¿Cómo analizar un juego que salió hace diez años y del que apenas conoces su existencia, a pesar de ser una institución en el mundo de los rogues? Es una de las cosas en las que no he dejado de pensar desde que empecé a jugar a Nuclear Throne por primera vez hace un par de semanas. Y tiene todos los ingredientes para convertirse en mi nueva obsesión ahora, porque hace diez años no tenía la suficiente paciencia como para sentarme a jugar con algo así. ¿Y qué ha cambiado en diez años? No mucho, porque las bases del juego siguen tal y como estaban cuando salieron, pero la última actualización del juego, la número cien, viene cargada de cosas nuevas, como el cooperativo local para hasta cuatro jugadores.
Antes de meternos en la faena de explicar todo lo nuevo, en este juego encarnaremos a diferentes criaturas que lucharán y se abrirán paso en diferentes biomas hasta llegar al Trono, tal y como su nombre indica. Cada uno de los personajes tiene una habilidad diferente, lo que nos permitirá probar y buscar nuestro modo de juego favorito, o con el que mejor encajemos para lograr sortear todas las hordas de enemigos. En esta última actualización se ha incluido un personaje nuevo, Cuz, cuya habilidad especial es llorar, un círculo de lágrimas que atraviesa tanto a enemigos como a los proyectiles, y que además permite llevar tres armas, algo que nos vendrá muy bien en caso de que seamos personas que disparan a diestro y siniestro, sin mirar el contador de balas.
Nuclear Throne es un juego salvaje y brutal, que no tiene remilgos en mostrarse como es: difícil, algo frustrante en ocasiones, pero muy divertido y adictivo. Me ha costado llegar más allá de Big Dog, el jefe del segundo bioma, y reconozco que solo he llegado al final con el modo customizable, pero a pesar de morirme por razones estúpidas o por mis propias explosiones, siempre quería dar una vuelta más. Las partidas son breves pero adictivas, y acabaremos encontrando un combo de armas y de mutaciones que nos sirva para llegar más lejos.
Y como menciono anteriormente, el motivo principal de este análisis es el décimo aniversario del juego y su actualización número cien, y uno de los cambios más importantes que se han añadido, además de skins nuevas para todos los personajes, es el cooperativo local para cuatro jugadores, lo que me parece una absoluta locura después de haber convencido a mi pareja para jugar. No tenemos pantalla partida, sino que compartiremos la misma, así que hay que prestar especial atención al personaje que elijamos para no perderlo de vista. No se comparten los cofres de recompensa, así que la primera persona que coja un arma es la que se la queda. Así es la vida en este páramo, ¿no? Quizás la mecánica más interesante y que más me ha gustado es que si morimos, la otra persona con la que jugamos tendrá la oportunidad de revivirnos a través de una estatua que aparece en el siguente bioma. Es decir, si morimos en el nivel 1-2, la estatua de resucitar aparecerá en el 1-3. Los dos personajes suben de nivel al mismo tiempo, así que es más fácil recoger los rads que dejen los enemigos y los tubos que nos encontremos en cada nivel.
Con dos jugadores se vuelve absolutamente frenético y caótico, más incluso que cuando estemos en solitario. Es muy divertido ver las estrategias del resto de gente, pero si no estáis acostumbrades a tanta información en pantalla, puede resultar algo complicado de seguir. Ha sido una experiencia absolutamente endiablada y divertida que quiero volver a repetir con calma.
Sin embargo, me ha costado poner en marcha el cooperativo local de Nuclear Throne. Hemos conseguido jugar con un mando y un combo de teclado y ratón, pero no dos teclados y dos ratones. En la propia pantalla del multijugador o bien conseguía enchufar el mando o no me reconocía el teclado hasta que se habilitaban las opciones, a pesar de que pulsábamos las teclas requeridas para que la otra persona se pudiera unir. Es lo único que me ha parecido más frustrante, y no morir cinco veces seguidas en el mismo bioma por llevar un arma explosiva.
Una de las cosas que más me ha gustado es el modo customizable, que nos permite ajustar un buen número de parámetros como la salud de los enemigos, cuánto daño recibimos o con qué mutaciones empezamos, entre otras cosas. También podremos regular qué tipo de niveles aparecen o si queremos tener bucles o todos los personajes desbloqueados. Un montón de opciones de personalización que tenemos disponibles también en el cooperativo y que permiten hacer partidas a medida, según lo que nos apetezca.
Otro de los elementos nuevos que trae esta actualización es la traducción para quince idiomas diferentes, entre los que se encuentra el castellano. A pesar de que es un juego que tiene poco texto, puesto que los personajes no hablan, poder jugar en nuestro idioma es algo que se agradece, especialmente en juegos donde la concentración y entender correctamente las instrucciones es vital, y han contado con un gran equipo de traducción y localización, que aparecen debidamente acreditados al final del juego.
Por último, han incluido otras mejoras como soporte para pantalla completa, que pueda correr en 60fps y que pueda jugarse bien en Steam Deck, entre otras muchas cosas. Esta actualización hace que la gente que más tiempo ha estado jugando tenga otra razón para volver a echarle horas, y que quienes entran de nuevas puedan engancharse y viciarse a un rogue violento y adictivo. Entrar a Nuclear Throne diez años después de su lanzamiento ha sido todo un descubrimiento que me ha hecho gozar, sufrir y reírme a partes iguales, y poder compartirlo con alguien más, físicamente, ha hecho que se haya convertido en mi nueva obsesión.
