Me resulta bastante irónico admitir que la rutina me impidió jugar a ROUTINE a su debido momento y que, por tanto, este análisis va tarde. Por suerte, las alteraciones de calendario propias de las “vacaciones” navideñas me han permitido incluirlo en mi agenda jugona para disfrutarlo como merecía: bajo la seguridad de una manta y con la panza llena de turrón. Y si bien he pasado buena parte de la partida escondida en diversos lugares, debo admitir que me lo he pasado como una enana. Pero vayamos por partes, porque había mucha expectativa con este título que se anunció hace unos 10 años.
ROUTINE es un juego de terror en primera persona que nos pone en la piel de un ingeniero de software en la estación lunar Union Plaza. Así, despertaremos tras el aislamiento que dictan los protocolos de seguridad y nos dispondremos a buscar a Kei Koyama. En un inicio, desconoceremos la razón de nuestro llamamiento a esta especie de hotel de retiro lunar, aunque está claro que el lugar necesita mantenimiento. Y no tardaremos en sentir que algo no parece ir del todo bien, ya que los pasillos y estancias están desiertos y el desorden es notorio.
Nuestro mudo protagonista parece saber tan poco como la persona a los mandos, lo que nos sumergirá de lleno en una historia donde la tensión estará continuamente a flor de piel. Y si nuestra curiosidad tira más que nuestro instinto de supervivencia, puede que nos llevemos alguna que otra sorpresa. Si desagradable o no, dependerá de nuestra tolerancia a los sobresaltos y a que nos acechen. Y es que los protocolos de seguridad han sido activados y los robots T-05 de las instalaciones son menos amigables de lo que cabría esperar. En cualquier caso, no puedo sino invitaros a dejaros llevar por esa curiosidad y cotillear en todos los terminales, tablones y notas del lugar. Gracias a ello, la historia cobrará un sentido que hará que merezca la pena cada encuentro y persecución.
Además, no seremos del todo vulnerables. Nuestra Herramienta de Ayuda a Cosmonautas (HAC) resulta de gran ayuda contra nuestros perseguidores. Aunque deberemos calcular bien nuestros movimientos y posibilidades, ya que tendremos pocas oportunidades para incapacitarlos. Y, en cualquier caso, será algo temporal. Por no hablar de que cada pulso eléctrico de nuestra herramienta consume batería. Y si bien es cierto que encontrar repuestos (o munición, como lo queráis llamar) no será complejo, debéis saber que los T-05 no son estúpidos. Eso significa que quizás esperar a que estén cerca podría suponer nuestra perdición. Por suerte, la primera vez que nos agarren será a modo de advertencia, dándonos la oportunidad de intentarlo de nuevo… o salir por patas. De nuestra elección podría depender nuestra supervivencia.
Y será algo que deberemos calcular bien, dado que contamos con puntos de control, sí, pero guardaremos la partida en zonas de acceso inalámbrico distribuidas por la estación. Lugares que, de hecho, tendremos que memorizar, dado que no dispondremos de mapa ni brújula o marcadores de ningún tipo. Estos puntos, a los que nos conectaremos con nuestra HAC, interactuando con ella de forma orgánica, también nos permitirán consultar los objetivos, códigos de acceso y archivos multimedia recopilados. Elementos que no solo nos ayudarán a contextualizar lo que ocurre sino que nos permitirán avanzar.
De hecho, en ROUTINE nos moveremos libremente por escenarios limitados, debiendo encontrar la manera de avanzar. Algo que nos obligará a volver sobre nuestros pasos, explorar zonas que no parecen llevar a ninguna parte, buscar terminales y tomar alguna que otra nota. De este modo también descubriremos escondites y formas de frenar a nuestros perseguidores, cerrando puertas, por ejemplo. Aunque, como la posibilidad de incapacitarlos, será algo temporal. En cualquier caso, prestar atención nos permitirá movernos con cierta soltura, ubicando a los enemigos por los ruidos que hacen. Razón por la que es más que recomendable utilizar auriculares durante nuestra partida. ¿Que ello hará que algún que otro susto se magnifique? Es posible, pero aquí hemos venido a pasarlo bien… pasándolo mal.
Y es que el apartado audiovisual, junto a la limpieza de iconos de la pantalla, facilita que la inmersión sea absoluta. Nos moveremos por escenarios que nos harán sentir la vulnerabilidad del protagonista en nuestra piel. Y la atmósfera que nos envuelve no hace sino aumentar esta sensación. Además, no se abusa de sustos y persecuciones que podrían convertir ROUTINE en un tren de la bruja. Al contrario, la tensión está medida y equilibrada para ofrecer una experiencia que hace las delicias de los amantes del género.
Tanto es así que influyen, y mucho, en la creación de esta atmósfera tanto la ausencia de un selector de dificultad como de linterna. Por suerte, podremos avanzar sin mayor problema, aunque debamos repetir alguna que otra zona. Y no tardaremos en encontrar mejoras para la HAC que nos permitirán alumbrar muy ligeramente nuestros pasos. Aunque, para compensar su inutilidad como linterna, tendrá otras funciones más interesantes que allanarán nuestro camino.
Más frustrante será, sin embargo, que la pausa no congele el juego. Por suerte, no faltarán zonas seguras en las que tomarse un respiro. Sea para reducir pulsaciones, tras un encontronazo con un enemigo, o para hacer acopio de fuerzas para explorar determinada zona. Y es que, al no contar con marcadores que indiquen el camino, deberemos atender a las señales del entorno y pensar nuestro siguiente movimiento. Ello, por supuesto, tras explorar con cautela y atendiendo a cada sonido, luz o movimiento por lo que pueda pasar. Y teniendo en cuenta que, a veces, tocará internarse en lugares que gritan “peligro” a cada paso que damos. Aunque siempre podemos ir a hurtadillas. O tumbarnos completamente para mirar bajo una superficie en busca de formas de avanzar o los pies de nuestros perseguidores.
A estas alturas, sobra decir que ROUTINE recuerda de inicio a fin a Alien Isolation. No solo por atravesar una estación lunar desolada con ayuda de nuestra herramienta, esquivando robots y escondiéndonos casi continuamente, además del uso de terminales y algún que otro conducto. O su estética inspirada en la ciencia ficción ochentera. El parecido nace sobre todo por cómo transmite la sensación de vulnerabilidad y tensión constantes. Eso sí, sabiendo cómo marcar la diferencia para distinguirse completamente más allá del parecido razonable.
En otras palabras, podría decirse que ROUTINE es un digno sucesor de Alien Isolation y poca gente estaría en desacuerdo. Lo que es raro en esta industria. Sin embargo, el mimo invertido en detalles como el uso de nuestro cursor en los terminales o, en general, la interacción con la HAC, lo hacen único. Manteniendo, eso sí, la tensión de tener que explorar una zona en busca de formas de avanzar, o terminales y paneles con información de lo ocurrido en la Union Plaza. Con el plus de disfrutar de un estupendo trabajo de localización que nos permitirá sumergirnos en nuestro propio idioma.
Y ello sin sentir la necesidad de disminuir la dificultad o convertir el título en un tren de la bruja donde tensión y terror pasan a un segundo plano. De esos que acaban incitando más a terminarlo que a disfrutarlo. Al contrario, recorreremos cada capítulo de ROUTINE con ganas de sobrevivir, sí, pero sobre todo de saber qué ha ocurrido y dónde está todo el mundo. O bueno, quizás esto último no tanto… por lo que sea.
