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Análisis de Mafia: El Viejo Continente

Banner de Mafia: El Viejo Continente

El recuerdo más vívido que tengo de la saga Mafia es uno de mi padre “descansando la vista” mientras su personaje andaba contra una pared. Y quizás sea por esto, o por todas las películas de mafiosos que me he metido entre pecho y espalda, que estaba deseando hincarle el diente a Mafia: El Viejo Continente. Por suerte, no he tenido que esperar mucho y, aunque no he podido comer palomitas, he disfrutado de todos los ingredientes de una película del género.

Mafia: El Viejo Continente nos traslada a la Sicilia de principios del siglo XX y nos pone en la piel de Enzo Favara. Este joven minero sueña con dejar atrás las minas y viajar a América en busca de un futuro mejor. A ser posible pronto. Sin embargo, su vida da un vuelco y acaba dedicándose en cuerpo y alma a servir a Don Torrisi, tratando de demostrar su valía a la familia. Me encantaría desgranar muchísimo más la historia pero, dado que se trata de una aventura cinematográfica que nos sumerge en una película de mafiosos, lo mejor será que cada cual la descubra por su cuenta. Cuanto menos sepáis, más os atrapará.

Además, se trata de una historia de unas 15 horas aproximadamente, fragmentada en 14 capítulos y un prólogo. Y si bien es cierto que en determinados momentos puede resultar algo repetitiva en cuanto a mecánicas, la realidad es que no querremos soltar el mando. Es más, nos sumergiremos de principio a fin sin importar lo mucho o poco que conozcamos el género y sus tropos. Nos dejaremos llevar por su linealidad, sus personajes y, sobre todo, sus paisajes.

De hecho, algo que me llamó la atención al finalizar mi partida fue darme cuenta de que no había consultado el mapa ni una sola vez. No es solo que al resto de personajes no les haga mucha gracia que nos desviemos del camino, sino que no veremos la necesidad. Y, en ocasiones, intentarlo hará que nos salte un aviso de que regresemos al área de la misión. Al inicio, además de presentarnos las mecánicas, contexto y personajes, nos mostrarán la forma de invertir el dinari que obtengamos en nuestra aventura. Sin embargo, no será hasta momentos concretos que no decidiremos gastar nuestros ahorros en algún atuendo, caballo, coche, arma o amuleto.

Eso sí, tras completar el prólogo de Mafia: El Viejo Continente, desbloquearemos el modo Exploración en el selector de capítulos. Y ahí sí podremos recorrer Sicilia sin prisa y consultar el mapa, recorrer caminos a pie, a caballo o en coche, buscar coleccionables y gastar todo el dinari que acumulemos. Para lo que deberemos acudir a los puntos de venta o personalización indicados.

Dispondremos de diferentes tipos de armas, cada una con sus ventajas y desventajas, aunque quizás lo más importante será escoger el cuchillo que más se adapte a nuestra forma de jugar. Además, tendremos varias opciones de coches y caballos con diferentes potencias y velocidades. Y también encontraremos formas de decorar nuestra montura. Incluso podremos escoger si vestir a Enzo con la ropa que vayamos desbloqueando por historia o salirnos del papel con un modelito totalmente ajeno al momento.

Sin embargo, recomiendo encarecidamente dejarse llevar y cambiar la ropa dentro del abanico de posibilidades disponible de la mano de la historia. Así como no puedo sino invitaros a jugarlo en siciliano con subtítulos, a pesar de que el doblaje en nuestro idioma está disponible y cuidado. Bien es cierto que hay ocasiones en las que prestar atención a la traducción no es del todo posible, pero no serán momentos en los que perdamos demasiada información. En cualquier caso, se trata de una labor pulida y debidamente acreditada.

Que Mafia: El Viejo Continente sea tan lineal que no podamos parar a comprar unos cuantos amuletos no será impedimento para equiparlos. Y es que si observamos bien nuestro entorno no tardaremos en dar con la mayoría de ellos en forma de estatuillas que se convertirán en abalorios y medallones para nuestro rosario. Además, podremos cambiarlos tantas veces como queramos para adaptar los beneficios otorgados a la situación. Así, por ejemplo, podremos hacer que nuestras pisadas sean más silenciosas o “rezar” por tener algo de protección extra en los duelos.

A lo largo de la aventura viviremos persecuciones frenéticas, duelos a cuchillo, tiroteos, incursiones en territorio enemigo y tramos en los que podremos escoger entre el sigilo y el pecho descubierto. Por tanto, es recomendable revisar los amuletos que hemos conseguido y leer la situación para equiparnos debidamente. Y lo mismo podría decirse de las armas, aunque podremos robárselas a los enemigos derrotados, así como rebuscar en sus bolsillos en busca de recursos. Y es que ni la munición ni las vendas, las monedas que usaremos como distracción o las granadas serán habituales en el entorno. En especial las dos últimas. Eso sí, ojo con quedarse demasiado tiempo a descubierto o nuestros enemigos podrían aprovechar para cosernos un traje de balas.

De hecho, nuestros enemigos no serán estúpidos, pero sí de gatillo fácil. Cualquier desliz por nuestra parte, desde una bala perdida hasta un cuerpo dejado a la vista, hará que nos busquen con intenciones poco cordiales. Por suerte, nos darán tregua para poder desenvolvernos de forma sigilosa, aprovechando los instintos de Enzo, o cubrirnos e incluso recargar o curarnos según la situación. En cualquier caso, disponemos de varios modos de dificultad bien equilibrados tanto en lo que se refiere a daño recibido y ejercido como en cuanto a recursos encontrados en escenario y cadáveres.

Algo más tosco, sin embargo, resulta el combate cuerpo a cuerpo. No serán pocas las ocasiones que deberemos enfrentarnos a un enemigo mayor en un duelo a muerte con cuchillos. Y si bien han evitado que nos dediquemos a machacar botones sin miramientos, obligándonos a pensar cuándo encajar golpes y cuándo esquivarlos o bloquearlos, no siempre sentiremos la agilidad de movimientos que nos gustaría. Disponemos de tres tipos de ataque (normal, puñalada y fuerte) y dos formas de evitar que nos hieran (esquivar y bloquear). Así como la posibilidad de contraatacar si reaccionamos en el momento adecuado. Sin embargo, acertar el tiempo no nos garantizará encajar un buen golpe, llegando incluso a ponernos en riesgo de sufrir algún corte.

Por su parte, no todo se reducirá a encuentros sangrientos, persecuciones y carreras —sí, haberlas haylas—, también disfrutaremos de momentos de calma. Apenas nos permitirán desviarnos del camino, pero sí disfrutar de paisajes preciosos y rincones con un nivel de detalle que invita a pararse. Estos espacios serán mayoritariamente a caballo o en coche, y aunque podremos saltarlos, merece la pena no hacerlo y disfrutar del viaje. Además, encontraremos formas de hacer la conducción más amable si es algo que se nos atraganta. Del mismo modo que podremos escoger si queremos o no asistencia al apuntar, y cuánta necesitamos.

Podremos jugar a Mafia: El Viejo Continente tanto con ratón y teclado como con mando sin apenas notar diferencia. Incluso combinar ambas opciones, moviéndonos con mando y disparando con ratón, por ejemplo, sin ningún tipo de problema. Y navegar por el menú de ajustes nos permitirá configurar todo a nuestro gusto, o a las capacidades de nuestro ordenador, para poder disfrutar de la experiencia al máximo.

Sin lugar a dudas, se trata de un juego que invita a tomárselo sin pausa, pero sin prisa. A seguir el hilo de la historia y dejarse llevar por una experiencia cinematográfica de las que atrapan. Con un apartado audiovisual pulido que nos permite disfrutar de la expresividad de los personajes y los paisajes de Sicilia.

Mafia: El Viejo Continente cuenta con todos los ingredientes de una buena película de mafiosos. Nos introducirá de lleno en la clásica guerra de familias. Con sus conspiraciones, negocios, alianzas, adrenalina, intensidad, etcétera, etcétera. Sin dejar a un lado la amistad, el amor, el odio, la hermandad y la lealtad a la familia propios del género. Todo ello, atrapándonos capítulo a capítulo en una historia que se cuece a fuego lento sin resultar pesada. Y donde lo único que echaremos en falta serán las palomitas.

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