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Análisis de Camper Van: Make it Home

Me gustan mucho los juegos de ordenar cosas. Esa facilidad para desperdigar todo por el suelo y poder colocarlo a tu gusto sin el más mínimo esfuerzo, viendo cómo encajan las cosas en el sitio que les has designado (tú, con tu lógica y criterio, no el juego), hace que mi cerebro entre en un estado de tranquilidad de los que me permiten pasarme horas sin preocupaciones. Por estas cosas, precisamente, suelo llamarlos “juegos para no pensar”, porque sin exigirte nada consiguen que sigas ahí, incluso volviendo, porque sabes que no van a darte ningún motivo de agobio. Quizá el más conocido de este género sea Unpacking, por motivos más que merecidos, y precisamente en ello se basaron para desarrollar Camper Van: Make it Home, dándole una vuelta de tuerca y haciendo que, en lugar de una casa, tengamos que conseguir guardar todas nuestras cosas en una caravana. Y parece que no, pero podemos llegar a acumular muchos trastos.

Una de las cosas que más me gustan de este tipo de juegos es cómo deciden contarnos su historia. En esta ocasión, salvo por una frase suelta y escrita en un álbum en el que vamos recogiendo las fotos de nuestra aventura, todo está contado a través de los objetos que forman parte de nuestra vida en la caravana. Así, nos enteramos de la decisión de la protagonista de poder vivir sobre ruedas, visitando los diferentes lugares del mundo, pero también iremos viendo su vida amorosa, su propio viaje emocional y su evolución interna, además de la época del año en la que vivimos. Y todo eso nos ayuda a empatizar muchísimo mejor con nuestra protagonista invisible, pero al mismo tiempo juega en su contra en algunas ocasiones porque, sin entrar en terreno de spoilers, nos daremos cuenta de que quiere enviar un mensaje ecológico mientras se comporta de una manera muy poco ecológica y un tanto reprochable.

Si bien es cierto que la trama tiene cierta relevancia en cada uno de los niveles, no podemos negar que lo que más brilla en Camper Van: Make it Home son sus mecánicas. Y no, no me refiero a las que arreglan la caravana. Como os podéis imaginar, lo más importante es la colocación de todos y cada uno de los objetos, y al ser siempre unos escenarios tan pequeñitos el sistema usado en otros títulos de sacar cosas aleatorias no funciona. Por ello, aquí nos encontramos con que todos los objetos están clasificados por secciones antes de que podamos cogerlos. Por ejemplo, una de las secciones aparentemente más sencillas de colocar es la de la comida, porque una parte necesita ir en la nevera, y el resto es cuestión de encontrar un mueble en el que podamos meterla toda. Sin embargo, con otras secciones nos encontraremos una mayor dificultad, porque quizá no nos quepa toda la ropa (en serio, tiene demasiada, sobre todo calzado) en el que claramente es el armario y tengamos que invadir cajones o muebles que habíamos pensado utilizar para otra cosa. O los objetos del baño que son demasiado altos y no caben en la estantería, teniendo que reorganizarlos en otro mueble diferente. O ha decidido comprarse una paellera, condenando la totalidad de uno de nuestros muebles a ser “el mueble de la paellera” porque no cabe absolutamente nada más y tampoco podemos ponerla de lado. O en el techo, no sé, sufrí mucho por culpa de esa paellera. 

Lo imprescindible es, en todo momento, conseguir optimizar al máximo cada uno de los espacios, y eso nos van enseñando a hacerlo desde el inicio, con una caravana muy pequeña y un número de objetos menor, equilibrando muy bien el paso de cada nivel y los cambios de caravana. Ah, ¿creíais que solo íbamos a tener una? Pues ese es, quizá, el motivo por el que evita tan bien el volverse repetitivo, porque iremos cambiando de caravana casi continuamente. Y, cuando no lo hagamos, no nos obligará a volver a colocar lo que ya estaba ordenado (salvo, por supuesto, los objetos que llevamos en la mochila), sino que nos encontraremos con objetos nuevos o veremos que alguno ha desaparecido, dejando su hueco para otro que lo necesite. Y si os parece que son sitios pequeños en los que no cabe todo, esperad a que llegue vuestra mascota. 

Otra cosa que ayuda muchísimo a esa ambientación tranquila y relajante es, sin ninguna duda, su apartado audiovisual. Todos los colores de los objetos o de las caravanas personalizables son muy agradables, evitando los colores chillones pero sin limitarse únicamente a los tonos pastel, con una paleta amplia que le da un cierto toque realista dentro de su aspecto cozy. Además, los diseños de los objetos son tan bonitos que nos harán abrir nuestra tienda online de confianza en más de una ocasión, buscando algo similar para poder tener en nuestra casa. Y es que, personalmente, yo necesito en mi vida esas tazas que se dan abracitos. Por otro lado, la música no es algo que se quede pegado a nuestro cerebro de forma permanente, sino que acompaña nuestro ratito de desconexión empujándonos un poquito más a la relajación. Y, al fin y al cabo, eso es lo que buscamos en estos juegos.

Camper Van: Make it Home es un título muy entretenido y, sobre todo, bonito. Su duración, de unas seis horas, juega a su favor, porque en ningún momento sentimos que se vuelva repetitivo y es disfrutable tanto de una sentada como a poquitos, nivel a nivel. Además, coge el testigo de ese tipo de juegos tranquilos, que te cuentan una historia mediante el entorno y que, aunque sencillos, acaban dejando huella. Eso sí, si me tenéis el más mínimo aprecio y además tenéis una caravana, hacedme el favor de no comprar nunca una paellera. No, de verdad.

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