La sábana me protegerá
Análisis de Tormenture
13/11/2024 | Nix | No hay comentarios
Cuando pensamos en juegos de terror, por norma general suelen venirnos a la mente esos títulos con persecuciones, sangre y bichos horribles que nos agobian y provocan ansiedad. Sin embargo, hay un tipo de terror que tenemos guardado en nuestra memoria, ese que sabemos perfectamente que en ningún momento fue un peligro real pero muchos años después seguimos recordando con todo detalle. Solemos llamarlos, de manera equivocada y un poco por el chiste, nuestros traumas infantiles, esos sustos sin sentido que hemos vivido durante nuestros primeros años de vida y que todavía nos da cosa recordar. En mi caso, uno de ellos era la aparición en la pantalla de la tele de la Groke, un personaje de la serie de dibujos de Los Moomin, que me aterraba de una forma que a día de hoy me sigue costando ver su imagen. Pero estoy segura de que tenéis algún caso similar que haya venido a vuestra mente solo por leer estas líneas, casos similares en los que, por algún motivo, notabais el terror en vuestros cuerpecitos infantiles. Ese tipo de terror es, precisamente, con el que juega Tormenture, un título muy original que me ha sorprendido gratamente y que probablemente querréis jugar en cuanto hayáis leído sobre él un poquito más. Y para eso estoy yo aquí.
Como os habréis imaginado, el personaje principal que encarnamos en este juego es, básicamente, un niño cualquiera. Sin embargo, temporalmente nos situamos en los años 80 y, por supuesto, ese niño se comporta como uno de la época. Esto quiere decir que nos encontramos solos en nuestra habitación, con juguetes a nuestro alrededor y la consola enchufada a la tele mientras la encendemos a escondidas para poder jugar un ratito por la noche a ese juego que tanta fama está teniendo últimamente. Para nuestra sorpresa, ese juego también se llama Tormenture, y aquí es donde empieza a crearse ese creepypasta que nos acompañará durante todo nuestro viaje.
En todo momento Tormenture se divide en dos juegos diferentes que se intercalan entre sí, aunque luego os contaré cómo encajan. El primer juego, donde se desarrollarán la mayor parte de los eventos, es el que juega el niño en la pantalla de su televisor. Nos encontraremos con un título similar a los que podríamos habernos encontrado en una Atari 2600, aunque con mejor diseño artístico que el de la época, no nos vamos a engañar. Los controles, sencillos y limitados al movimiento de un cuadrado gordo a través de las diferentes pantallas, con la posibilidad de coger únicamente un objeto a la vez, nos facilitarán la exploración y nos permitirán centrarnos en esa única cosa a la que tenemos acceso en ese momento. Y es que lo más importante de este juego, y lo que hará que nos rompamos la cabeza, son los diferentes puzles que nos vamos a encontrar por cada ruta que decidamos coger. Porque si algo caracterizaba aquellos juegos ochenteros era, sobre todo, lo obtusos que eran a la hora de explicar qué quieren de la persona que juega, y Tormenture lo replica de forma magistral sin llegar a empujarnos a la desesperación. O, al menos, no mucho.

Por otro lado, el segundo juego nos sitúa en el punto de vista del niño, quien está rodeado de muebles, objetos y juguetes interactuables, pero que no se atreverá a moverse de su sitio de delante de la pantalla. Ese punto de vista, por supuesto, lo observamos en 3D, de una forma relativamente realista que nos mete aún más dentro de la ambientación del juego, tanto del nuestro como del suyo. Y aquí es donde se inician las conexiones. Para empezar, nos encontraremos con que el niño tiene siempre a mano una libreta en la que irá apuntando todo lo que necesita saber de las pantallas de su juego para saber hacia dónde dirigirse en cuanto encuentra una llave, una bomba o una lámpara, entre otros objetos, y por dónde están las puertas que conectan con cada lugar. Tal cual hacíamos en aquella época en la que las guías eran algo inaccesible. Sin embargo, no creáis que el único que va a apuntar cosas es el niño, porque Tormenture nos hará sacar nuestro propio lápiz y papel para descifrar los puzles o meter combinaciones concretas en un orden específico. Y no vayáis de valientes, porque en cuanto suene la primera llamada correréis a dibujar flechas como todo hijo de vecino.
¿He dicho llamada? Sí, efectivamente, porque estamos ante un juego que romperá la cuarta pared del niño una y otra vez, y aquí es justo donde entra el elemento de terror. Cuando estemos jugando al Tormenture interno, podremos ver en el reflejo de la pantalla de la tele cómo las luces parpadean, o escucharemos ruidos detrás de nosotros, o incluso chirridos y golpes en la puerta. En ese momento, podremos pausar el juego y mirar a nuestro alrededor, y dependiendo de la parte del juego en la que estemos no veremos nada o, por el contrario, nos encontraremos cambios sustanciales en nuestra habitación. Una puerta semiabierta que antes estaba cerrada, una persiana bajada que antes estaba subida y la siguiente vez vuelve a estarlo, cajones abiertos, sombras por el rabillo del ojo y golpes que no conseguimos situar en ningún lugar. Todo imitando esa paranoia que tiene cualquier niño (vale, y adulto) cuando están todas las luces apagadas y cree haber visto algo. Con la diferencia de que en esta ocasión quizá haya algo más relacionado con ese juego, ¿si no por qué nadie me llamaría a mi teléfono de juguete para darme la solución a un puzle? ¿O por qué tendría yo que hacer sonar un animalito para que pase algo dentro del juego?

Tormenture es uno de esos títulos indie que muchas veces pasan desapercibidos pero que ocultan una joya en su interior. Y es que se nota en todo momento el cariño que le han puesto al desarrollo, tratando de homenajear una de las épocas más importantes para los videojuegos y, al mismo tiempo, darle una vuelta de tuerca buscando su propia personalidad en un género con algunas cosas tan arraigadas que es difícil salirse de lo establecido. Y si bien es muy fácil que el público actual pase por encima de él sólo por la parte de la estética Atari, yo no puedo hacer otra cosa que recomendaros que le deis una oportunidad y, si es posible, que lo juguéis al mismo tiempo que vuestras amistades para tratar de revivir esas conversaciones en el recreo intentando descubrir cómo pasaros una pantalla concreta en la que os habéis atascado. Pero… cuidado con la mano que golpea vuestra ventana.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.
Etiquetas: 2d, 3D, años 80, acción, Ambientales, aventura, buena trama, Desplazamiento lateral, exploración, inmersivo, Misterio, nostalgia, Oscuros, Pixelados, puzles, retro, Surrealistas, terror, un jugador, Vieja escuela

