Questo di pesto
Análisis de Enotria: The Last Song
16/09/2024 | Nix | No hay comentarios
Hasta hace aproximadamente un par de años no había podido entrar en el género de los souls como me habría gustado. Quienes lo hayáis intentado, sabréis que los inicios suelen ser un cúmulo de frustración y de no poder llegar a entender lo que el juego quiere de nuestras habilidades, y que, sin embargo, hay un momento en el que todo hace clic y a partir de ahí va todo sobre ruedas. No fácil, claro está, pero sí de una manera en la que no nos importa repetir las cosas una y otra vez porque sabemos dónde estuvo nuestro error. Y por eso, desde hace tan poco tiempo me he dedicado a probar todos los soulslike posibles, para comprender cada decisión de diseño y qué lleva a tomarla, para disfrutar de esos viajes tan complicados, agresivos y oscuros. Aunque en esta ocasión el camino me ha llevado hasta un ambiente soleado y cálido con un trasfondo italiano en Enotria: The Last Song, un juego que demuestra como pocos soulslike que no todo tiene que ser lúgubre para contar una buena historia.
Esta es una de las pocas ocasiones en las que la ausencia de un selector de personajes tiene más sentido que la existencia del mismo. Y es que nuestro personaje es una simple marioneta viva y de madera, un Ser sin Máscara que despierta en un mundo en el que solo existe el Canovaccio, una obra de teatro permanente que mantiene a todo aquel que se halla en su interior en una especie de parálisis temporal donde lo único que pueden hacer es repetir una y otra vez su papel en la obra. Todos, excepto Pulcinella, quien nos hará de una especie de guía para ayudarnos (o más bien que le ayudemos) a acabar con esa representación y todo lo que oculta tras las bambalinas. Para ello nos tocará escoger nuestro camino, dentro de las posibilidades, y combatir con todo aquel que esté sufriendo esas ataduras a través de las diferentes zonas que nos presentan.

En general, podríamos considerar Enotria: The Last Song como un juego bastante lineal. Y es que no contaremos con un mundo abierto, sino con escenarios amplios y con recovecos, pero que siempre nos acaban llevando hacia nuestro camino principal. Y, si aun así nos perdemos, siempre podemos acudir a la tan socorrida lectura de libros y objetos, donde nunca faltará alguna pista para que podamos encontrar algo nuevo. Porque si algo hace este juego es premiar la exploración, ya sea con armas, mejoras, o incluso minijefes que nos enseñarán algo más sobre la zona. Y no, no me refiero a enseñarnos a barrer el suelo con nuestra cara. Y es que, desde el inicio, nos daremos cuenta de que cada uno de esos enemigos que pueblan las calles tiene un motivo para estar ahí, y en muchas ocasiones ese motivo es enseñarnos a combatir contra un futuro jefe importante. Pero, por otro lado, nos daremos cuenta de que no siempre nos percibirán, y podremos verlos bailando o actuando sin prestar la más mínima atención, ofreciendo la sensación de un mundo vivo. O lo más vivo que puede estar dentro del Canovaccio.
Sin duda, donde más se pueden lucir los soulslike es en los jefes. Tanto por su diseño, como por sus arenas, o por sus ataques, estos siempre acaban siendo la pieza clave que dará el aprobado o no del juego. Y, en esta ocasión, han conseguido equilibrarlos bastante bien para que no den la sensación de ser injustos, pero al mismo tiempo que no sean algo fácil de matar. Eso sí, en más de una ocasión nos obligarán a jugar como el juego quiere, y no como queramos. Es decir, en este título no tendremos una build que nos durará toda la partida, sino que está enfocado a obligarnos a ir cambiando de máscaras dependiendo de los combates o las zonas, e incluso a ir variando de arma para combinar los daños elementales, cosa que nos costará menos cuando veamos que los materiales que utilizaremos para mejorarlas serán reciclables, y nos animará más a probar diferentes estrategias. Pero con lo que más nos daremos cuenta de cómo nos obliga a jugar de cierta manera es con los parrys. En más de una ocasión veremos que es prácticamente imposible evitar hacerlos, y tendremos que aprender sí o sí. Aunque, al menos, nos ofrecen una ventana bastante amplia, y no solo tendremos la opción de hacerlo perfecto, sino que aunque nos salga regular todavía será de cierta ayuda. Y menos mal, porque el mayor problema que he encontrado aquí es precisamente a la hora de esquivar, ya que no acaba de hacerlo del todo bien. Las esquivas son escasas y es extremadamente fácil fallar, con el añadido de que, además, sólo pueden hacerse en forma de cruz y no hacia cualquier lugar al que dirijamos el joystick. Son detalles a los que nos acostumbramos pronto, pero unas decisiones de diseño que pueden jugárnosla en el último golpe contra el jefe.

Si bien las mecánicas principales que nos encontramos en Enotria: The Last Song son las ya características de cualquier soulslike, también han decidido añadirle algunas extra que encajan muy bien, pero en ocasiones se vuelven demasiado. Por un lado, tenemos la posibilidad de tener tres builds diferentes preparadas para poder cambiarlas rápidamente en cualquier momento, utilizando diferentes máscaras para ello. Aparte de que cada máscara tenga sus características propias, también podremos añadirle aspectos diferentes que modificarán nuestras estadísticas, por si en un momento necesitamos fuerza, pero al siguiente la magia es lo que nos salvará el pellejo. Además de eso, también tendremos la posibilidad de ir desbloqueando talentos en un árbol de mejoras llamado la Senda de los Innovadores, y los iremos asignando a la máscara según necesitemos, pudiendo cambiarlos como todo lo demás en las Cordas Risonantes de descanso.
Por si esto nos parece poco, también tendremos la posibilidad de utilizar el Ardore tanto para puzles como para el combate. Nos iremos encontrando por el camino partes que podremos destruir con un golpe de Ardore, pero también activaremos unos símbolos que harán que ciertas partes regresen a un estado anterior momentáneamente para que podamos seguir avanzando. Y en cuanto al combate, podremos equipar hasta cuatro ataques diferentes que se irán cargando a medida que vayamos avanzando, y que podrán ser clave cuando se nos juntan varios enemigos. Eso sí, tened en cuenta que hay muchísima variedad, y que no solo hay que saber encontrarlos, sino también elegirlos. Y aquí es donde ya se complica la cosa, porque en alguna ocasión nos encontraremos que para hacer un buen combo, tendremos que colocar cada cosa en un lugar concreto y acorde a las otras mejoras, por lo que seguramente en más de una ocasión dejaremos de lado las matemáticas videojueguiles e iremos con todo, pase lo que pase, arriesgando a ver si sale bien la cosa.

Seguramente habréis leído alguna vez eso de que, con una buena dirección de arte, no importa lo más mínimo que un juego no se vea fotorrealista. Esto es exactamente lo que sucede aquí, y es que han cuidado tantísimo cada detalle, cada escenario e incluso cada iluminación, que tendremos en todo momento la sensación de estar paseando por unas calles y campos italianos. Y, por supuesto, tampoco se queda atrás el diseño de los personajes, que nos obligarán a fijarnos en cada pequeñez de sus máscaras y ropajes únicamente por su belleza. Todo ello acompañado de una música que desde la pantalla de inicio nos grita lo inspirada que está en las obras de From Software, jugando muy a su favor y sin nada que envidiar, mientras se adaptan al territorio que quieren representar. Y, por si hay alguien que tenga alguna duda, aunque sea complicado, el detallito de añadir objetos curativos con forma de pesto, de minestrone o de pizza es lo que le da el toque final para que, además, nos dé esa pincelada de humor que tanto se echa en falta en algunas ocasiones.
Enotria: The Last Song es uno de esos títulos que entiende que la base de los soulslike no se limita simplemente a plantear combates difíciles, y al mismo tiempo trata de ofrecer cierta novedad a la hora de jugar. Con un sistema bastante equilibrado y una dirección de arte maravillosa, invita a explorar y perderse por cada parte del escenario, disfrutando de cada momento entre combate y combate, sin perder de vista al siguiente jefe que vayamos a gozar. Y es que, en el fondo, el alma de un souls no reside únicamente en su dificultad, sino en el camino que recorremos, en la superación y, en este caso, en qué hay tras las máscaras.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

