Hacer bonding de verdad

Análisis de 007 First Light

Análisis de 007 First Light

Hay un recuerdo muy concreto que tengo de cuando yo era pequeña y tenía mi mando rojo de Nintendo 64 en la mano, y es el cartucho de GoldenEye 007 puesto y un James Bond poligonal en la pantalla de la tele de mi habitación. En su momento, no había visto la película y, encima, no sabía inglés, así que prácticamente no entendía nada de lo que estaba pasando. No me importaba, porque a pesar de tener una narrativa nula para mí, el juego me comunicaba casi todo lo que necesitaba, llegándome una historia en la que un señor muy importante hacía cosas muy peligrosas mientras un montón de enemigos lo atacaban, y eso era de lo más emocionante que había visto en un videojuego. Para mí, ese era James Bond antes de que yo supiese realmente qué significaba ser James Bond. Y ahora me encuentro ante 007 First Light, sintiendo algo similar, pero esta vez entendiendo la trama. 

Durante bastante tiempo aparecieron diversos títulos bajo su licencia, pero ninguno acababa de conseguir ser lo que debía ser, y pasaban sin pena ni gloria por las estanterías de las tiendas. Y es que hay juegos que llegan con el peso del legado aplastándoles desde el primer frame, y mucho más cuando encima tienen al mundo del cine mirándoles de forma despectiva. Tampoco ayuda que hayamos tenido una industria en la que la norma eran las malas adaptaciones del cine y la televisión, no vamos a quitarnos la culpa, que todo el mundo recuerda la jauja que fueron los juegos de la época de Playstation 2. Sin embargo, hubo alguien que decidió darle la licencia adecuada al estudio adecuado, tal y como pasó con Indiana Jones y el Gran Círculo, y aunque en su presentación nos preguntamos si realmente iba a ser un juego de James Bond y no un Hitman con peluca, lo cierto es que desde el primer minuto de juego vemos que sí, que ese señor es James Bond. Habían entendido perfectamente qué lo convierte en James Bond, su ritmo, su escritura, la licencia para matar, cada disparo, cada puñetazo. Todo comunica algo sobre él, incluso cuando no abre la boca. 

La trama de 007 First Light empieza en un punto tan sencillo como arriesgado, que es un protagonista tan novato que todavía no sabe que va a ser James Bond, a pesar de ser su nombre. Después de un heroico acto lleno de explosiones (cómo no), es reclutado por el MI6 para el proyecto “doble cero”, un proyecto recién recuperado que cuenta ya con otros seis reclutas y que nos presentará el mejor tutorial de un videojuego que he visto en muchísimos años. Ágil, bien enlazado tanto con los controles como con la trama, y que acabaremos echando de menos cada vez que nos pongan una pantalla de pausa con un bloque de texto en el centro. Un tutorial en el que aprendemos moviéndonos, pero también fallando, mostrándonos que el propio diseño del juego nos lleva a los momentos en los que cada mecánica tiene sentido por sí misma, sin que tengan que estar recordándonos constantemente qué tenemos que hacer. Pero también nos integrará por completo en la historia haciendo que Bond aprenda a nuestro ritmo, y nos mostrará a un Bond impulsivo, con tendencia a actuar antes de pensar, a ser un bocachancla y, al mismo tiempo, a demostrarnos su brillantez. No es el Bond que conocemos, sino el que nos va a explicar por qué el que conocemos es como es. 

Si bien es cierto que Patrick Gibson consigue construir un James Bond creíble, con su carisma pero también con las fisuras de un espía que todavía está aprendiendo y no sabe cómo fingir cuando algo le importa, tenemos que tener muy en cuenta que todo el juego funciona también gracias a los demás personajes, que están tan cuidados como él. Moneypenny, M, Greenway, Selina Tan o Q estarán a su alrededor tanto para darle sus misiones como para guiarlo en su camino, incluso cuando se pone terco. Y los villanos, que evidentemente no os voy a spoilear, funcionan como malos de película, pero también encajan en el videojuego. Los personajes están tan bien escritos que incluso al encontrarnos a Lenny Kravitz, por loco que nos haya parecido al verlo en los tráilers, nos parecerá que encaja perfectamente en su lugar, incluso con su característico movimiento de micrófono. 

Si hay algo en lo que 007 First Light no falla nunca es en hacernos sentir que estamos dentro de una película de Bond, cosa que, como ya se demostró en muchos juegos anteriores, no es tan fácil como parece. Porque sí, es muy fácil poner columnas de mármol y mujeres guapas con vestidos de noche decorando la estancia, pero esas películas no funcionan por eso, sino porque el diseño de esas localizaciones tiene una lógica interna, existen para algo más que para hacer bonito. Y eso es, precisamente, lo que hace el juego. Cada misión tiene su propia identidad visual y espacial en diferentes puntos del planeta, con un torneo de ajedrez en Eslovaquia, una infiltración en una gala de Kensington o un resort en Vietnam, consiguiendo ese equilibrio tan concreto entre elegancia y peligro que suele definir tan bien la franquicia.

Aunque no todo van a ser localizaciones, porque otra de las características de Bond son los vehículos, y aquí tengo que decir que se han lucido de una forma un tanto diferente a lo que nos solemos encontrar. Y es que sí, hay un Aston Martin, e incluso algún coche histórico de las películas, porque sería imperdonable que no estuviesen ahí. Sin embargo, con los vehículos con los que realmente nos vamos a divertir serán un camión de la basura o uno minero, porque un espía trabaja con lo que tenga más a mano, la cuestión es cumplir la misión. Esos detalles, aunque parezcan pequeños o que se puedan tomar a risa, resumen perfectamente la filosofía del juego, que es que Bond es Bond por cómo se maneja en las situaciones, no por los cacharritos, los trajes o los coches que use. 

Hablando de cacharritos, una de las cosas que más me ha gustado a la hora de jugar es el sistema de gadgets que han implementado, no solo porque hace encajar a ese Bond perfectamente en la época actual, sino por la forma que tienen de cambiar el rumbo de cada misión. Nuestro equipo básico consiste en una lente y un reloj que nos permiten ver a los enemigos a través de las paredes, encontrar dispositivos interactuables o hackeables, o destacar objetos que estamos buscando. Estos se complementarán con diferentes accesorios que podremos escoger antes de cada misión, al principio dos y más tarde tres, y aquí está la gracia del sistema, porque cada uno es una cosa diferente, ya sea un láser, una bomba cegadora (que más que cegar, mata, pero yo no voy a preguntar), un dardo que hace enfermar a la gente o una bomba de humo. Estos artilugios no serán herramientas de resolución de problemas, sino más bien de redirección de situaciones, por lo que dependiendo de cuál tengamos equipado tendremos que tomar decisiones completamente distintas. Y, si aun así no conseguimos tener todo controlado y alguien nos dispara, se nos activará la licencia para matar, porque en ningún momento podremos ponernos a disparar porque sí, sino que el juego nos recuerda que somos un espía, y que Bond es un señor elegante incluso cuando todavía tiene 26 años. 

Si bien no puedo hablar más que maravillas de 007 First Light, tengo que reconocer que hay algo que no me termina de encajar. En todo momento, el juego nos da una permisividad enorme a la hora de afrontar las misiones, muchas veces incluso con diferentes caminos para llegar al punto indicado, y tanto el sigilo como el combate con armas funcionan con una transición perfecta, pudiendo incluso volver al sigilo después de haber disparado a varias personas, siempre y cuando sepamos jugar nuestras cartas. Sin embargo, el combate cuerpo a cuerpo tiene sus pegas. Los movimientos son sencillos de comprender y ejecutar, pero pronto nos daremos cuenta de que la dificultad escala muchísimo cuando hay que gestionar a más de un par de enemigos a la vez. Esto, cuando pasa al haberla liado con el sigilo, es bastante gestionable, porque la fisicidad del combate tiene un sentido y un peso, y siempre podemos pegar un tiro a bocajarro para librarnos de alguno. El problema es que, en ciertos momentos, Bond no tendrá armas o no podrá utilizarlas, y nos obligan a combatir cuerpo a cuerpo con varias personas de una forma mucho más complicada de lo que parece. Además, al venir de unos planteamientos de juego tan libres y sabiendo perfectamente que hace dos segundos teníamos dos armas, se nota todavía más que nos están obligando a hacer lo que nos dicen, sintiéndose un poquito como un castigo por no hacer caso a M. 

Tengo que reconocer que en más de una ocasión he echado de menos un modo foto que espero que sea añadido pronto. El nivel de detalle de cada uno de los escenarios, en los que nos encontraremos incluso post-it con chistes que ni siquiera hacía falta que existiesen, hace que el mundo se sienta vivo y, al mismo tiempo, las secuencias cinemáticas podrían formar parte de cualquier película de Bond sin tener que envidiar a nadie, por lo que me parece que no se le puede pedir más visualmente. Por otro lado, la banda sonora que va mezclando su propia personalidad con las notas que tan bien conocemos, nos hará meternos en el papel rápidamente. Y el tema principal, con Lana del Rey interpretándolo, acompaña perfectamente esa evolución del personaje que vamos a ir viviendo. Y es que, de alguna manera, es la decisión más obvia a la hora de elegir una artista que lo represente, aunque a nadie se le hubiese ocurrido todavía. 

007 First Light es un título que no reinventa el género del espionaje ni del sigilo, pero no necesita hacerlo, porque lo suyo es algo mucho más importante. Es capaz de coger un personaje conocido por todo el mundo y construir algo con carácter y personalidad propios, que demuestra que James Bond, como personaje, es mucho más que un traje y una señora guapa colgada del brazo. Indiana Jones y el Gran Círculo, en su momento, me parecía una excepción en cuanto a lo de permitir a los videojuegos hacerse cargo de lo que solo pertenecía al cine, pero 007 First Light me ha demostrado que no, que si confiamos en la gente adecuada y les permitimos hacer su trabajo, nos van a dar la calidad que esperamos. Y que si les dejamos cierta flexibilidad nos pueden mostrar que la parte más interesante de un personaje puede encontrarse también en una época en la que todavía está aprendiendo a ser una leyenda. ¿O no queréis saber de dónde vino el gusto por el martini agitado, no mezclado?

Cómprame un café en ko-fi.com

Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.