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Análisis de Dragon’s Dogma 2

Cuando pienso en exploración y mundo abierto en videojuegos se me ilumina la cara. Me gusta pasarme horas divagando por el mapa, completando cada píxel del mismo mientras recojo materiales o me peleo con el monstruo de turno. Una actividad que a veces puede resultar algo frustrante si no tenemos un objetivo claro, o si su extensión y falta de medios de transporte no nos lo ponen fácil. Dragon’s Dogma 2 nos presenta, precisamente, un mundo salvaje, lleno de vida y peligros en cada rincón, y con muchísimas posibilidades de exploración.

La historia nos traslada a una región paralela a donde se desarrolla el primer juego, con dos territorios importantes, Vermund —donde viven los humanos— y Battahl —la región de los férides, una nueva raza introducida en esta entrega—. El dragón ha elegido a su nuevo sucesor, el Arisen, después de enfrentarse en una batalla en la aldea de Harve. Este se convertirá en el Sovran, el legítimo heredero del trono de Vermund, cuyo título pasa de elegido a elegido. Sin embargo, la reina regente de los humanos, Disa, urde un plan para evitar que el legítimo heredero, nuestro Arisen, acceda al trono. Nos borra la memoria y nos envía a un campo de trabajo, del que huiremos en busca de respuestas y de nuestra identidad, mientras evitamos que Disa y el falso Sovran culminen con su plan. 

Uno de los platos fuertes de este título ha sido su creador de personajes, que permite que hagamos una personalización totalmente al detalle tanto de nuestro Arisen como del peón principal, un ser que acompaña al elegido durante su aventura. Es fácil perder horas, y no exagero, creando a nuestros personajes principales, porque además de elegir su apariencia, escogeremos también su vocación y hasta la personalidad del peón (si es más proclive, por ejemplo, a ir por su cuenta o a permanecer al lado del Arisen).  Es llamativo que, con un nivel de detalle tan espectacular, no podamos cambiar los pronombres a los personajes. Podemos modificar cosas como el tamaño del pecho o de las caderas, el tamaño del iris y de la pupila o elegir cualquier tipo de peinado para el personaje, hasta la voz. Pero si queremos que nuestro Arisen sea tratado en neutro no tendremos elección porque los pronombres están ligados al sexo del personaje. 

Además, a lo largo del juego, encontraremos peluquerías donde podremos cambiar aspectos concretos del personaje o rehacerlo entero si no estamos conformes. Para lo primero tendremos que pagar con oro, pero para lo segundo tendremos que adquirir un libro llamado “El arte de la Metamorfosis” en las tiendas ubicadas en las grandes piedras de falla —que se usan para invocar a los peones—. Este punto ha causado bastante polémica porque Capcom ofrece, a través de micropagos, este tomo para cambiar de apariencia, e incluso hubo personas que comentaron que este libro no era fácil de conseguir, algo que no es así. Se puede conseguir con relativa facilidad puesto que la moneda que se usa para ello (los cristales de falla) no es premium ni se consigue solo a través de micropagos. Podemos obtenerlas si otros jugadores contratan a nuestro peón —recibiremos una cantidad variable, dependiendo de cuántas personas lo hayan usado— o descubriendo las piedras de falla por todo el mundo. El foco de la polémica debería estar situado en que un juego de este tipo no necesita de micropagos, más que en la difusión de comentarios que han afirmado cosas que no son ciertas en torno a este asunto. 

Volviendo al juego, la trama de Dragon’s Dogma 2 es mucho menos enrevesada de lo que aparenta en un principio. Más allá de todo lo que ocurre en la corte de Vermund para hacerse con el trono, y algunos problemas que nos encontraremos en Battahl, la historia es, en muchas partes del juego, una excusa para enfrentarnos a bestias gigantescas y descubrir un mapa enorme. Iremos de un lado a otro, completando recados, hablando con gente o simplemente esperando a que llegue un personaje o nos entreguen un objeto, por ejemplo. La sensación que tengo tras casi 70 horas de juego es que la trama principal es prácticamente un pasillo —se puede llegar al final en unas 30-40 horas, sin desviarnos mucho—, el juego brilla más en sus misiones secundarias, que nos permitirán adentrarnos a fondo en ambas regiones, explorando cuevas y enfrentándonos a criaturas que nos pondrán a veces las cosas complicadas. 

La exploración es uno de los pilares de este juego, e invitan a ello desde un principio. Son regiones amplísimas, con retos en cada una de ellas —mientras que Vermund es más asequible, Battahl y la Isla Volcánica de Agamen tienen a enemigos que nos costará un poco más matar— y con misiones de escolta y ayuda en muchísimos rincones. Conocer el terreno de cada una de ellas es fundamental para no morir en el intento e intentar llevarnos el menor daño posible. Además, el único medio de transporte son los carros de bueyes, que conectan las ciudades importantes del mapa, así que prácticamente toda la exploración la tendremos que hacer a pie. Además, cambia muchísimo dependiendo si es de día o de noche; en esta última se vuelve muy difícil porque apenas se ve nada aunque vayamos con la lámpara encendida, por lo que si no conocemos la zona, estaremos a merced de los monstruos y de otras criaturas de la noche. Hay muchos campamentos repartidos por el mapa donde podremos descansar con nuestro equipo, pero es importante planificar las rutas y los descansos para evitar muertes innecesarias, tanto del Arisen como de los peones.

El otro pilar del Dragon’s Dogma 2 es el combate. Intenso, poco misericordioso con quien juega y a veces algo tosco, especialmente para quienes no hayan jugado a la entrega anterior. Además de los dos ataques básicos de cada una de las vocaciones, tendremos cuatro especiales, únicos de cada clase, y que se adaptan a nuestro estilo de juego. Podemos optar por tener un personaje más defensivo que ofensivo, o que ataque más a distancia que a melé. Las posibilidades son amplísimas, y si a eso le sumamos las combinaciones que se pueden hacer con los peones, tenemos un estilo de lucha que podemos diseñar a nuestro gusto en todos los aspectos. 

Además de tener a nuestro peón principal, podremos contratar a otros dos, sin restricciones de nivel o de clase —podemos tener un equipo solo femenino o masculino, o de una vocación en concreto, o todas distintas—, y además de ayudarnos en el combate, trasladarán la experiencia de su jugador a la persona que lo contrata, es decir, si el peón contratado conoce un tesoro en una cueva en Battahl a la que nosotros no hemos ido, nos lo puede enseñar (lo comentará y le podremos indicar si queremos que nos lleve a ella), o nos puede guiar en una misión que estemos haciendo. Lo mejor es que no tendremos que ir a las piedras de falla a contratarlos, sino que nos los podremos encontrar por cualquier camino del mapa —y nos dará la opción de contratarle o no, e incluso añadirle a favoritos si vamos con el equipo completo—. Al contrario que con nuestro peón principal, los contratados no suben de nivel con el jugador, por lo que es recomendable ir cambiando conforme avancemos para tener el equipo lo más equilibrado posible. Dragon’s Dogma 2, además, tiene peones especiales, llamados oficiales, que pueden ayudarnos en ciertas misiones, y que están creados por la propia Capcom. Estos peones tienen mejor equipamiento que los creados por la comunidad, no están siempre disponibles y conocen el mapa al dedillo, secretos incluidos. Yo no los he usado en ningún momento, y creo que pueden empañar la experiencia general de la persona que juega, especialmente en un juego donde la exploración es una de las bases. Creo que a estos peones los dejaría como último recurso si nos las vemos y las deseamos en ciertos momentos del juego.

Las clases, o vocaciones, son la base del combate. Contaremos con cuatro al principio (guerrero, arquero, mago o ladrón) y aumentan a diez conforme avancemos en el juego. Seis de ellas están también disponibles para los peones mientras que el Arisen tiene acceso a todas, incluidas cuatro clases únicas. Podemos elegir una vocación al inicio del juego y cambiarla posteriormente si no nos gusta cómo funciona, o si preferimos cambiar el estilo. Así también podemos cambiar la clase a nuestro peón principal si preferimos que adopte otro tipo de rol en combate. Podemos acabar el juego sin cambiar de vocación en ningún momento, o podemos ir probando según avancemos. 

Precisamente las combinaciones entre vocaciones son las que favorecen que podamos salir victoriosos contra grandes enemigos, como los grifos, los orcos e incluso los dragones. Están repartidos por todo el mapa y podemos cruzarnos con uno, o varios, en cualquier momento, lo que nos obliga a prepararnos siempre. Unos enemigos serán más fáciles de derrotar que otros, pero sí que he observado que algunos de ellos, como los dragones, son prácticamente esponjas de daño. Cuentan con ocho barras de vida y son, con diferencia, el enemigo más difícil del juego, no solo por el daño que hacen sino por sus ataques, que pueden diezmar al equipo en cuestión de segundos y hacer un fin de partida rápidamente. Mientras que sí que pienso que deben ser duros de vencer, creo que no terminan de estar equilibrados con respecto al resto del juego, y acaba resultando en muchas ocasiones en batallas muy frustrantes en las que el dragón se marcha porque no se le ha hecho suficiente daño en un tiempo concreto, o en las que nos retiramos porque no podemos asumir más daño —cada vez que recibimos golpes o morimos, perdemos capacidad máxima de salud, que solo se regenera si descansamos en un campamento o taberna—.

Este título aprovecha todo el potencial de la PlayStation 5, ya que no hay pantallas de carga mientras jugamos —solo cuando iniciamos el juego—. Eso sí, la tasa de fotogramas por segundo es muy mejorable puesto que hay momentos puntuales a los que va a 60fps, y el resto del juego está a 30, y es un cambio que se nota muchísimo. Hay zonas con gran concentración de NPCs donde se acusa todavía más la bajada de frames, sin llegar a ser algo que interrumpe totalmente la experiencia de juego, pero sí se hace incómodo. Con el lanzamiento del primer parche añadieron una opción para bloquear la tasa a 30fps en vez de dejarla variable, algo que se agradece. El mando, sin embargo, sí que se nota más desaprovechado, ya que solo se le saca partido al altavoz cuando estamos a punto de morir (que se escucha un latido muy fuerte proveniente del mando) o cuando uno de nuestros peones ha caído. 

A nivel de gráficos y diseño de mundo nos encontramos con una bestia. El modelado de las ciudades, NPCs, equipo, etc. es impecable. El nivel de detalle que se ha logrado en todos los aspectos es impresionante, y no niego que haya pasado horas en las ciudades admirando los detalles, o sacando capturas de los paisajes porque son espectaculares. Por suerte no nos encontramos ante un juego con filtro gris o desaturado, y cada una de las zonas del juego es brillante y colorida, invitándonos a profundizar en ellas.

Los problemas de rendimiento de Dragon’s Dogma 2 han sido bastante comentados desde la salida del juego. Cuestiones que se han visto tanto en consola como en PC, y que personalmente han empañado mi experiencia. Es el título que más veces se me ha quedado congelado tanto en la pantalla de carga de la partida como en movimiento, e incluso en peleas largas. Ha sido muy frustrante perder progreso, especialmente en el último tramo del juego, en una de las peleas, por esta cuestión. Con el primer parche se consiguieron mejorar muchos de estos aspectos pero juego con miedo a que, por ejemplo, en un enfrentamiento se congele y tenga que volver a empezar. 

Creo que estamos ante otro de los candidatos a llevarse el premio a juego del año por su vastísimo mundo, su sobresaliente aunque exigente sistema de combate, y su exploración y gráficos, que elevan a la máxima potencia la idea del juego original. Pero Dragon’s Dogma 2 flaquea en cuestiones relevantes como su historia y narrativa, ya que desluce al resto de elementos, y acaba dejando una sensación agridulce. Las amplísimas posibilidades que ofrece quedan a menudo empañadas por problemas de rendimiento que necesitan solucionarse, decisiones pobres a la hora de nutrir la historia principal y el poco equilibrio en el combate entre las personas que juegan y algunos grandes enemigos. Dentro de estos problemas, y de los innecesarios micropagos, hay un muy buen título que gustará a los amantes de los juegos de rol de acción.

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