Cuando salió el primer juego de Paper Mario yo todavía era una niña. Una niña con unos gustos en videojuegos ya muy marcados, y a la que no le gustaban los combates por turnos, sobre todo después de haber intentado (sin éxito) jugar varios Final Fantasy, esos que tanto alababa todo el mundo. Sin embargo, sí sabía que había disfrutado todos y cada uno de los títulos en los que Mario era el protagonista, por lo que me tragué mis prejuicios y le di una oportunidad para demostrarme su calidad. Y vaya si lo hizo. Lo disfruté desde el primer minuto, adorando cada uno de sus diálogos y personajes, y sobre todo esa estética tan peculiar. El único problema fue que, por circunstancias de la vida, su secuela no pasó nunca por mis manos, y me quedé con las ganas de jugarlo mientras recordaba ese primer título con cariño. Hasta ahora, que 20 años después de su lanzamiento ha caído en mis manos Paper Mario: La Puerta Milenaria para demostrarme que sigue siendo igual de bueno, por mucho que pase el tiempo.
El objetivo principal de la trama de este título es, para no perder la costumbre, rescatar a la princesa Peach. En esta ocasión se mete en un lío que nos lleva a Villa Viciosa, una pequeña villa construida sobre las antiguas ruinas de una ciudad pasada. Allí, iniciando la búsqueda de la princesa, Mario (con la ayuda de Goomarina) encuentra en las alcantarillas la mítica Puerta Milenaria, iniciando así una aventura para conseguir los Cristales Estelares que nos permitirán abrirla, y que están repartidos por el amplio mapa del Reino Champiñón. Como veis, cumple lo que siempre nos suelen plantear los juegos de Mario, una historia sencilla y comprensible para todo tipo de edades, pero lo cierto es que en esta ocasión, y como sucedió en Paper Mario, se apoya sobre todo en los diálogos entre los personajes, que nos transmitirán principalmente su humor característico y, de vez en cuando, cierta epicidad a la hora de avanzar entre los enemigos.
Como en todo buen RPG, la exploración es la base de todo, y nos llevará a recorrer diferentes zonas del mapa que se acabarán conectando principalmente a base de tuberías. Dicha exploración nos permitirá ir desbloqueando maldiciones, o así les llaman, que nos serán muy útiles a la hora de rebuscar cada secreto, y que nos servirán también a la hora de hacer backtracking. Pero no sólo podremos utilizar estos poderes para ello, sino que también nos serán de mucha ayuda los diferentes personajes que se irán uniendo a nuestra aventura, cada quien con su propio movimiento especial que nos permitirá recoger objetos lejanos o mover trozos del escenario soplándoles, entre otras cosas. Y si eso os parece poco, también podremos ir recogiendo medallas con diferentes acciones o movimientos asignados que podremos utilizar a la hora de combatir. Además de los objetos ya comúnmente conocidos que conseguiremos al vencer a los enemigos o podremos conseguir en las diferentes tiendas o vendedores repartidos por el mundo, y que nos darán salud, restauración de puntos, ataques especiales y similares.
Si bien los combates, por norma general, no serán de una dificultad que nos ponga a prueba (salvo en alguna excepción), sí nos permitirán participar de forma activa aun siendo por turnos, teniendo que ejecutar unos comandos mostrados en pantalla para poder conseguir el máximo daño posible. Dichos enfrentamientos comenzarán desplegando un escenario ante nuestros ojos, y esto no sólo será un detalle visual, sino que interferirá de forma aleatoria mientras nos estemos peleando. Y es que los asientos del público se irán llenando a medida que vayamos realizando bien nuestros movimientos, o vaciándose cuando fallamos. Además, de vez en cuando nos encontraremos con gente del público que también quiere formar parte de la acción, y nos intentarán lanzar piedras, objetos, o incluso subirán a hacer de las suyas, y nuestro papel será atender para tratar de impedirlo, o aprovechar dichos objetos. También podremos jugar con el escenario a nuestro favor, y es que como es de papel, ciertos ataques conllevarán la posibilidad de que el escenario se caiga sobre nuestros enemigos, pero también tendremos que tener cuidado porque en un despiste también se nos puede caer encima. Todo esto hace que, gracias a cierta aleatoriedad, cada enfrentamiento se haga único, y conlleva exprimir al máximo un tipo de combate que generalmente no se mete en tantos líos.
Lo que más destaca, y quizá el punto más importante de la existencia de este remake (aparte del hecho de poder jugarlo, que encuentra tú ahora una GameCube y una copia física del juego) es su apartado visual. Esa reproducción del papel tan elaborada tanto de los escenarios como de los personajes y enemigos hace que Paper Mario: La Puerta Milenaria se convierta en uno de los juegos que mejor se ven en Nintendo Switch. Y es que ya no es solo por la similitud de los materiales imitando diferentes texturas de papel, sino por la iluminación, los efectos y, sobre todo, por una detalladísima elaboración de cada personaje, objeto o pieza del escenario, que nos muestran sus diferentes recortes y dobleces, o incluso los papeles superpuestos, dándonos ganas de crear nuestro propio recortable para ponerlo a decorar nuestra habitación. Y esto se remata cuando nos encontramos con animaciones que despliegan los escenarios como si se estuviesen construyendo ante nuestros ojos, dándonos la sensación de estar dentro de los mismos y consiguiendo así redondear lo que indica el propio título del juego.
Paper Mario: La Puerta Milenaria es un título por el que no pasa el tiempo y que merece más que la pena jugarlo actualmente por primera vez, porque sigue manteniendo esa calidad atemporal a la que nos acostumbró Mario desde siempre. Además, si bien algún detallito puede parecer mejorable, lo cierto es que no lo necesita, porque es tan redondo que cumple nuestras expectativas. Y, no os lo voy a negar, las mías estaban muy altas después de llevar tantos años queriendo jugarlo.
