Seguir las presentaciones de Thick as Thieves en los diferentes eventos en los que ha ido apareciendo ha sido una montaña rusa de emociones. Al principio, el sabor agridulce que dejaba la propuesta de competir con otras personas para robar un objeto. La euforia de después al ver que se había descartado este enfrentamiento para optar por la cooperación, pero sin una fecha palpable. Por último, saber cuándo estaría disponible y, sobre todo, la oportunidad de probarlo prelanzamiento con todo lo que ello implica. Es decir, toparse con algún bug, que probablemente se arreglará para su salida, y no poder compartir con nadie lo bien que me lo estaba pasando.
En este juego de sigilo en primera persona nos pondremos la ropa de robar para adentrarnos en diferentes edificios de Kilcairn cumpliendo contratos. Sin embargo, lo primero es lo primero, y nuestro inicio en Thick as Thieves servirá a modo de tutorial para familiarizarnos con sus mecánicas. También para descubrir un valioso artefacto que nos vendrá de perlas en nuestros trabajitos, el diamante de Vistala, que nos mostrará elementos de interés. Así, aprenderemos la importancia de movernos con cautela, por supuesto, y cómo desactivar torretas o abrir cerraduras. Y la forma de llegar a nuestra guarida, que podremos decorar a placer con los objetos robados, aceptar misiones y seguir la trama. Además de cambiarnos de ropa o personaje, aunque esto tardaremos un poquito en hacerlo.
Comenzaremos nuestra aventura encarnando a La Araña, uno de los dos personajes desbloqueables de Thick as Thieves. Para conseguir al otro, El Camaleón, deberemos avanzar en la historia y, de paso, subir niveles. Afortunadamente, si luego queremos alternar entre ellos, este nivel se mantendrá con independencia de cuál escojamos. En otras palabras, lo que aumenta es nuestro nivel de juego, no el de los personajes. Por su parte, iremos desbloqueando tanto herramientas como accesorios equipables, aunque deberemos pasar por caja antes de verlas en nuestro armario.
En cualquier caso, esto no supondrá un problema, dado que ganaremos más dinero del que podremos gastar. Literalmente, ya que desbloquearemos las cosas poco a poco, mientras que nuestras ganancias se irán acumulando con cada trabajo completado. Y con ganar no me refiero solo a lo bien pagados que están los contratos, atendiendo a nuestro desempeño, por supuesto; también a lo que robemos. A fin de cuentas, quien lo ve, se lo queda. Y dispondremos de tiempo más que de sobra para acumular un buen botín.
Eso sí, que la avaricia no rompa el saco, porque tenemos misiones y hay un abanico temporal para hacerlo. Cada contrato nos indicará cuál será el espacio de “baja seguridad” —30 o 45 minutos normalmente— en el que debemos trabajar y cuál la ventana —5 u 8 minutos — para llegar a la salida. Es decir, que tendremos que organizarnos bien para cumplir nuestros objetivos y salir indemnes. Además, cabe tener en cuenta que, si nos pillan, hay que esperar unos segundos para volver a salir. Y deberemos acudir allá donde nos noquearon si queremos recuperar el botín acumulado. A no ser que utilicemos las múltiples brechas que hay repartidas por el mapa para esconderlo. O que logremos ocultarnos una vez nos detecten y así evitar problemas.
De hecho, más nos vale andarnos con cuidado, ya que las torretas, guardias y fantasmas no están ciegas y no dudarán en acercarse allá donde detecten un movimiento extraño. Con cierto margen, claro, pero lo suficiente como para que guardemos distancias. Y lo mismo ocurre si corremos demasiado o activamos algún mecanismo de seguridad. De ahí que sea tan importante observar bien el entorno y extremar precauciones, utilizando las herramientas y habilidades de los personajes para moverse con el mayor sigilo posible.
Así, con La Araña tendremos una tirolina con la que podremos acceder a lugares altos con facilidad. Mientras que con El Camaleón tendremos una máscara que nos permitirá disfrazarnos temporalmente, siempre y cuando no despertemos sospechas moviéndonos demasiado rápido. Y sus herramientas compartidas nos permitirán robar objetos en un rango limitado, distraer a los guardias, hacer que se resbalen o crear cortinas de humo. Aunque tendremos que intuir lo que hacen por sus nombres o utilizándolas, ya que no veremos descripción alguna ni en el armario ni equipadas. Y puede resultar algo confuso al principio.
En cualquier caso, como con todo en Thick as Thieves, no tardaremos en hacernos a ello. De hecho, pronto nos aprenderemos los mapas y, aunque apareceremos en lugares diferentes y tendremos objetivos distintos, no será difícil ubicarnos y formar un plan. Y lo mismo ocurre con la ruta de escape. La puerta de salida aparecerá en puntos cambiantes del mapa, pero no nos costará demasiado alcanzarla por muy lejos que estemos. Esto, dado que actualmente son dos mapas —Jefatura de Policía y Mansión de los Elsway— puede hacer que el juego se vuelva repetitivo en ciertos puntos. Sobre todo porque una de las misiones no variará mucho de un escenario a otro, recayendo el peso en el objetivo relacionado con la historia.
Una forma de paliar esto sería dedicar sesiones de juego más cortas, es decir, no tratar de completar los 15 contratos de golpe. Algo que, de todos modos, nos llevaría unas 8-10 horas dependiendo de nuestra habilidad o ansia de robo. Otra, desbloquear, comprar y activar las dificultades que aportan un reto mayor a los contratos. Y, la última, compatible con las anteriores, jugar con otra persona a través del cooperativo en línea. De esta forma podremos movernos por los amplios escenarios con mayor facilidad, repartiendo los objetivos o las rutas para conseguir el mayor botín posible. Incluso comunicarse y compartir las pistas que llevan a los lugares de interés en cada caso. O escoger personajes diferentes y combinar estrategias, todo un mundo de posibilidades para arrasar con todo.
Cabe mencionar que Thick as Thieves se disfruta especialmente con auriculares, para poder identificar y seguir los sonidos de la seguridad de los escenarios. De este modo, además, apreciaremos mejor detalles como el tintineo del botín acumulado o las alertas de seguridad. Algo que, por cierto, puede resultar alarmante al principio, ya que sonarán incluso cuando estemos derribando a un guardia despistado, como si nos hubieran pillado. Sin embargo, la mayor adrenalina la viviremos al buscar la salida con la mirada fija en la cuenta atrás. Eso sí, sin perder de vista a los guardias que se hayan despertado de nuestra incapacitación ni los mecanismos de seguridad que activan alarmas y bloquean caminos.
Además, el estilo artístico escogido casa perfectamente con el juego, con escenarios cuidados al detalle y una ambientación que invita a sumergirse. Ello acompañado de un apartado sonoro que envuelve y aumenta esa sensación de inmersión que favorece la concentración. De modo que no solo disfrutaremos de una historia bien guiada, y que nos llega traducida a nuestro idioma, sino también explorando cada rincón. Y trataremos de acumular el mayor número de tesoros, abarcando lo máximo posible, explorando diferentes rutas y posibilidades.
Thick as Thieves me cautivó en sus presentaciones, ofreciéndome la posibilidad de adentrarme en diferentes escenarios a robar cualquier cosa brillante que encontrara. Y ha secuestrado mi tiempo dándome lo que esperaba, mediante dos personajes igual de disfrutables y una historia que deja con ganas de más. Además, nos invita a tomárnoslo con calma, desbloqueando las cosas poco a poco, conforme subimos de nivel y acumulamos dinero. Incluso una vez completada la historia. A fin de cuentas, en el noble arte de robar en mansiones y jefaturas, importa tanto hacerse con el botín como llevarlo a la guarida.
