Icono del sitio Todas Gamers

Análisis de Rise of the Ronin

Si hay una época de la historia de Japón que ha sido representada hasta la saciedad es el Bakumatsu. Los últimos años del período Edo y los eventos de la restauración Meiji han atraído todo tipo de representaciones en los medios, ya sea en películas, series o, como en este caso, en videojuegos. Y es que ese momento en el que la época feudal japonesa se destrozó por completo con la llegada de los barcos negros da pie a una enorme multitud de historias, tanto las que se cuentan con todo tipo de rigor histórico como las más fantasiosas, a las que se les da pie con las leyendas de los ronin que viajaban de un lugar a otro sirviendo a lo que ellos creían que era lo correcto. O, en algunas ocasiones, se mezcla la fantasía y la historia para darnos un entretenimiento relativamente educativo porque, en realidad, lo que sucedió tal vez sea más interesante que lo que alguien se pueda imaginar, aunque necesitemos a un personaje ficticio que nos ayude a unir los temas. Esto es exactamente lo que sucede en Rise of the Ronin. En Team Ninja han querido aprovechar sus conocimientos sobre una época de luchas internas entre diferentes facciones japonesas, enfrentamientos entre las opiniones sobre los occidentales, la abolición de privilegios y, sobre todo, el marcado inicio de lo que nos llevaría hasta el Japón actual por las consecuencias sociales de esos acontecimientos concentrados en un periodo de tiempo tan reducido. Y es que a poco que sepáis sobre la sociedad actual, podréis daros cuenta de cómo pudieron afectar algunos sucesos que iréis viendo a medida que jugáis. 

En los últimos tiempos, y dejando de lado los otomes (que ya sabemos lo que les gusta meter romances en el Bakumatsu), nos hemos encontrado con títulos como Like a Dragon: Ishin!, que mezclan la seriedad y el humor con la presencia de Sakamoto Ryoma y sus “amigos”, y esto es un poco la contraparte de lo que nos podemos encontrar con Rise of the Ronin. Si bien el tono general del juego trata de imponernos una sensación casi solemne y respetuosa, sí es cierto que tendrá algunos detallitos o conversaciones que le darán un toque más amable y divertido, quizá tratando de conseguir más cercanía con la persona que está jugando. Porque querer ser una película de Kurosawa está muy bien, pero para llegar a ello también hay que recordar la existencia del humor en las dosis adecuadas. Y, por el contrario a lo que sucede en Like a Dragon: Ishin!, en esta ocasión no limita la seriedad a la misión principal ni la comedia a las secundarias. Y si no me creéis, dejad que Ryoma haga fiun. Las misiones, en muchas ocasiones basadas en sucesos reales, y en otras reimaginando lo que podría haber sido (sobre todo en las secundarias o las misiones de los aliados), mezclan muertes, traiciones o movimientos políticos con situaciones más cotidianas, como el posible reencuentro de un padre con su hija o el robo de un pez globo para fingir una muerte. Todo un amplio abanico de sucesos que, casi sin querer, nos tendrán de aquí para allá cumpliendo todas las que podamos, no solo por el coleccionismo o las ventajas a la hora de combatir, sino también porque genuinamente nos acaba interesando lo que pasa en cada una. 

Tal y como os va a suceder en innumerables ocasiones durante toda la longitud de Rise of the Ronin, me estoy desviando del camino principal. La trama comienza con nuestro personaje, completamente personalizable, de la mano de nuestra también personalizada hoja gemela, una persona que luchará a nuestro lado y podremos controlar cambiando el personaje durante el combate con una simple combinación de botones. Esto nos enseñará que, a pesar de que durante la mayor parte del juego los combates los haremos en solitario, en las ocasiones más importantes llevaremos compañía, y más de una vez será crítico tanto ir cambiando a quién controlamos como curando a todo el mundo, además de saber escoger quién nos acompañará en dichas ocasiones. Sin embargo, por decisiones de la trama, nuestro camino se aleja del de nuestra hoja gemela, y ahí es donde conoceremos a Sakamoto Ryoma. Como consecuencia de nuestra nueva amistad, iremos conociendo tanto a los detractores como a los seguidores del Shogunato, e iremos tomando decisiones que nos llevarán a plantearnos ciertas situaciones de formas diferentes. Porque, ante todo, es un juego en el que tendréis que tomar muchísimas decisiones. Otra cosa es la relevancia que acaben teniendo, pero eso ya es cosa vuestra y de cómo las combinéis. 

Como os habréis imaginado, el nivel de importancia de los personajes que aparecen es altísimo, y es que la mayoría están basados en personas reales que tuvieron su influencia en su propia parte de la historia. Por ello, en Rise of the Ronin decidieron añadir una mecánica de amistad y, sorprendentemente, de romanceo. Para que luego digan que las toasgamers no tenemos influencia. En general es una mecánica sencilla, basada principalmente en hablar con esos personajes y regalarles objetos que puedan ser de su gusto, además de ir cumpliendo las misiones y favores que nos piden, pero tiene cierto encanto el hecho de tener nuestro propio lugar de descanso en el que nos vendrán a visitar aleatoriamente para ir contándonos sus cosas. Pero no os penséis que todo queda en darse besitos, sino que subir esas amistades o romances, además de darnos equipamiento u otros objetos, también hace que como combatientes sean más fuertes, por lo que a la hora de ir a por las misiones más duras siempre será la mejor opción buscar a nuestras amistades más leales. Quién mejor para salvarnos de la muerte, ¿verdad?

Quizá creáis que este sea uno de esos títulos en los que el combate sea un puro trámite que hacer para seguir avanzando, pero lo cierto es que quizá sea el punto más fuerte que tiene. Si bien tiene varios niveles de dificultad, cosa que encaja perfectamente con el tipo de juego de mundo abierto que es, cuenta con un combate de lo más exigente, con una combinación de mecánicas y armas casi infinita, y con enemigos que van a exigir todos nuestros sentidos. Y, al mismo tiempo, nos enseña de forma visual qué es lo que hay que hacer en cada momento, por lo que todo depende de nuestras propias habilidades. A la hora de escoger un arma para combatir, que podremos utilizar una principal y una secundaria e ir variándolas en mitad del combate, también tendremos que tener en cuenta el estilo de lucha que querremos usar, ya que iremos desbloqueando un montón a medida que vayamos jugando. Tantos, que ya os aseguro que acabaréis probando la mitad, porque habrá alguno que sintáis más cómodo a vuestro estilo y no querréis moveros de ahí. Sin embargo, a cada arma le podremos asignar tres diferentes y, como cada estilo tiene un grupo asignado, nos convendrá escoger uno de cada de los denominados Ten, Chi o Jin. Suena complicado, pero una vez que estemos dentro del juego todo se vuelve más comprensible. A la hora de luchar no nos servirá el viejo truco de aporrear siempre el mismo botón, sino que nos tocará utilizar la estrategia y, más que aprenderse los movimientos de los enemigos, tenemos que fluir bien con los nuestros, ya sea atacando, defendiendo, o haciendo un parry ofensivo que nos permitirá hasta parar balas, con un extra de que nuestra arma se prenda fuego durante unos segundos, algo bastante espectacular y dañino para el enemigo. Y, si eso os parece poco, también contaremos con algunas armas de apoyo como arcos, escopetas, revólveres o incluso bolas de barro, que sobre todo nos pueden ayudar a eliminar a los enemigos más débiles o a distraerlos para utilizar otro de nuestros grandes aliados: el sigilo. Creedme, lo utilizaréis muchísimas veces para evitar encontraros con hordas de enemigos y ejecutar en silencio a todos los que estén despistados. 

Por otro lado, gran parte de la importancia de Rise of the Ronin es el mundo abierto que nos pone ante las narices. Para empezar, porque es enorme. Una comparativa muy clara es que sigue el estilo de los Assassin’s Creed, o de forma más global de la fórmula Ubisoft, pero en cuanto empiezas a dar vueltas por ahí te das cuenta de que realmente tienen la misma base, pero la ejecución de Rise of the Ronin es muchísimo mejor. El mundo, aunque sea enorme, tiene elementos que llaman nuestra atención en cada esquina, y no se limita únicamente a las misiones de relleno y repetitivas de siempre. Tendremos grupos de bandidos con los que acabar para desbloquear más misiones, o zonas en las que deberemos inclinar la balanza a favor o en contra del shogunato, según nuestras propias preferencias. También habrá coleccionables, pero en esta ocasión no se limitarán a tener una frase en un códice, sino que nos podrán ayudar en nuestro camino o añadiendo mecánicas extra que nos permitirán mejorar nuestro equipamiento o ganar dinero. Por ejemplo, con algo tan simple como acariciar perros y abrazar gatos, que suele quedarse en una anécdota pero aquí nos recompensará con perros peregrinos que intercambian dinero por objetos, y aparecerá también un negocio de alquiler de gatos en el que podremos enviarle nuestros mininos a la gente para hacernos de oro, conseguir materiales o equipamiento. Siempre, en cada esquina del mapa, tendremos algo que hacer, alargando el título durante horas y horas de una manera en la que sabes cuándo te sientas a jugar pero nunca sabrás cuándo parar, porque te encontrarás diciéndote lo típico de “Venga, libero un campamento más y me voy a la cama”. 

Si bien, personalmente, me parece un título muy bien hecho, no se puede negar que tiene ciertos detallitos que, si los hubiesen pulido un poquito más, quizá estaríamos ante una obra maestra dentro de un género ya establecido. Uno de ellos es el exceso de mecánicas, porque si bien prácticamente todas son útiles a su manera, a veces da la sensación de que si fuesen más contenidas habría funcionado aún mejor. Cosas como el hecho de poder desmontar las armas, venderlas, o dividirlas para vincularlas a otras, hacen que al final no sepamos qué hacer con todas y nos limitemos a coger la más potente, la que mejores extras tenga, o simplemente las doradas, para meter todas las demás en el almacén y que sean un problema de nuestro yo del futuro. Y, aun haciendo eso, podamos seguir avanzando tranquilamente en el juego. Esto además lo podemos aplicar a otras mecánicas diferentes, por lo que a veces la sensación que da es de que hay que cumplir con una lista de tareas. El otro detalle es que, en general, visualmente se queda un poco escaso para ser un título exclusivo de PS5. No se ve mal, y disfrutaremos de nuestro viaje por cada zona de ese Japón feudal, la mayoría de las veces olvidándonos de que tiene esas limitaciones visuales, pero si llegase a tener un aspecto más similar a lo que nos podemos encontrar en Horizon Forbidden West o Death Stranding estaríamos, probablemente, ante uno de los títulos más bonitos de este año. Por eso, sin estar del todo mal, es una pena que no lo hayan llevado un poquito más allá, hasta donde pudiese la consola. 

Rise of the Ronin, sin ser un título que quiera revolucionar el medio de ninguna manera, es un juego excelente que sabe cómo hacer casi todo lo que se propone, y que consigue engancharnos a su trama tanto si sabemos algo sobre ese período histórico como si no. El combate, fácil a la hora de cumplir con lo básico y de ir aprendiendo poco a poco, pero difícil si queremos aguantar su nivel de exigencia, nos invita a intentar siempre un poquito más. Aunque sea únicamente para seguir avanzando y saber qué nos espera en el siguiente mapa y qué va a suceder con toda esa gente que conocemos. Porque, ante todo, lo que verdaderamente reina en Japón es el drama, el honor y la pasión. Y, nunca pensé que diría esto, los besitos a Sakamoto Ryoma.

Salir de la versión móvil