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Presión social en videojuegos

Hace no mucho, una compañera habló en esta misma web de la importancia de respetar a aquellas personas que sienten presión social al jugar ante la atenta mirada de otra persona o grupo. Así que me gustaría hablaros de por qué ocurre esto, ya que, en muchos casos, solamente se sabe que es una situación incómoda y que, cuando nos miran, afecta para mal a nuestra desenvoltura con el juego.

En términos generales, a nivel individual nadie nos conoce mejor que nosotras mismas —sí, incluso aunque tengamos a esa persona que dice hacerlo—. Otra cosa es cómo proyectamos ese autoconcepto al exterior y dicha concepción se crea con base a las experiencias vividas, entre otras cosas. Pero no he venido aquí a dar una clase magistral de psicología, así que voy a ir al grano.

Como bien dijo en su artículo Chi Skywalker, cuando una persona pone su atención en lo que estamos haciendo —bien ofreciéndonos el mando, bien mirando mientras jugamos nuestra propia partida— nos estamos exponiendo, y esto puede suponer dos cosas: que hagamos la partida de nuestra vida o que seamos lo más torpe sobre la faz de la Tierra. Porque sí, claro, también están aquellas personas que sacan lo mejor de sí mismas ante una audiencia, pero eso no es un problema, por lo que me centraré en lo que nos interesa.

Ante muchas condiciones sociales, solemos hacer un análisis inconsciente de la situación. Este análisis determinará la acción y, en parte, el resultado.

Llevado al tema que nos concierne, podríamos decir que, cuando otra persona nos ofrece el control del videojuego, inmediatamente nos viene a la cabeza:

Es, quizás, algo muy simple, pues a fin de cuentas se basa en un ejercicio de autopercepción, donde nos juzgamos a nosotras mismas de igual modo que hacemos con nuestro entorno en nuestro día a día, seamos las espectadoras silenciosas o las que dicen/piensan “por ahí no es” o “te van a matar”. Y, en el momento en que tomamos el control del videojuego, sea en solitario o en grupo, el feedback que obtenemos de la situación determina el nivel de habilidad que consideramos tener. De ahí que seamos más o menos conscientes de que se nos da genial jugar en solitario y terriblemente mal jugar con público.

Por su parte, debemos tener en mente de que la presión social es un factor estresante per se. Por lo que no ayuda demasiado que, al rechazar en un primer momento exponernos, el grupo insista. Pues, en caso de acabar cediendo —para no ser tachadas de “aburridas”, entre otras cosas—, el nivel de estrés y, por tanto, de incomodidad ante la situación, es aún mayor.

Así pues, aclarado el asunto, solamente me queda hacer hincapié en lo que ya dijo mi compañera en su artículo. Debemos respetar a aquellas jugadoras que sienten el peso de la situación y no se sienten cómodas jugando ante otras personas. Todas podemos disfrutar jugando o simplemente como meras espectadoras y no debemos olvidar que, a fin de cuentas, se trata de pasar un rato agradable para todas y no de demostrar nada.

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