Icono del sitio Todas Gamers

Análisis de Final Fantasy VII Rebirth (PC)

Key art de Final Fantasy VII Rebirth. Cloud, Sefirot y Zack

Cuando hace ya algunos años abandoné Final Fantasy III, una parte de mí sabía que volvería. Y es que, salvo por el combate por turnos, formo parte del público objetivo de esta saga. No por nada las expertas de la materia de la redacción, Darkor y Akusokozan, llevan tiempo intentando (re)empujarme al pozo. Especialmente utilizando sus últimos títulos como cebo. Y ha tenido que llegar la oportunidad de jugar de forma anticipada a la versión de PC de Final Fantasy VII Rebirth para que esto ocurriera. ¡No os alarméis! Sabía lo que me esperaba, más o menos, que una no los ha jugado, pero se ha mantenido siempre cerca. Así pues, como dijo Cloud… ¡Allé voy!

Voy a asumir que si estáis por aquí es porque no sólo estabais deseando continuar la aventura allá donde lo dejó Final Fantasy VII Remake, sino que habéis sorteado todo tipo de spoilers. Así pues, lo primero es lo primero: enhorabuena, no ha sido fácil, ¿eh? Por lo que a mí respecta, voy a mantener ese logro intacto y a centrarme en lo verdaderamente importante. ¿Cómo que la historia y la manera en que continúa allá donde lo dejó su predecesor? Por favor, parece mentira que me conozcáis.

Por no dejaros con el gusanillo, diré que Final Fantasy VII Rebirth enlaza con la entrega anterior tan bien como esperábamos. Y en caso de que no nos acordemos o vengamos de nuevas —cosa que dudo bastante—, dispondremos de un resumen bastante apañado que podremos visualizar tantas veces como queramos. De este modo, tendremos la historia fresca para continuar con nuestra aventura. A partir de aquí, con esta segunda entrega del juego, llega la reimaginación de la historia, ese renacimiento que promete el título. Algo de lo que se ha hablado mucho y que estoy segura de que estaréis deseando descubrir por vuestra cuenta.

Así pues, acompañaremos a Cloud, Aerith, Barret, Tifa y Red XIII por un mundo abierto lleno de cosas que hacer y lugares en los que pararse. Tras escapar de Midgar, tendremos a nuestra disposición un mundo tan amplio como horas por delante, si bien es cierto que al principio iremos más a tiro fijo. Cada cosa a su debido tiempo, no sea que nos agobiemos. ¿Nuestro objetivo? Dar caza a Sefirot, una inquietante persona del pasado de Cloud con una ambición que pone en peligro al mundo entero. No desvelaré más detalles porque es una trama digna de descubrir a nuestro ritmo, vibrando en el asiento con cada cinemática.

Y es que si algo me ha quitado el aliento en Final Fantasy VII Rebirth, aparte de su historia y escenarios, es cómo se ve sin tener yo un ordenador de la NASA. Vale que tampoco es una patata y que cumple algo más que los requisitos mínimos para tirar el juego sin sufrir, pero aun así. El juego, ya antes de su lanzamiento, tiene un rendimiento pulido sin tirones ni caídas de frames. Ni siquiera en los momentos que más exigen.

A lo largo de la partida, he alucinado desde el minuto uno en adelante de cómo se ha cuidado el acabado de las texturas. Desde el contraste entre armaduras y prendas de cuero o lana hasta los poros de la piel o el movimiento del pelo. Por no hablar del juego de luces que, en determinadas escenas y escenarios, nos obligará a quemar el botón de capturar pantalla irremediablemente.

Además, jugando con la configuración conseguiremos adaptar la experiencia a nuestras necesidades y las características de nuestro ordenador. En mi caso, apenas tuve que tocar nada y disfruté de la experiencia en alta resolución y 60 fps estables. Sin revolucionar el ordenador ni utilizarlo como calefactor. Cabe decir que también funciona en Steam Deck a las mil maravillas, por si el tiempo no acompaña y hay que movilizarse bajo una manta. Y aunque se puede jugar cómodamente con ratón y teclado, debo admitir que yo conecté mi DualSense para disfrutar de los gatillos adaptativos. Caprichos que tiene una para enriquecer la experiencia.

Por su parte, no puedo sino darle la razón a mis compañeras en lo que al combate se refiere. Y es que lo he disfrutado como una enana. Mantiene parte de la estrategia, pudiendo analizar los movimientos del enemigo y atacar a diversos puntos y de diferentes maneras. De hecho, en más de una ocasión he agradecido esa pequeña pausa que permite escoger a quién golpear y con qué movimiento. Del mismo modo que he disfrutado cambiando ágilmente de personaje entre miembros del equipo para atacar de una u otra manera. Y sin tener que preocuparme por aquel al que no controlaba, aunque sin quitarle el ojo de encima. Por no hablar del partido que se les saca a las sinergias y los límites. Todo un descubrimiento, vamos. ¿Qué os voy a contar? Ya me lo advirtieron.

Cierto es que, si se me hubiera atragantado, disponía de la opción de cambiar la dificultad en cualquier momento. Sin embargo, en el modo estándar, encontramos una experiencia equilibrada, donde resoplaremos con algunos combates, pero avanzaremos sin mayor problema. A menudo un cambio de estrategia y buscar un espacio para curarnos o utilizar algún objeto o magia serán clave. También vigilar nuestro equipamiento, claro está, como viene a ser costumbre en el género.

También he llegado a comprender qué hace tan atractiva la saga, ya que, más allá de sus mecánicas, cuenta con unos personajes que nos harán pasar por todas las emociones. A decir verdad, en ocasiones he querido que recortaran cinemáticas, pero la mayor parte del tiempo me he dejado llevar y hasta he pensado en hacerme palomitas. Y es que si bien las interacciones entre los miembros del grupo están muy bien, los fragmentos de historia me han mantenido pegada a la pantalla queriendo saber más. A ello se suma un doblaje en inglés o japonés con una actuación increíble y, sobre todo, un trabajo de localización a nuestro idioma —entre otros— estupendo.

Además, desconozco la opinión del fandom en cuanto a la expansión del mundo y la introducción de tantos elementos, pero me ha encantado. Es cierto que, habiendo tantas cosas que hacer, es fácil perderse en actividades y alejarse mentalmente del hilo conductor de la trama. Sin embargo, también se puede ignorar lo secundario e ir a lo que nos interese en ese momento. O dejar estas actividades para aquellos momentos en los que necesitamos un respiro. De igual modo que podemos recorrer el mundo de diferentes maneras, sea a pie, utilizando el viaje rápido o un vehículo, o a lomos de un chocobo. ¿Que iremos más despacio? Puede, pero CHOCOBOS.

No son pocas las veces en las que he hablado con fans de la saga sobre la “necesidad” de rehacer un título mítico y dividirlo en tres partes. De los pros y contras de las decisiones tras los cambios y las novedades. Y he leído o escuchado atentamente a las expertas en la materia de la redacción mientras sentía cómo crecían las ganas de darle una oportunidad. Final Fantasy VII Rebirth no tiene que ganarse a su público porque sabe que todo lo que hace lo hace a las mil maravillas.

En su versión de PlayStation 5 ya demostró que seguía tan fuerte como Final Fantasy VII Remake. Y que la historia que creíamos conocer nos tiene preparadas algunas sorpresas. Con su salto a nuestros ordenadores, nos subimos a esa montaña rusa de emociones que observábamos desde fuera. Escuchando los gritos, interpretando sentimientos y opiniones, pero esperando pacientemente nuestro turno de descubrirlo por nuestra cuenta. Y ahora no queda sino preparar los pañuelos y dejarnos llevar por una aventura que si algo tengo claro es que nos va a doler. ¿Que cómo lo sé si no he jugado al original? ¿Acaso alguien lo duda?

Salir de la versión móvil