Stupid Never Dies es un juego que llamó mi atención al instante por algo tan simple como su estética. Y es que, más allá del combate frenético basado en una extraña alimentación, su apartado artístico me hizo pensar en los Sex Pistols. Algo que me ha acompañado durante toda la partida a través de ésta y otras decisiones de diseño. Aunque, sin ningún tipo de duda, lo que realmente me ha atrapado de este juego ha sido el uso del humor. Y puede que el combate… con algunos peros.
En este RPG de acción acompañaremos a Davy, un zombi cobarde que se escondió de la guerra en un centro comercial. Vagando por allí, se topó con una humana criogenizada en vida por refugiarse en un congelador, y se enamoró. E, incapaz de comérsela a besos, supongo que por aquello del consentimiento y tal, ha decidido jugarse el pellejo en salvar a su chica. Así pues, unirá fuerzas con el Dr. Frank y su ayudante Acelino para adentrarse en una extraña mazmorra en la que parece esconderse KOM, el rey de los monstruos. Derrotarle debería recuperar el conocimiento perdido de la humanidad y encontrar la forma de descongelar de forma segura a la chica que ama.
Por supuesto, sobra decir que alcanzar y enfrentarse a KOM no será nada fácil. Y menos para un zombi cuya lentitud afecta a todos los aspectos de su no-vida. Afortunadamente, Davy cuenta con una habilidad recién descubierta llamada Devoraestilos que le facilitará las cosas considerablemente. Eso, y moverse con agilidad al adentrarse en la mazmorra. Menos mal. Así, podrá luchar con variedad de monstruos, devorar sus núcleos y adoptar sus estilos de combate. De modo que se transformará momentáneamente en Arpía, Gólem, Liche, Hombre Lobo y alguno que otro más. Y asimilará sus ataques sencillos y especiales para avanzar por la mazmorra.
Puede que estéis pensando que, visto así, esto seguiría siendo algo sencillo. ¿Un zombi transformado en otro monstruo, enfrentándose a algunos jefes gracias a sus nuevas habilidades? Bueno, podría ser peor. El problema radica en cómo afecta la mazmorra a un zombi como Davy. Y es que disponemos de un periodo de tiempo seguro en el que podremos adentrarnos tanto como sea necesario. Pero en el momento en el que el reloj haga ding, la mazmorra comenzará a debilitarnos rápidamente. Es por esto que deberemos tratar de avanzar tan rápido como sea posible hasta alcanzar el nivel más profundo de la mazmorra. Y esto es algo que nos llevará más de un intento.
Por suerte, iremos poco a poco. Hasta que no lleguemos a lo más hondo, no se ampliará la mazmorra. Y, para ello, antes tenemos que enfrentarnos nivel a nivel a enemigos débiles y élite, y algún que otro jefe. Niveles que, además, no consumirán demasiado tiempo en sí mismos. Al menos si nos desenvolvemos bien en combate. También nos toparemos con salas de descanso, en las que nos esperan Bessie y Acelino para echarnos una mano a cambio de energía OT. Y no tardaremos en descubrir que podemos saltarnos unas cuantas salas para avanzar más rápido.
Así, de pronto, Stupid Never Dies adquiere más complejidad de la que nos parecía a primera vista. Y es que no tardaremos en pensar diversas estrategias para sobrevivir dentro de la mazmorra, comprobando qué monstruos manejamos mejor o cuántos niveles podemos bajar sin sufrir el desnivel. Por suerte, cada incursión fortalece a Davy de forma directa o indirecta, por lo que cada vez que bajemos nos costará menos avanzar. O, como mínimo, nos costará menos derrotar a los enemigos más débiles.
Además, regresaremos de nuestras incursiones con trocitos de monstruo que Bessie convertirá en deliciosos menús para Davy. Y Acelino se encargará de tunearnos con piezas OT para mejorar nuestros atributos y desbloquear nuevas habilidades activas y pasivas. Incluso encontraremos algún que otro regalo para nuestra chica. Y es que, aunque el grueso de horas lo pasaremos en la mazmorra, habrá mucho que hacer en el centro comercial.
Para compensar de alguna manera la sensación de repetición que puede asomar después de un buen rato jugando, la historia no será lo único que avance con nuestras incursiones. Pronto descubriremos más acerca de la chica congelada, o que llevarle regalos nos permitirá mejorar algunos aspectos de Davy, como la duración del estallido que nos permite aumentar su poder. También tendremos ocasión de bichear sus redes sociales o ponernos al día con lo que hemos ido haciendo en el juego. Así como leer acerca de los enemigos enfrentados o escuchar los temas de la banda sonora del juego. A fin de cuentas, su estilo artístico punkarra no podía no estar acompañado de temazos. Y las batallas no siempre permiten disfrutarlos como merecen, sobre todo cuando un enemigo se nos atraganta.
No es que Stupid Never Dies tenga un combate especialmente complicado. De hecho, la mayor parte del tiempo lo que haremos será machacar botones e intentar hacer tanto daño, o combos, como sea posible. Y derrotar a los enemigos en el menor tiempo posible para avanzar velozmente al siguiente estrato. Sin embargo, puede que el personaje no siempre reaccione con la agilidad que nos gustaría, aunque no está de más advertir que he tenido acceso a una versión prelanzamiento. En cualquier caso, se trata de un estilo de lucha rápido, lleno de color y donde priorizaremos el golpear a las esquivas. Ello, además, sustentado por el hecho de que podemos alimentarnos de los enemigos para recuperar la vida perdida. Eso sí, aprovecharemos al máximo las paradas de tonto contra toda clase de enemigos.
También iremos subiendo de nivel y escogiendo mejoras, y combinaremos tres estilos de combate, contando el modo zombi de Davy. Al consumir el núcleo de otros monstruos podremos escoger si guardárnoslo o pasar. Y dado que podremos llevar dos equipados y conoceremos qué habilidades ofrecen, la elección no será difícil. Además, sabremos en todo momento durante cuántos pisos podremos activar estos estilos, así como su rareza. Y conforme los vayamos utilizando, subirán de nivel, por lo que en el futuro próximo seremos más fuertes con ellos.
Cabe decir que Stupid Never Dies no ofrece diferentes dificultades, aunque nos permitirá activar un modo mejorado en el que Davy es más poderoso. Sin embargo, seguiremos teniendo que combatir atendiendo al reloj, a nuestra barra de vida y nuestras elecciones de equipo, pero será más sencillo avanzar. Además, al finalizar una incursión a la mazmorra, que puede llevarnos unos 10 minutos nada más, nos mostrarán nuestras estadísticas. Y absolutamente todos los apartados del juego están llenos de detalles, más allá del estilo punk, que muestran el mimo invertido por el equipo de desarrollo. Algo que también se traslada a una traducción a nuestro idioma más que pulida y a cargo de manos humanas. Y acreditada, como debe ser.
He disfrutado cada minuto sumergida en Stupid Never Dies, acompañando a Davy en cada incursión y saboreando junto a él cada transformación. Y si bien algunos aspectos de su historia me han hecho arrugar la nariz, la verdad es que ésta no es más que una forma de romper con las repeticiones. A fin de cuentas, no invertiremos tanto tiempo paseando por el centro comercial, a paso de zombi o sobre un robot aspiradora, como profundizando en la mazmorra. Y aunque nuestro objetivo sea salvar a la chica, aquí hemos venido a combatir, devorar núcleos y seguir combatiendo. Que ya está bien de menospreciar a los zombis, coño.
