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Derecho a ser quien quieres: Cuando la toxicidad traspasa la pantalla

Vivimos en una sociedad en la que cada día es más complicado llevar una vida privada. Las redes sociales se han convertido en un instrumento indispensable en el día a día de muchos, permitiendo gracias a su gran alcance y poder de difusión que nuestra opinión llegue hasta los rincones más insospechados.

Ya desde el nacimiento de Facebook, Tuenti, Myspace e incluso Fotolog, Internet se convirtió en ese rincón donde podíamos desahogarnos y escribir nuestra opinión pública. Esto es un arma de doble filo, ya que no siempre podemos agradar a la persona que nos lee ni siempre encontraremos apoyo incondicional a nuestra opinión, es un hecho natural. El problema está cuando las discrepancias se transforman en directrices sobre la forma en la que debes llevar tu vida, sobre quién debes ser o, en el peor de los casos, en motivo de burla.

Y ya no me refiero sólo a una simple opinión que podamos publicar online, sino a la persona que elegimos mostrar en nuestras redes sociales. Aonia Midnight ya mencionó anteriormente en este artículo que para considerarse a uno mismo «gamer» no es necesario jugar todos los días, terminar todos los juegos y, cómo no, jugar a los clásicos. «Gamer» es sólo una palabra que engloba a una persona que le gusta jugar, no es un título ni una condecoración, nadie nos lo otorga. Podemos ser jugadores empedernidos del solitario de Windows que, si nos identificamos con este término, quienes son los demás para desmentirlo.

Este problema no sólo se da en aquellos a quienes nos gusta «presumir» de nuestros Play of the Game (aunque sean una auténtica chorrada) o subir una captura a Twitter de aquel juego que empezamos un día con tanto hype y ya nunca más lo volvimos a jugar. Esta situación es extrapolable a casi cualquier ámbito.

Hace unos años tocaba la guitarra en un grupo musical de heavy metal y recibía constantes críticas cada vez que escuchaba públicamente música pop comercial.

¿Acaso necesito estar en tu canon de «metalera ideal» para poder considerar que me gusta el heavy metal y formar parte de una banda?

¿Acaso tengo que terminar cada juego que empiezo para no ser tachada de «poser«?

¿Acaso debo tener un máster en enseñanza para decir que soy profesora de idiomas a pesar de tener ocho años de experiencia?

Recientemente leí un debate sobre si podemos considerar que una persona es periodista si ejerce de tal o sólo si posee la titulación oficial. Quiero dejar claro que una persona con formación siempre tendrá una mejor aptitud a la hora de realizar un buen trabajo profesional, pero es la experiencia quien juega un papel decisivo.

No siempre hubo el amplio abanico de carreras universitarias, formación profesional y máster que tenemos hoy en día. Ciertos oficios eran desempeñados por quienes sentían vocación de ello. Si alguien era bueno en algo, acababa ejerciendo de ello.

No dejéis que un trozo de papel o la ausencia de él os diga quiénes sois y qué debéis hacer con vuestra vida. No escuches a quien critica tu obra basándose en la persona que muestras en las redes sociales, y lo más importante: acepta las críticas.

A veces las recibirás de desconocidos, otras de tus seres más queridos, pero recordad siempre quiénes sois de verdad y no dejéis que nada ni nadie os aparte de vuestro camino.

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