Más gente que pantalla
Análisis de Dynasty Warriors: Origins
29/01/2025 | Nix | No hay comentarios
A veces, al tener que analizar juegos con géneros muy diversos, acaban llegando a nuestras manos títulos que en un principio no nos llaman del todo la atención por no ser lo que estamos acostumbradas a jugar. En esta ocasión ese camino me ha llevado hasta un musou, y no uno cualquiera, sino a Dynasty Warriors Origins, porque quién mejor que ellos para meterme de lleno en la historia de la antigua China. Pero antes de nada voy a confesar algo: nunca he leído, visto o jugado nada sobre el Romance de los Tres Reinos. O, al menos, nada que supiese que estuviese relacionado con el mismo. Sí, sé que parece increíble teniendo en cuenta la cantidad de versiones y representaciones que tiene, pero lo cierto es que he llegado a Dynasty Warriors Origins sabiendo únicamente que era una novela histórica china, que había batallas, y que el romance sólo aparecía en el título. Aunque, sinceramente, en este juego quizá no se hayan enterado de lo último, y me parece perfecto.
Nuestra historia comienza con el Viajero, un personaje al que le pondremos nombre porque, por culpa de una inoportuna amnesia, no recuerda nada de su pasado. Sin embargo, a través de sus vivencias nos dirigiremos hacia batallas épicas (y, de paso, enormes) ambientadas en la primera mitad del Romance de los Tres Reinos. Esto, además, nos llevará a conocer a los demás personajes a través de sus conversaciones con nuestro protagonista, con nombres como Cao Cao, Liu Bei o Dong Zhuo, que interactuarán de forma muy cercana, ayudando a la inmersión y, al mismo tiempo, a convertir esa trama tan complicada en algo más sencillo y detallado. Esto también es posible porque nuestro protagonista cuenta con unas habilidades marciales sin igual que irán aumentando durante la trama, y que los demás reconocerán como lo que son, ganando cierto respeto entre los diferentes líderes y su absoluta admiración. Y no quiero pecar yo de mal pensada, pero tengo que añadir que en más de una ocasión nos encontraremos con interacciones entre personajes que pueden entenderse perfectamente como ligoteo, con alguna que otra frase que incluso nos costaría decir al amor de nuestra vida por lo intensa que sería la situación. Pero ya se sabe, en el amor y en la guerra…

Por norma general en los musou solemos disponer de la opción de escoger al personaje que llevaremos en cada batalla, pero como os podréis imaginar, en Dynasty Warriors Origins nos limitaremos a manejar a nuestro protagonista, con alguna que otra excepción en momentos puntuales. Con él nos tocará capturar bases, luchar contra diferentes tipos de generales o enemigos de élite, o incluso escoltar a algún compañero para evitar que acaben con él. En muchas ocasiones estaremos en clara desventaja, y nos tocará darle la vuelta a la tortilla planteando una buena estrategia y esperando que alguno de nuestros compañeros no se marque un Leeroy Jenkins (cosa que os pasará, creedme). En todo momento tendremos que controlar el pequeño mapita para ver cómo está la cosa y salir pitando hacia donde más nos necesiten, atravesando zonas muy amplias y rezando para que el enemigo no decida un cambio de estrategia justo en el peor momento. Y es que es un musou, sí, pero todo es tan táctico y de una forma tan dinámica que nos veremos organizando maniobras, emboscadas o conquistando más bases de las necesarias para reforzar la moral. Y ojo con las ilusiones y la magia, porque en ciertas ocasiones el enemigo jugará muy sucio y prácticamente nos anulará nuestro ejército hasta que acabemos con ellas.
Sin embargo, no todo consiste en batallar de aquí para allá, sino que tendremos también un cierto componente RPG, disponiendo de un mapa por el que nos podremos mover recogiendo materiales, haciendo batallas secundarias para ayudar a la zona a librarse de enemigos o bandidos, o incluso yendo a nuestros campamentos de descanso, donde recibiremos cartas de nuestros conocidos y, además, de desconocidos que nos vieron luchar y nos admiran por haber ayudado a su poblado. Allí, además, también tendremos la opción de comprar y vender armas, de transformar materiales en objetos que nos ofrecerán diferentes ventajas o, simplemente, equiparnos con lo que mejor nos venga. Y, por supuesto, tendremos también un árbol de habilidades con el que notaremos muchísimo cada desbloqueo. Además de las subidas de niveles de las diferentes armas, que pronto nos daremos cuenta de lo mucho que compensa subirlas todas, aunque nos guste más una que otra. Porque, como es lógico, aprender algo siempre mejora el cómputo global, aunque no todos los juegos lo crean así.

Una de las cosas que más me ha gustado de este título es el uso de los controles. Y es que es lo suficientemente sencillo como para poder gestionarlo todo, pero nos da un margen de mejora de nuestras propias habilidades para que queramos intentar ir a más, aprendiendo en cada batalla y acostumbrándonos casi sin querer a las combinaciones de botones, donde al principio hacer un parry se nos puede atascar, pero luego sale sin pensarlo en cuanto vemos la señal en la pantalla. Además, esto también hará que queramos ir probando diferentes armas, combinaciones a pie o a caballo, o simplemente buscar la perfección con una concreta. Todo esto, además, está equilibrado de una forma que consigue que no nos saturen los combates, que en ciertas ocasiones serán muy largos, porque se intercalarán las cinemáticas y conversaciones entre los mismos. Así, podremos descansar nuestras manos de tanto aporrear botones y limitarnos a disfrutar de la historia. Hasta que tengamos que volver a repartir, claro.
Quizá lo más increíble que nos vamos a encontrar en Dynasty Warriors Origins es su apartado visual, que no se puede definir de otra forma que no sea espectacular. El nivel de detalle de los personajes sorprende sobremanera, y una vez que nos encontramos en los escenarios de las batallas nos preguntaremos por qué no está explotando nuestro PC. Si bien al ver de cerca los escenarios nos damos cuenta de que no son precisamente texturas y modelos hiperrealistas, cuando estamos en movimiento y nos rodean cientos de enemigos abruma por el nivel de calidad conjunta que ofrece. Ese caos de la batalla, los brillos de los ataques y los movimientos por separado de cada enemigo nos traslada una sensación de espectacularidad increíble. Porque no estamos hablando de cien enemigos, sino de que en muchas ocasiones veremos subir el número a mil, perdiendo de vista a nuestro personaje y decidiendo que o pegamos a todo lo que se mueva o no salimos de esta. O, como decimos por Galicia, “ou vai ou racha”.

Dynasty Warriors Origins no solo es una muy buena puerta de entrada al género de los musou, sino que también hará las delicias de las personas que ya lleven unos cuantos a cuestas, porque ante todo es un título que derrocha calidad. Además, garantiza muchísimas horas de juego, más de las que creeríais, pero muy bien amenizadas con esa historia tan antigua como es el Romance de los Tres Reinos. Y qué mejor forma de empezar a conocerlo que con un juego que te permite cargarte a cien enemigos de un botonazo.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

