Cuando los diseñadores son los protagonistas

25/02/2019 | 2 comentarios

Desde su explosión en la cultura popular en los años 80, existen muchas películas que han retratado al gamer como el héroe de la acción o han planteado escenarios donde los videojuegos estaban muy presentes. Desde Tron a The Last Starfighter a las más modernas como Pixels o Ready Player One, las premisas mayoritarías eran: un chico o un grupo de chicos expertos en videojuegos utilizan su sabiduría gamer para salvar al mundo de la destrucción inminente, ya sea desde dentro de un videojuego vía realidad virtual o a los mandos de su consola. Los fans los tenemos cubiertos, ¿pero qué pasa con aquellos que crean los videojuegos? Si profesiones como escritor de postales motivacionales o publicitarios egocéntricos de los 60 han tenido sus películas y series, ¿qué pasa con los diseñadores? Hoy, una pequeña lista con cuatro películas que retratan el oficio de maneras muy diferentes.

ELLE

Acompañado de una inmensa Isabelle Huppert, Paul Verhoeven, director inclasificable que nos ha dejado joyas de culto del sci-fi como Robocop o Starship Troopers, incurría en Elle en el cuestionable subgénero del rape and revenge. En la película, una reputada diseñadora de videojuegos es violada en su casa por un hombre enmascarado; a partir de aquí inicia una particular vendetta que se entrelaza con el desarrollo de su último videojuego, casualmente Styx: Master of Shadows, cuyo estudio Cyanide tiene base en París, localización donde transcurre la trama.

El ambiente laboral en el estudio está muy presente durante todo el metraje, e incluso se plantean situaciones de acoso y bullying laboral por parte de un equipo mayoritariamente masculino en contraposición a Huppert, la presidenta de la compañía, que debe justificar su liderazgo en más de una ocasión por el escepticismo que presentan algunos diseñadores ante sus decisiones. Una película divisoria donde las haya que, sin embargo, integra la industria del videojuego a su trama con total naturalidad, algo bastante inusual ya que cuesta recordar ejemplos donde el escenario de fondo sea una desarrolladora.

 

RUSSIAN DOLL

La nueva serie revelación de Netflix (aunque al ritmo que van sus estrenos hablar de nueva puede ser algo relativo) cuenta entre sus creadoras a Amy Poehler, de Parks and Recreations y Nathasha Lyonne, protagonista de esa locura del cine bollero But I’m a Cheerleader y una de las más carismáticas presas de Orange is the New Black.

Aquí, Lyonne también es Nadia, una destartalada diseñadora de videojuegos que está atrapada en un loop temporal digno del hijo cuántico que tendrían El día de la marmota y Al filo del mañana. Aunque el estudio como tal no llega a verse más que en una ocasión, sí se muestra a Lyonne escribiendo código y rehaciendo bugs, y su oficio y forma de pensar derivada de ello es la que acaba dándole la clave al personaje para desbloquear el misterio de la serie. Además, este loop se reinicia siempre que ella muere, por lo que se crea también un paralelismo con las mecánicas de “muerte y reintento” que tan integradas están en casi todos los videojuegos.

 

READY PLAYER ONE

En la última película de Steven Spielberg se mezcla el entramado laboral del desarrollo, aunque en clave muy futurista, con el tropo del héroe/fan que, al conocer todas las mecánicas, es capaz de triunfar y hacer frente a la adversidad y todo aquello que sigue. Pero también hay espacio para el creador, en este caso personificado por dos personajes antagónicos: Halliday, presentado como el Dios benevolente de OASIS, realidad virtual donde ocurre la película y Sorrento, el malvado rival, suerte de demonio, que desea corromper ese mismo OASIS para convertirlo en infierno y también todo aquello que sigue. En este caso, se puede apreciar la figura del desarrollador como creador de mundos, especialmente en la figura de Halliday, algo así como un Sean Murray deificado y sin barba pero con los mismos problemas para comunicarse con los demás.

 

EXISTENZ

Me gustan mucho las películas que son como sueños, o pesadillas. Donde no puedes predecir nada de lo que va a pasar, y todo se va sucediendo de la más aleatoria de las maneras. Personajes que aparecen aquí y luego allá, sin saber tú cómo han conseguido estar en dos sitios a la vez sin hacerle perder sentido a la trama. Porque los sueños siempre tienen sentido mientras son soñados. Pues esto es un poco lo que pasa cuando ves esta película de David Cronenberg, que es imposible creerse nada de lo que está pasando, pero te lo crees con tanta convicción como la que tiene Kojima cuando habla de todas las películas y series de Mads Mikkelsen.

En ExistenZ, Cronenberg aprovecha para dar rienda suelta a todas sus filias y fobias e imagina un distópico futuro cercano donde la Realidad Virtual se ha ido de madre en el tema de fusionar el cuerpo con la mente. Ahora las consolas son como fetos portátiles que los jugadores debemos enchufarnos para poder encender, pues se alimentan de nuestra propia energía. Así no hay quejas con la batería. Tampoco se necesita ningún dispositivo virtual, pues son nuestras propias mentes las que actúan como interfaz gráfica del juego.

En la trama, la protagonista es Allegra Geller, la diseñadora de videojuegos más famosa del mundo, algo para lo que en 2019 aún no podemos encontrar un equivalente. Mientras conduce una sesión de betatesting con su última obra, ExistenZ, un altercado provoca que el futuro del juego esté en peligro. A partir de aquí todo se vuelve muy loco y yo me volvería aún más loca si intentara contarlo en palabras. La película es interesante porque en todo momento se están subrayando mecánicas y peculiaridades de los videojuegos, como los NPCs que deben activarse para continuar con tu misión o cómo tu personaje te obliga a decir cosas que no necesariamente piensas porque así lo tiene escrito en su código.

Con el poco acierto que ha tenido el cine para hablar de los videojuegos como medio, Cronenberg se marcó en 1999 una película sobre la Realidad Virtual que sigue teniendo mucho que decirnos hoy día. La vida es sueño y el sueño es videojuego.

Al final me he enrollado un montón con ExistenZ para que no se note que es mi favorita.

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adamantai
adamantai

2 comentarios
Kitsu
Kitsu 25/02/2019 a las 2:51 pm

Tus columnas siempre son lo mejor y que grande es but i’m a cheerleader.

Elodie
Elodie 26/02/2019 a las 2:52 pm

Jo, muchas gracias, Kitsune. Y But i’m a cheerleader es tan grande como tú <3

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