pagaremos con las monedas que iremos recogiendo por los planetas.

Nos encontraremos una división bien clara de cada uno de los niveles, lo que permite a Astro Bot dar rienda suelta a los diferentes diseños de escenarios y, al mismo tiempo, de mecánicas de usar y tirar. Y es que la base de cada nivel es, lo que podríamos llamar, un diseño de plataformas de manual, con su camino delimitado para que vayamos avanzando y recogiendo robots. Pero pronto nos daremos cuenta de que esos escenarios están tan cuidados que no existe ni un solo paso de la persona que juega que no hubiese predicho el equipo de desarrollo. No todo se va a volver saltar, apretar botones y resolver pequeños puzles, sino que en muchos de los niveles nos plantearán un giro en cuanto a cómo jugamos, ofreciéndonos una mecánica nueva con forma de puños resorte, gallina cohete, perro que embiste o muchas otras más, incluyendo algunas tan simples pero bien manejadas como el uso de una bombilla que servirá tanto para desvelar caminos invisibles como para cazar fantasmas. Pero además de eso también nos encontraremos con una multitud de interacciones inservibles a la hora de completar el nivel, dirigidas directamente a nuestra propia diversión, pudiendo romper, golpear o interactuar con todos los objetos o animales que nos encontremos para ver qué hacen, hasta el punto de poder hacer que Astro haga amistad con una vaca. Porque, ¿por qué no?

Esta es también la pregunta que se hicieron a la hora de plantearnos los diferentes jefes, donde podremos encontrarnos con algunos enemigos ya conocidos en los títulos (o demos) anteriores, pero que destacan sobre todo por la originalidad de los combates, planteados como puzles con diferentes secciones y, además, con cierta exigencia hacia nuestras habilidades, sin dejar de notar en todo momento que sí seremos capaces de hacerlo si atendemos a cada movimiento. Por otro lado, también tendremos algunos niveles secretos que desbloquear, pertenecientes a la Galaxia Perdida, y estos se encontrarán bastante escondidos en los diferentes planetas. Aquí, nos desvelarán unos niveles similares a los anteriores, aunque un poco más cortitos, pero con el mismo tipo de mecánicas. Y esto les parecía poco, así que también estarán otros niveles sorpresa escondidos en conjuntos de estrellas, meteoritos más o menos aleatorios o, incluso, en los propios botones de PlayStation. Y ya os aviso que estos pondrán muy a prueba nuestras habilidades y paciencia, pero todo sea por salvar a esos robotitos. 

Si de algo se ha hablado por todos lados en cuanto se menciona Astro Bot, es de la existencia de sus cameos. Y es que, por un lado, puede considerarse como un despliegue de recordatorio de catálogo, o incluso un intento de conseguir atención a través de la nostalgia, pero ver el nivel de cariño que han puesto a cada uno hace que se nos olvide el corporativismo que probablemente se haya impuesto para centrarnos en el propio trabajo del Team Asobi. No solo nos vamos a encontrar con unos personajes con sus propias animaciones acordes a sus propios juegos, o con una variación para hacerlos más simpáticos, sino que también tendremos unos niveles específicos tras acabar con cada jefe que elevan al máximo las referencias a lo más importante de las sagas de PlayStation. No os desvelaré cuáles, para no eliminar las sorpresas, pero sí os puedo asegurar que si os habéis pasado la mitad del juego con una sonrisa en la cara (como es mi caso), sin ninguna duda os va a emocionar jugar atravesando esos niveles. Y no os digo nada de lo que nos espera en la batalla final del juego, donde absolutamente todo nos va a llegar directamente al corazoncito.

Quizá lo que más me ha impactado en este juego es que, por primera vez desde el propio Astro’s Playroom puedo ver la potencia de la consola. Aquí no nos encontramos fotorrealismo, y tampoco lo necesita, porque nos hallamos ante un nivel de detalle impresionante que sale de la pantalla a medida que vamos recorriendo los niveles, además de unas físicas que están tan bien hechas que no tiene ningún sentido que el juego funcione de forma tan estable. Pero lo que más sorprende es la increíble cantidad de partículas permanentemente en pantalla que únicamente forman parte de la decoración, que están ahí porque pueden estar, y con las que podemos interactuar, golpear y lanzar hacia donde queramos, ya sea en forma de pelotitas, de fideos decorativos, de manzanas o incluso de gemas, con todos sus brillos. Y, por si fuera poco, lo completa con un uso del sonido magistral, combinado especialmente con la vibración háptica. Porque una cosa es el uso del mando que nos encontramos en la mayoría de los juegos, y otra tener puzles que resolveremos notando una leve vibración diferente en nuestras manos, o los movimientos de nuestras habilidades, o incluso las variaciones del terreno. Todo está hecho exclusivamente para demostrar de qué es capaz la consola y el mando y, al mismo tiempo, para darle a Astro el juego que merecía tener. 

Astro Bot es un título que está formado por todo lo que está bien en los videojuegos. Con un carisma radiante de los personajes a pesar de ser simples robots, un diseño de niveles tan perfecto, una forma de entender tan bien el género de plataformas y un cariño por parte del Team Asobi hacia su propio juego y hacia todos los que aparecen en sus cameos, no podría decir prácticamente nada negativo sobre el mismo. Como mucho, menudencias que no tienen casi relevancia. Y es que Astro Bot es uno de esos juegos que demuestran que se puede renovar la industria para volver a hacerla un lugar feliz, donde lo que importan son los juegos y no las batallas en las redes sociales. O, al menos, es lo que yo quiero creer.

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