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Análisis de Cuisineer

No es ningún secreto lo mucho que disfruto tirándome de cabeza a juegos que combinan el mazmorreo con otro tipo de actividades de gestión. Si a esta mezcla le añadimos una buena dosis de cocina y recetas con muy buena pinta, nos da como resultado Cuisineer, un juego cuquísimo que nos dará mucha hambre.

La historia nos pone en la piel de Lichi, que regresa a su ciudad natal, Paell, después de que sus padres hayan decidido marcharse de aventuras y dejar su restaurante con deudas pendientes. Nuestra protagonista tendrá que enfrentarse a la dura tarea de gestionar el negocio para ganar dinero y de conseguir ingredientes para poder cocinar. Para ello, tendrá que explorar diferentes mazmorras, mientras derrota a enemigos para poder conseguir productos frescos que echar a la cazuela. 

Lo más ingenioso y logrado de Cuisineer es la manera en la que consigue mezclar varios géneros, aparentemente muy dispares, dentro del mismo título. Por un lado tenemos la exploración roguelite en las mazmorras, donde si nos quedamos sin vida perderemos prácticamente todos los objetos que hayamos conseguido. Por otro, tenemos la gestión del restaurante con los diferentes tipos de clientes, platos y recetas, además de la decoración y mejora de las instalaciones. Recuerda mucho a Moonlighter por el tipo de mecánicas que combina, pero logra hacer algo único y muy diferenciable.

Centrándonos en el aspecto jugable, este título tiene un abanico inmenso de cosas que hacer. Por una parte, podremos hablar con prácticamente todos los personajes de Paell, que nos irán proponiendo misiones de conseguir ciertos ingredientes o materiales. Una vez las completemos, nos darán una receta que podremos usar en el restaurante. Es importante saber que las misiones no tienen una fecha límite, lo cual se agradece, aunque los personajes no estarán todos los días en el mismo sitio a la misma hora. Pasa igual con los comerciantes de la ciudad, ya que algunos se toman un día libre cada semana, por lo que debemos recordar qué días no trabajan para no hacer un viaje en balde. Esta mecánica me ha parecido curiosa porque me recuerda a Stardew Valley y a cómo maneja el tiempo y hace que los NPCs no estén simplemente parados en el mapa. 

En Cuisineer, además de relacionarnos con nuestros conciudadanos, tendremos que darles de comer en el restaurante. Podremos abrir cuando queramos, y a lo largo de las horas de apertura irán visitándonos diferentes tipos de clientes. Tendremos tres franjas horarias donde la actividad aumentará frenéticamente —el turno de la comida, el té y la cena— y es donde este título nos pondrá a prueba. Cuanto más mejoremos el restaurante y más mesas y fogones añadamos, más comandas se nos podrán acumular y los clientes podrán irse si no les servimos. Saber gestionar todos los tipos de fogones, mejorarlos y saber a qué cliente hay que servir primero es clave para que cada apertura sea un éxito. 

No solo podremos cocinar, sino que también tendremos que decorar el local para hacerlo más agradable a nuestra clientela. Dependiendo del tipo de objetos que usemos, atraeremos a unos clientes más que a otros, desde los niños pequeños hasta la realeza, pasando por turistas o gente mayor. Con cada nuevo bioma descubriremos materiales nuevos que nos dejarán fabricar diferentes tipos de muebles, y nos ayudarán a reforzar la presencia de ciertos visitantes. Además, podremos también decorar y mejorar el cuarto de Lichi, añadiendo más cofres, ventanas u otro tipo de muebles, tanto de almacenamiento como simplemente decorativos. En la variedad y combinaciones posibles está el gusto.

Pero sin duda, uno de los grandes atractivos de Cuisineer reside en la exploración de los biomas para conseguir ingredientes. Todos los mapas se generan de manera procedural, por lo que nunca nos enfrentaremos al mismo recorrido, tanto en extensión como en número de enemigos. Sin embargo, todas tienen dos características comunes. Todas tendrán seis niveles y nos encontraremos con un jefe en la tercera y sexta planta. Además, podremos abandonar cada una de nuestras exploraciones cuando queramos, sin necesidad de gastar recursos u objetos, lo cual es un añadido excelente para las personas a las que les dé más respeto este tipo de exploración. Cada una de las zonas tiene monstruos exclusivos que dan ingredientes concretos, como las gambas o los tentáculos, que solo se pueden conseguir en los Fiordos Helados. Eso sí, los biomas los iremos desbloqueando según vayamos pagando las deudas que han dejado los padres de Lichi, así que equilibrar la apertura del restaurante con la exploración es fundamental para conseguir mejores y más raros ingredientes.

Para completar estas mazmorras, Lichi tendrá a su disposición diferentes tipos de armas, todas relacionadas con el mundo de la cocina. Tendremos ligeras, pesadas y a distancia, cada una con diferentes ataques y tiempos de recarga. Todas las armas del juego cuentan con un ataque principal y uno secundario, pero además podremos aplicar mejoras para que aumenten el daño base, así como otras propiedades para dar desventajas a nuestros enemigos. Podremos comprarlas en uno de los comerciantes de la ciudad, pero también podemos conseguirlas en las mazmorras, y vender las que no queramos. Además, en una de las tiendas de la ciudad podremos infusionarlas —sí, como leéis— con comida para que tengan propiedades diferentes. Lichi también podrá colocarse guantes y botas para protegerse, además de aplicarse beneficios —como más salud inicial— o desventajas para los monstruos. Las posibilidades son infinitas, y totalmente adaptables al estilo de juego de cada persona, con lo que podremos tener builds muy específicas según lo que estemos jugando o según la mazmorra que hagamos. 

Podremos también ajustar la dificultad del juego, siendo el modo normal el más complicado, y el recomendado por los desarrolladores. No estamos ante un título especialmente difícil, pero se nos pueden atragantar algunos de los combates o de los biomas más complejos, así que podremos cambiar el porcentaje de daño que recibe Lichi en cualquier momento, accediendo al menú de opciones. Eso sí, esto solo afecta a las peleas y no a los servicios en el restaurante. 

Además de todas estas mecánicas, Cuisineer adopta totalmente el lenguaje de la cocina y de la comida y lo integra de manera magistral en todos sus elementos. Los días de la semana en Paell tienen por nombre un tipo de sabor, los personajes suelen tener nombres de platos o de especias, y tanto los bufos como nerfeos que podemos aplicar están relacionados también con los sabores y los alimentos. Saber traducir cada uno de estos nombres con sus particularidades, además de mantener los chistes y juegos de palabras, es un reto para el equipo encargado de hacer la traducción. La localización al castellano es estupenda y mantiene perfectamente el tono jovial y fresco que tiene todo el juego, y además aparece totalmente acreditada.

Hemos podido probar la versión de Nintendo Switch y el juego se ve estupendamente tanto en el modo portátil como en dock, y corre bien hasta en el primer modelo de esta consola. Durante mis partidas no he encontrado ni bugs ni errores, aunque sí algunas pequeñas caídas de FPS en zonas de mucha concentración de enemigos o cuando el restaurante empieza a tener mucha gente dentro. No afectan especialmente a la jugabilidad, pero sí que se notan. Las pantallas de carga, además, se acaban haciendo demasiado largas, algo que ralentiza y entorpece ligeramente la experiencia general. Es la única pega que le puedo poner a este juego.

Cuisineer es un título en el que podremos pasar muchísimas horas, ya sea explorando todos los biomas como cocinando y sirviendo a todo Paell y alrededores. Durante mis más de cuarenta horas de juego he reconocido elementos presentes en otros juegos como Moonlighter, Overcooked y Stardew Valley, todos ellos combinados de una manera que puede resultar algo abrumadora en sus primeras horas, pero que una vez logramos entender, nos mete de lleno en su mundo.

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