Devil’s Attorney, abogado ochentero lucha por su cliente

19/08/2019 | No hay comentarios

Hacía mucho tiempo que el protagonista de un juego no me daba tanto asco como Max McMann, nuestro personaje en Devil’s Attorney. Y a pesar de ello, aquí estoy, a punto de recomendar este juego para Android e iOS a toda aquella persona que me lea. ¿Por qué? Bueno, pues porque a pesar de este protagonista tan rancio, es un juego muy divertido y que te engancha desde el primer momento.

La historia comienza presentándonos a nuestro querido Max McMann, un abogado de los 80 que inicia su carrera como defensor de todos los delincuentes que tienen la mala suerte de caer en manos de la policía. Pero Max no está para juzgar a nadie, sino para ganar juicios, así que hace todo lo posible para que sus clientes queden libres: manipulación de pruebas, intimidación de testigos, tergiversación de hechos… Todo vale, porque nuestro personaje tiene la moral de una piedra, un montón de malhechores dispuestos a pagarle muy bien, un tremendo gusto por las cosas caras, y además encanto y carisma para parar un tren (o eso es lo que él cree, aunque el resto de la humanidad no esté muy de acuerdo). 

Comenzamos en un apartamento roñoso que tendremos que ir decorando a nuestro gusto y amoldándonos a nuestras necesidades, porque ante todo dependemos de nuestro Materialismo, Decadencia y Vanidad. Esto, por egocéntrico que suene, tiene que ver directamente con el futuro de nuestra carrera, ya que por cada punto que obtenemos en cualquiera de esas tres clases, más cerca estaremos de desbloquear nuevas habilidades que podremos usar en los juicios. Además, adornando tu piso también puedes conseguir mejorar las aptitudes que ya tienes, aumentar tu fuerza o conseguir puntos de acción adicionales. Con el tiempo, incluso acabarás comprando ropa y ornamentando tu flamante coche nuevo, que no todo va a ser reformar la cocina y comprar un sofá de leopardo rosa, además de una bola de discoteca dorada.

No obstante, para hacer todo eso necesitas dinero. Mucho dinero. Por suerte, como ya os había dicho, nuestro Max se dejó la ética y la dignidad en el bar de al lado, así que nos lanza de cabeza a todos los juicios que pasan por delante. Y aquí es donde llega lo divertido, porque resulta que los juicios son combates por turnos en los que tienes que usar la estrategia sí o sí, absolutamente todo tiene truco y cada fiscal tiene sus propios movimientos. Tenemos que planear cada una de nuestras acciones para reducir la credibilidad de nuestro adversario, que contará con multiplicadores, bloqueos o restauradores de daño en forma de testigos, instructores o el propio fiscal, además de peritos que aumentan el ataque de las pruebas. Si escogemos mal, podríamos acabar con nuestro cliente en la cárcel por obsesionarnos con destruir a un instructor, olvidándonos de que si no hay testigo tampoco hay instructor que valga. O si no hay prueba, no hay perito (ni delito).

La guinda del pastel la ponen las descripciones de los casos y los criminales, pero sobre todo las conversaciones que tiene Max con los fiscales de cada caso justo antes de comenzarlos. Ahí ves que realmente no estás sola y le cae mal a todo el mundo por ser un egocéntrico y bastante imbécil. Las diálogos son entretenidos y tienen muchos detalles graciosos (todavía me sigo riendo de una escena que incluye chili y un semáforo), Margaret Jones y Susan Maple tienen el cielo ganado, e incluso hay un fiscal llamado David Ducha Duchée que hará que nos parezca que en el fondo Max McMann no es tan capullo como creíamos… hasta que Max abre la boca, claro.

En definitiva, después de haberlo terminado en unas horas me quedé con ganas de seguir jugando, así que no puedo hacer otra cosa que recomendarlo y que vayáis apuntando las collejas que le daríais a McMann. Merece la pena.

Cómprame un café en ko-fi.com

Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: