Pese a que me gusta mucho la saga de Final Fantasy tengo que confesar que nunca he jugado la parte más clásica, y la primera entrega que jugué fue Final Fantasy IX. Aunque he querido ponerle remedio, es complicado por el tema de dónde poder encontrarlos, o que haya ports que no se rompan en cuanto los miras. Por suerte se lanzaron en su momento unos cuantos remakes para Nintendo DS, así fue como empecé a jugar a Final Fantasy IV, porque lo tenía a mano, y bueno, la cosa podía haber ido mejor.
Como sabéis, los elementos comunes de la saga fueron apareciendo a medida que se construía, y en esta cuarta entrega ya nos encontramos bastantes de estos: los cristales son el eje central de la trama, encontramos chocobos aunque no moguris aún, además de que están las invocaciones más clásicas. También tenemos un mundo con castillos, reyes e imperios y surcaremos los cielos en barco volador. Vehículo en el cual empezamos nuestra aventura, con Cecil Harvey, capitán de los Alas Rojas: un comando militar que sigue las órdenes del rey de Baronía, y que han sido un poco cuestionables últimamente. Cuando Cecil se acaba por enfrentar al rey por las acciones que les obligan a hacer, es degradado y le encomiendan una nueva misión en la aldea de Myst. Que aquí será cuando se líe todo, y finalmente acabemos teniendo que salvar el mundo de una entidad malvada. Lo de siempre en esta saga.
Y como es habitual, a medida que avancemos encontraremos diversos personajes que se unirán al grupo. A diferencia de juegos más modernos, la mayoría de personajes entrarán y saldrán del grupo y la historia de continuo, y no es raro que un personaje desaparezca con todo el equipo recién comprado encima. Esto te hace replantearte continuamente las estrategias y te fuerza a cambiar las sinergias entre los componentes del grupo, aprovechando en su beneficio la limitación técnica de no poder cambiar de personajes de la party a placer. Esto hace también que el farmeo no sea tan bueno como en otras ocasiones, porque no sabes cuándo te quitarán al personaje en el que te estás centrando en subir de nivel. Además de que la curva de dificultad del juego es imposible sortearla farmeando, que además en determinados puntos se hace imposible por la cantidad ridícula de experiencia que ganas.
El combate es complicado y en los tramos finales no podrás avanzar a golpe de autocombate (mejor elemento añadido de los remakes), sino que tendrás que estar atente a la pantalla para evitar morir y coordinar todas las acciones. Porque aquí tenemos el sistema de combate por turnos ATB (Active Time Battle) con una barra doble: la del turno y el tiempo de ejecución de la acción. Esto obliga a cuidar bien qué tipo de acciones ejecutas y en qué orden, ya que a veces es mejor realizar ataques más débiles pero que llevan menos tiempo de ejecución. Las magias de estados alterados jueguen un papel muy importante, donde bio es el estado que más te salvará, incluidos los jefes. Porque aquí los jefes se ven afectados por los estados alterados, algo a lo que no estoy nada acostumbrada y es una gozada poder incluir estas magias en la estrategia de combate. Por el contrario, habrá algunos jefes donde necesitarás suerte e ir muy rápido ejecutando los comandos (que puedes colocar como mejor te venga en acceso rápido). Aunque todo esto vuelve parece muy complejo, al final queda todo muy bien integrado y vuelve los combates muy desafiantes. Excepto el de las Calcobrinas, que ese está a mala leche.
A nivel físico-técnico, como ya pasaba en Final Fantasy Tactics Advance 2: Grimore of the Rift, la pantalla táctil está totalmente desaprovechada frente a lo que veríamos más adelante. Podremos usarla para mover a los personajes y aparecerá información útil durante los combates, pero nada que te haga sacar el lápiz táctil de su sitio. Esto lo compensan algunas de las cinemáticas, que son puntuales pero espectaculares, además de contar con voces en inglés en algunas escenas. La traducción al español es de Rafael Ríos Pérez, según los créditos del juego, y hace un buen trabajo.
La última mención negativa es sobre un apartado de la historia y la heteronorma. Tenemos una trama romántica con Cecil y Rosa que evolucionará durante el juego, mientras que en el tramo final [spoiler] surgirá otra pareja hetero, entre Edge y Rydia, porque son un chico y una chica en edad de merecer que han cruzado dos palabras, lo que es una clara señal de que están perdidamente enamorados uno del otro. Ojalá estar exagerando o inventándome toda esta parte. [/spoiler]
Final Fantasy IV no deja de ser un juego interesante a nivel de historia para ver cómo las mecánicas de los Final Fantasy han ido cambiando a lo largo del tiempo. Por lo demás, no he encontrado nada destacable en él que merezca la pena, salvo el uso ingenioso de los tiempos de combate. Para mí ha sido una mera curiosidad más que otra cosa.
