¿Qué haríais para evitar dormir durante un largo periodo de tiempo? El abanico de posibles estrategias parece obvio, ¿no? En especial, para quienes hemos tenido que espantar a Morfeo por estudios, trabajo u ocio. Sin embargo, Sleep Awake va un paso más allá con este asunto, porque no se trata de aguantar una saga de películas, una partida de rol o una jornada de apuntes que parecen infinitos. Ni tener que hacerlo por ella, la nómina. Es una cuestión de vida o muerte. Y con esta premisa, las maneras de mantenerse insomne cobran formas de lo más imaginativas.
En este juego de terror psicológico en primera persona nos pondremos en la piel de Katja, una joven que trata de sobrevivir en una ciudad donde dormirse puede suponer tu desaparición. Y no porque alguien se cuele en los hogares de la gente. O porque Freddy Krueger esté al acecho en busca de venganza. Aunque puede que este último se acerque más a lo que realmente ocurre, sin la parte slasher. Y es que un ente llamado Silencio parece estar detrás del desvanecimiento de quienes se duermen, dejando únicamente su esencia, la silueta o huella de sus últimos momentos. De tal forma que hay personas como Katja que incluso pueden escuchar sus últimos pensamientos.
Por su parte, dada la situación, podría decirse que la sociedad se diferencia por su forma de mantenerse despierta. Y conforme avancemos por la ciudad cuando tengamos que salir de casa, descubriremos las diferentes facciones. Sobra decir que las medidas que se toman para mantenerse insomne son desesperadas, con todo lo que ello implica. Y teniendo en cuenta lo efectivo que es el dolor os podréis imaginar que bonito, lo que se dice bonito, no va a ser. Sin embargo, llama la atención lo poco morboso que resulta Sleep Awake, donde veremos escenas perturbadoras pero sin llegar a recrearse en ellas. Y dado que se trata de un walking simulator esto se traduce en que miraremos lo que nuestra curiosidad dicte.
A lo largo de las aproximadamente 5 horas que dura la partida, recorreremos 12 capítulos relativamente cortos que nos trasladarán por un mundo que se mueve entre la ciencia ficción, la psicodelia y el onirismo. Y dado que se ha optado por el realismo y la primera persona, nos sumergiremos tanto como para vivir la tensión de Katja de principio a fin. Y no es para menos. Tendremos una serie de objetivos claros y concisos, a menudo divididos en pequeñas tareas. Y, por sorprendente que parezca, dentro de la cotidianidad. Al menos para la vida de nuestra protagonista.
Esto significa que haremos cosas en casa, relacionadas con su rutina diaria, y tendremos que salir de vez en cuando a echarle un vistazo a un familiar… o siguiendo alguna pista. A fin de cuentas, si realmente queremos vivir y no sobrevivir a duras penas luchando contra una cosa tan natural como el sueño, con todo lo que ello implica, debería hacerse algo. Y si a Katja le queda algo en este mundo es esperanza y valentía. Y las va a necesitar para adentrarse en una ciudad que se desmorona y donde unos individuos enmascarados envían a quien encuentran a unas salas que no parecen de fiar.
Así pues, nuestro paso por Sleep Awake transitará entre los paseos con pequeños y sencillos puzles, la exploración algo limitada y secuencias de sigilo con alguna que otra persecución. Todo ello muy bien equilibrado para que la experiencia no roce ni remotamente la frustración o el aburrimiento. También disponemos de algún que otro coleccionable introducido de forma orgánica en la partida, de forma que tendremos que explorar un poco para encontrarnos, pero sin esconderlos demasiado. Y aportando información suficiente al contexto de Katja, apelando a nuestra curiosidad sin caer en la mala costumbre del exceso de texto. De igual modo que nos toparemos con algunos objetos que luego veremos en el hogar de Katja, pero sin darles mayor importancia como para lamentar dejarlos atrás.
Además, Sleep Awake no cuenta con un selector de capítulos, por lo que lo que solo podremos conseguir lo que se quede atrás en una nueva partida. Aunque me parece un título que da pie a una segunda vuelta más tranquila para terminar de empaparse de lo experimentado. Más que nada porque viviremos nuestra primera partida con tal tensión que habrá momentos en los que no apreciemos detalles que aportan muchísimo al contexto. Y eso que atravesaremos escenarios que invitan a pararse y sacar alguna que otra captura de pantalla distópica.
Esta tensión, además, no viene tanto de las secuencias de sigilo y persecuciones, que también, claro, sino de la naturaleza de la historia. Y sobre todo por cómo está contada. Aun sabiendo que manejamos a un personaje llamado Katja, habrá momentos en los que realmente sintamos que es nuestro pellejo el que está en juego. Que nos estamos durmiendo, que algo nos acecha, que nos movemos por terreno peligroso. Y tampoco diferenciaremos siempre qué podría ser una alucinación provocada por la falta de sueño y los esfuerzos por no dormir y qué forma parte del mundo que nos rodea.
A esto suma tanto la excelente interpretación del elenco como la estupenda labor de localización, ya que si bien las voces están exclusivamente en inglés, nos llega traducido a múltiples idiomas. También su corta duración y cómo juega con los momentos de calma y tensión, equilibrándolos para que nos sumerjamos y nos dejemos llevar, juguemos de golpe o en varias sesiones. Eso sí, siempre con auriculares y haciendo los ajustes necesarios para adaptar la experiencia a nuestras necesidades. Además, la banda sonora del juego corre a cargo de Robin Finck, de Nine Inch Nails. Y casa perfectamente con la temática y situaciones que viviremos.
Recuerdo terminar Sleep Awake y pensar “qué coño acabo de jugar”. Y es que nos moveremos por escenarios y momentos que parecen una intro de la serie American Horror Story. Sin embargo, puede que sea uno de los juegos de terror que más me ha gustado este año. Se trata de un título que opta más por crear una ambientación malrollera estupenda y nos va atrapando a cada paso que damos. Con un apartado audiovisual que más allá de quedarle como un guante a la historia, nos envuelve y acompaña en todo momento. Sentiremos la ausencia de melodía y contendremos la respiración cuando lo haga Katja. Tal como nos ocurrirá con la fina línea entre la realidad y la alucinación, el peligro y la tensión de determinadas situaciones y la sensación de que el sueño nos acecha.
Y no en el mal sentido, porque nos vaya a entrar sueño ni mucho menos. De hecho, puede que nos desvelen algunas situaciones según nuestra sensibilidad al dolor ajeno. O nuestra capacidad de empatizar con escenas virtuales. Aunque también es cierto que haberlo jugado tras una semana intensa, con Morfeo llamando a mi puerta, y luchando yo misma por mantenerme despejada, ha sido toda una experiencia. Afortunadamente, dormirse con un videojuego da más pie a escenas graciosas como un personaje caminando contra una pared que a una amenaza real contra nuestra integridad física. Aunque hace rato que no oigo nada en la casa y este silencio resulta casi sobrenatural. Esperad, creo que he oído algo. ¡¿QUÉ COJ
