Hace unos años tuve una temporada en la que me enganché muy fuerte a Terraria. Fueron meses de jugar sin parar, con amigues y en solitario, mientras cavaba y cavaba para conseguir recursos, construir mi refugio e intentar pasarme el juego. Así que Dig or Die me llamó inmediatamente la atención, y aunque comparten una idea similar, son juegos diferentes.
En este título nos pondremos en la piel de un explorador (o exploradora) de la compañía CRAFT & CO., cuyo cohete se ha estrellado en un planeta hostil. Deberemos usar los recursos del planeta para reconstruir nuestra nave y escapar. Sin embargo, recolectar los materiales no será tan sencillo, puesto que todas las especies que habitan en el planeta nos atacarán sin mediar palabra, tendremos que soportar las lluvias que caen diariamente sobre el planeta, y por las noches deberemos defender nuestra base de las especies que hemos ido eliminando a lo largo del día.
Nada más comenzar una partida, deberemos dar forma a nuestro empleado en un creador de personajes bastante sencillo, pero con opciones suficientes de personalización. Además de elegir entre si es hombre o mujer, podremos elegir su cara, color de ropa y estilo y color de pelo. No haber incluido el género del personaje, o haber incluido el poder crear a alguien sin marcas de género o neutro hubiera sido una buena opción.
Dig or Die es un juego de supervivencia en el que tendremos que buscar soluciones creativas a todos los problemas que van surgiendo en este entorno hostil en el que nos encontramos. Los ataques nocturnos nos obligarán a preparar bien nuestras defensas en la base desde el primer momento, mientras que las lluvias y las inundaciones nos obligarán a pensar de otra manera a la hora de excavar en la tierra. Una de las principales dificultades de este título reside precisamente en sus físicas de agua y de cómo consiguen aguarte la fiesta en un momento. Más de una vez he tenido que recargar la partida en un punto anterior porque mis prospecciones me han llevado a la muerte.
Otro de los puntos importantes de este juego es que los ataques de las especies serán progresivos, es decir, si no eliminamos a un enemigo fuerte, este no nos atacará por la noche. Solo vendrán los que ya hayamos matado anteriormente, lo que permite regular la dificultad conforme avancemos o nos veamos en condiciones de entrar en zonas nuevas del juego. En cuanto a la recolección, iremos desbloqueando máquinas, torretas y defensas más útiles cuantos más materiales avanzados vayamos consiguiendo. Y no nos tendremos que preocupar del espacio del inventario porque es infinito. Podremos abrir el menú para ir colocando elementos en la barra de acceso rápido según vayamos necesitando —desde los propios materiales hasta elementos elaborados como paredes o armas—, lo que reduce el tiempo de búsqueda en el inventario. La creación de objetos es bastante sencilla e intuitiva, y se puede hacer desde el autoconstructor, una máquina que podremos colocar en nuestra base. Desde armas hasta paredes, suelos o todo tipo de elementos, los diferentes niveles de este aparato nos permitirán acceder a una gran variedad de elementos con los que defendernos y explorar con mayor seguridad.
Todos los mundos de Dig or Die se generan de manera procedural, igual que en Terraria. Nunca se repetirán, sin importar cuántas veces empecemos una partida nueva, lo que hace que cada una de ellas sea interesante y nos obligue a adaptarnos de nuevo al entorno. También podemos gestionar la dificultad al inicio de la partida, pudiendo elegir desde el modo pacifista hasta el brutal. Sin embargo, la leyenda que aparece debajo de cada uno de los modos podría ser menos condescendiente, especialmente con el modo pacifista. Sabemos de entrada que estamos ante un título complicado y exigente, con mucha estrategia, pero poder rebajar el nivel de dificultad no hace que la persona que juega se vaya a perder aspectos importantes del juego.
La versión de consolas, que es la que hemos probado para este análisis, flaquea también en otro aspecto importante: los controles. Hacerme a ellos fue complicado, especialmente porque el salto se hace moviendo el joystick hacia arriba y no pulsando un botón. Estoy acostumbrade a jugar con teclado y ratón a este tipo de juegos, y el movimiento y uso del mando en muchas ocasiones se me hizo demasiado complicado por cómo estaba enfocado. La cruceta nos sirve para movernos por el menú de acceso rápido, y nos servirá también de puntero para poder colocar objetos con mayor precisión. Intentar colocar algo con el joystick es muy poco preciso y se acaba perdiendo un tiempo muy valioso en destruir y reorganizar todo, además de materiales. Se nota que es un juego muy enfocado a PC con teclado y ratón —la barra de acceso rápido nos da una pista—, y los controles con mando podrían estar mejor adaptados a consola.
Otro de los aspectos que no me ha convencido del todo es el respawn cuando morimos. Mientras que en títulos similares reaparecemos en nuestra base y debemos ir a buscar los materiales perdidos, en Dig or Die tenemos que cargar partida. El juego cuenta con una función de autoguardado pero también podemos hacerlo de manera manual, lo que nos será útil si nos hemos quedado en un callejón sin salida o si hemos muerto y queremos tomar decisiones distintas. Es un elemento que me ha venido bien más de una vez —y que funciona como un excelente recordatorio de que tenemos que guardar a menudo— pero que en el caso de morir pueda resultar algo frustrante, especialmente si habíamos avanzado mucho.
Dig or Die nos pondrá contra las cuerdas constantemente, obligándonos a pensar de manera creativa para protegernos y morir lo menos posible mientras intentamos escapar de este planeta hostil donde prácticamente todo quiere matarnos. Si bien el planteamiento a nivel de gameplay es muy interesante, los controles en consola empañan mucho la experiencia, haciendo que sea más difícil de lo que en realidad es, y termina por convertirse en algo muy frustrante en muchas ocasiones.
