Soy una gamer, y no soy de mentira.

Durante casi toda mi vida, aun sin saberlo, he tenido miedo de esa frase. Siempre me han gustado los juegos, me proporcionan una sensación de evasión del mundo real muy necesitada por mi parte, como los libros o los cómics. Pero, ¿soy una gamer? Por mi edad, la primera consola que tuve fue una game boy pocket. La adoraba, la llevaba conmigo a todas partes, la decoré con pegatinas, dibujos… Había temporadas que solía llevar conmigo varias pilas de repuesto por si las de la consola decidían acabarse en mitad de la calle. Por aquel entonces todo era un poquito más sencillo; la mayoría de la gente de mi edad y mi entorno tenía una, o sus hermanos tenían una y la compartían, o tenían una consola en casa… Todos jugábamos y era divertido. Pero con los años la gente fue poco a poco abandonándolas. Muchos seguimos jugando, sí, pero muchos otros decidieron que eso era de críos, que ya no debían seguir llevándola a todas partes. Yo no lo entendía pero tampoco me importaba, seguía jugando.

Llegaron otras consolas, muchas de las cuales conocí solo de oídas (aunque aún tengo mi PSX a buen recaudo). Jugaba cuando podía, en los ratos muertos en casa, en los viajes en coche, en la playa (niños, no lo hagáis con las consolas portátiles. La arena y los controles no se llevan precisamente bien).

De repente me vi plantada en mitad de la adolescencia. Las consolas de mi infancia se habían vuelto obsoletas y aunque seguía usándolas cualquier cosa nueva estaba fuera del alcance de mi mano. Intenté conseguir alguna más reciente, incluso alguna de segunda mano, pero siempre me chocaba con el mismo muro “¿No eres ya demasiado mayor para seguir jugando a jueguecitos?”. Fue un callejón sin salida para mí durante bastantes años: sin ordenador propio, sin familiares de los que heredar ninguna y sin, obviamente, dinero propio que gastar. Y me olvidé de los juegos.

Y entonces llegó el World of Warcraft.

La gente que me conoce sabe que cualquier cosa remotamente relacionada con la fantasía tiene, en principio, todo mi interés sin decir una palabra. Y el WoW no era solo algo que pudieses oír por tus amigos o ver en tiendas especializadas: lo anunciaban en televisión. Podías saber que existía incluso aunque no tuvieses relación con el mundo de los videojuegos. Y me dije “¿Sabéis qué? A la mierda, esto es para mí”. Por aquel entonces yo acababa de conseguir mi primer ordenador propio y podía por fin tener libertad y privacidad a la hora no solo de instalar contenido sino de estar con él así que descargué la versión de prueba. Fueron apenas unos días pero no necesité más.

A día de hoy el WoW, por cuestiones tanto de tiempo como de dinero ya no forma parte de mi vida, si bien he pasado ratos increíbles en él y sobre todo muchas, muchas, muchísimas horas, pero algún día volveré, aunque no de forma tan asidua. Pero lo menciono porque para mí fue un volver a los videojuegos, un darme cuenta de que no eran algo solo para críos. Si los padres responsables con trabajo e hijos podían permitirse un par de horas en la madrugada jugando al WoW, ¿por qué no iba a poder yo?

Hablo del WoW porque para mí fue un punto de inflexión en mi vida, fue la razón por la que volví a los videojuegos y es muy importante para mí, a su manera, pero no he empezado escribiendo esto diciendo que soy una gamer por jugarlo. Tampoco lo soy por mi habilidad (mayor o menor) en un videojuego, lo soy por lo que disfruto con ellos y por el tiempo que les dedico.

Ya estoy cansada de serlo “de mentirijillas” por los juegos a los que dedico mi tiempo libre, porque estos no sean los habituales, ni los retro ni nada por el estilo. Es más, ni siquiera tengo una consola de sobremesa (más allá de mi vieja PSX) y soy gamer. La mayoría de mis juegos favoritos ni siquiera requieren instalación, soy una loca de los juegos de navegador y eso no me hace ni mejor ni peor que un gamer con todas las consolas habidas y por haber y una torre de juegos más alta que yo. Juego a lo que quiero, a lo que me gusta y a lo que, y esto es importante, me entretiene. He dedicado tantas horas a juegos de navegador que me abruma solo pensarlo, y los que los desprecien por ser lo que son lo siento por ellos porque se pierden un mundo fascinante con una accesibilidad muchísimo mayor que cualquier AAA. Y hay verdaderas maravillas ahí fuera, esperando que mucha gente los descubra y los disfrute.

Esto que he dicho no quita que disfrute y juegue a otros juegos: He instalado tantísimos juegos en mi móvil (instalado y desinstalado con el tiempo, entiéndase) que ya he perdido la cuenta. Y esos juegos también son “de verdad”, le duela al que le duela.

Juego a lo que mejor se adapta a mí, a mis posibilidades (tanto económicas como de tiempo) y juego mucho.

Soy una gamer y he venido a reclamar esa palabra.

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