Cuando el LOL robó el conejo rosa. Una historia sobre terminología y aficiones

09/09/2016 | Ene | 15 comentarios

Cuando Hitler robó el conejo rosa es una novela escrita por Judith Kerr en 1971. Trata sobre una familia judeo-alemana que huye del holocausto y, desde luego, no tiene absolutamente nada que ver con los videojuegos. La protagonista, una niña de 9 años, asocia el peluche con su infancia y a Hitler como el responsable directo de su pérdida.

Desde hace unos años, el fantasma del falso gamer recorre los foros y, en general, cualquier contenido sobre videojuegos de la red. Un grupo (muy extenso) de jóvenes y no tan jóvenes que acusan a las nuevas generaciones (incluyendo a las mujeres) de haber soltado los garfios sobre sus cubiertas mientras gritan: ¡Al abordaje! Sus temores pretenden estar justificados, los true gamers tienen miedo de que se hunda el barco, pero la realidad es que estamos en un patio de colegio, el barco es un columpio y lo que te pasa es que te sientes como si Hitler hubiera robado tu conejo rosa.

Aquí voy a tratar específicamente la cuestión terminológica y su papel en ese sentimiento de rechazo hacia una nueva generación, independientemente del resto de factores y de otras pertinencias más culturales o técnicas.

El término softófilo se utiliza últimamente para hablar de alguien que tiene un gran conocimiento sobre videojuegos, en vistas de que gamer ha sufrido un secuestro por parte de los niños rata que proliferan en los servidores de MOBA’s y shooters. Es evidente que se trata de un término mucho más nuevo y al que se pretende vestir con la dignidad que ha perdido su predecesor. ¿A qué viene ese rechazo? ¿Por qué hay un sector que quiere desligarse del término gamer?
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Una rápida búsqueda por Google (filtrando solo páginas en castellano para salvar la internacionalidad de uno de los términos) evidencia que “softófilo” se utiliza desde hace apenas dos años para referirse a lo mismo que hace 10 llamábamos gamer de forma cada vez más creciente.

Cuando Saussure planteó la creación de una ciencia específica llamada semiología entendía que la lengua era, por encima de los estudios realizados con anterioridad y enmarcados en otras ciencias, un sistema de signos digno de un marco particular. Sin embargo, la semiología no se constituyó como ciencia hasta que no tuvo su propio modelo de investigación y, muy importante, contó con una terminología propia gracias a la traspolación de los tecnicismos que provenían de la lingüística. ¿Qué significa esto? Pues que la creación de un lenguaje específico es fundamental hoy en día para la legitimación de cualquier campo, y esto es algo que la industria del videojuego sabe muy bien.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la publicidad de productos del hogar dirigida a mujeres comenzó a darle una gran importancia a la terminología que utilizaba. Progresivamente, las mujeres se convirtieron en expertas en desengrasantes y abrillantadores. Conocían los productos que se podían o no mezclar, convirtiéndose en una versión adulta de un juego de química dirigido a niños. Qué maravilla tener una mujer en casa  —decían en los anuncios los maridos— porque yo jamás sería capaz de hacer funcionar esta lavadora, ¡menuda máquina del infierno! Una escena que se desarrolla mientras una mujer manipula ágilmente los botones y sonríe con la satisfacción de sentirse inteligente. Con la conversión de las mujeres en eruditas del hogar se pretendía suplir su necesidad de autorrealizarse como personas más allá de su papel de madres y esposas. Permitía que sintieran que estaban poniendo a prueba su intelecto y así no tendrían que demostrarlo haciendo otras cosas como, por ejemplo, leyendo un libro o asistiendo a una clase universitaria.

Durante los primeros años del nuevo milenio nos encontramos con una importante base de jugadores que cree haber hecho suya una industria que, en realidad, ha sido creada específicamente para su consumo. Y la terminología vuelve a jugar un papel tremendamente importante. Quizá no eran especialmente brillantes o populares en el instituto ni los mejores de la clase de gimnasia, pero eran los poseedores de un conocimiento reservado a unos pocos elegidos. La oportunidad de hablar delante de un no-iniciado sobre guilds, raids, lootear, campeos, rush o NPCs los sitúa en una posición privilegiada que no pueden gozar de otra forma.
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Hay una complicidad en la jerga, en ese código secreto que solo comparten unos pocos. Los tecnicismos legitiman la afición y la convierten en algo más. Es probable que las chicas no sepan lo que es un fuera de juego, pero seguro que tampoco saben lo que es castear o respawnear. En el fondo, la teoría de los juegos, el ludus y el paidea o la forma que tenemos de entender las reglas y de interactuar con ellas se aplican tanto en el mundo real como en el virtual. La terminología es la parte más visible de esas reglas que hemos asimilado.

Entonces llegó, como llega la primavera o como llega una ojiva nuclear a Rusia a bordo de un barco estonio, Call of Duty: Modern Warfare. 2007 está llegando a su fin, la Playstation 3 y la Xbox 360 comienzan a acomodarse en los salones de la población, pero lo peor aún está por llegar. Me refiero al lanzamiento de League of Legends en 2009 y su progresivo asentamiento, especialmente durante los últimos 5 años.

Y es que resulta que estos nuevos jugadores buscan lo mismo que sus antecesores. Chavales a los que el instituto cada vez les importa menos porque las perspectivas de futuro todavía están en manos de sus padres y que pueden dedicarle horas y horas a sus aficiones. Y resulta que sus aficiones se les dan genial, mucho mejor de lo que se les da el mundo real. Kiteo, lasthitear, farmear, hacer counter, ser adc, support, bot, top o jungla. De repente, la terminología ha dejado de pertenecer a un sector reducido y ha pasado a formar parte del vocabulario habitual de una gran cantidad de chicos y, Kojima nos salve, chicas jóvenes. Lo peor de todo es que este conocimiento privilegiado comienza a difundirse a través de los youtubers. Las revistas especializadas, los foros… Todo pertenecía a la misma secta, pero YouTube forma parte del colectivo. Lo ve todo el mundo. En resumen: se lo han llevado todo.

La realidad es que no. La industria del videojuego está en alza, y la industria, por definición, busca el beneficio económico. La proliferación de videojuegos independientes es una realidad, pero no son los proyectos indie lo que defienden la mayoría de los detractores del término gamer, sino su desarollo personal. Al igual que las amas de casa de los años 60 se sentían inteligentes manipulando la lavadora y limpiando con peligrosos disolventes, los aficionados a los videojuegos de finales de los 90 y principios del milenio lo hacían a través de los mandos y los ratones. No se trata de la habilidad real, sino de saber que perteneces a ello. Que tú lo entiendes. Que es tuyo.
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Pero resulta que cualquiera puede entenderlo. Que un chaval maleducado, que solo ha jugado a un par de juegos en su vida y se pasa el día viendo videos de youtubers, es capaz de hacer cosas en Minecraft que compiten con tus famosas dos semanas tratando de desentrañar los puzles del Monkey Island porque no había guías. O lo que es peor, que ahora con los juegos de móvil hasta tu madre sabe lo que es farmear.

La palabra gamer no ha cambiado porque hay un estatus intrínseco en ella. Un gamer no es solo una persona que juegue una barbaridad o que sepa mucho de videojuegos. Es, por encima de todo, una persona con recursos. Recursos para poder tener acceso a consolas, nuevos títulos y suficiente tiempo libre. Ser gamer se vincula con ser un viciado, con la comida basura o con no tener vida social, pero pocas veces se relaciona con lo que de verdad significa: una posición privilegiada.

La única razón por la que hay más jugadores ahora es porque los videojuegos se han posicionado entre los favoritos de la industria del entretenimiento. Sin embargo, los jugadores “casuales” son los que juegan tan solo a un par de juegos en sus carísimas consolas o los que se entregan a los videojuegos gratuitos, mientras que los true gamers son los que invierten el dinero y el tiempo (que, en última instancia, no deja de ser también dinero). La industria es totalmente consciente de esta percepción y la explota mediante la creación de productos enfocados para los “verdaderos jugadores”, los cuales compran aquellos que se los pueden permitir, independientemente de sus hábitos de juego.

Es difícil renunciar a lo que crees que te pertenece. La cultura popular ha vertebrado nuestro crecimiento y aprendizaje y ha sido asimilada de forma distinta por cada uno porque nos pertenece a todos. Puede que haya llegado el momento de reconocer que el conejo rosa no era tan importante, que lo que realmente duele es la pérdida de la infancia, el paso inexorable del tiempo y la evidencia de que, en el fondo, no eras tan especial como pensabas. Que has llegado tarde al auge de una industria que ayudaste a cimentar y de la que no puedes lucrarte, como están haciendo estos chavales. O simplemente, que ya no le puedes dedicar tanto tiempo como hacías y estás intentando convencerte de que no te pierdes nada bueno.

Entrada publicada originalmente en https://amordemordor.wordpress.com/

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Ene
Ene

Documentalista Audiovisual. Ligeramente basada en hechos reales.

15 comentarios
GloomyMonday
GloomyMonday 09/09/2016 a las 11:59 am

Como a alguien que va a estudiar una carrera relacionada con el lenguaje, me ha parecido interesantísimo tu análisis. No sé qué más decir, ¡me he quedado sin palabras!

BoKeRoN
BoKeRoN 09/09/2016 a las 12:15 pm

Buen artículo. Especialmente de acuerdo con lo de los recursos (somos niños más o menos grandes con juguetes caros, al fin y al cabo).

Y la palabra gueimer siempre me ha chirriado. Nunca me he visto parte de ese colectivo, supongo que por lo que dice la autora de que tiene mucho de “tribu” (o de casa en el árbol) y nunca he necesitado una tribu para jugar a videojuegos. Sólo más gente con la que jugar. Que de ahí hayan salido amistades es algo a parte.

También, poniéndome un poco elitista (y abuelo cebolletas), porque los Trve Gueimers, cuando empezaron a salir (más o menos con la play3 y la 360) hacían gala de unos conocimientos videojueguiles que ellos creían inmensos, pero que los que hemos peleado con memorias EMS y discos de arranque nos parecían… ligeramente sesgados XD

Morgan Blackhand
Morgan Blackhand 09/09/2016 a las 1:13 pm

Totalmente de acuerdo. Esta política de “es nuestra pelota y no podéis jugar” es muy dañina y está causando algunos comporamientos propios de unos psicópatas.
¡Excelente artículo!

lostinlordran
lostinlordran 09/09/2016 a las 1:23 pm

Vaya pasada de artículo, para guardarlo como oro en paño.

Lo de las mujeres y los anuncios de lavadoras en los 60s me suena al concepto de sexismo benevolente que leí en este artículo, también muy bueno: http://agendapublica.es/sexismo/

Por otro lado, el tema de la identidad «gamer» y de los, dignos, «softofilos» me ha recordado a este trabajado sobre el nerd/geek entitlement y cómo funciona para simular una identidad y una opresión ficticia http://www.ejumpcut.org/archive/jc54.2012/SolesKunyoGeedom/index.html#p1

Por cierto, qué bien sabe este artículo después de ver a tantos «hardcores» desconcertados con el anuncio de PS4 Pro. XDD

LuverC
LuverC 09/09/2016 a las 2:25 pm

Interesantísima reflexión sobre terminología. La verdad es que es algo que me ha llamado poderosamente la atención cuando veo a mi novio y sus amigos jugar al LoL: la construcción de un nuevo lenguaje y, además, la difusión que tiene ese lenguaje dentro de la comunidad. Creo que, además, eso también hace que, inconscientemente, se creen “lobbies” (si se me permite usar la palabra, aunque no me guste lo más mínimo) alrededor de un juego y de su terminología: “atención a los profanos, no nos entenderéis”. Tremendamente curioso. Digno de tesis doctoral.

Pauler
Pauler 09/09/2016 a las 2:31 pm

Fantástico artículo, interesantísima reflexión sobre la importancia de la terminología y los códigos propios en las actividades humanas. Es cierto que crear una jerga específica dota a cualquier actividad de un sentido de pertenencia, incluso de profesionalidad, que le otorga prestigio. Las palabras tienen poder y, como siempre ocurre cuando un ámbito se populariza, se generan pequeñas guerras semánticas para ver quién se apropia de los términos más asentados.

En cualquier caso al final es una cuestión de perspectiva. Para mí no hay categorías de gamers, solo gente que juega más tiempo y gente que juega menos tiempo. Pero en mi opinión si dedicas unas pocas horas a un juego y luego el doble de ese tiempo a reflexionar y escribir sobre él porque te fascina, eres tan digno de ser considerado un gamer como el que le ha dedicado 300 horas y es experto en el gameplay, pero analfabeto en otros aspectos. Lo importante según mi punto de vista es el cariño e interés que le profesas al medio, ni más ni menos.

kitttsune
kitttsune 09/09/2016 a las 4:12 pm

Cómo me ha gustado este artículo.

Subotai Ba'atur (@SubotaiBaatur)
Subotai Ba'atur (@SubotaiBaatur) 09/09/2016 a las 5:43 pm

Llevo jugando a videojuegos más de 30 años y no conozco la mitad de los términos. Me debo estar haciendo viejo… xD

Glio Helix (@SirGalio)
Glio Helix (@SirGalio) 09/09/2016 a las 10:17 pm

A mí todo lo de ”verdadero gamer” y demás me genera un rechazo impresionante.

Ñbrevu
Ñbrevu 10/09/2016 a las 5:40 pm

Yo soy de la vieja guardia como BoKeRon y me siento un poco igual que él… mucho vocabulario guay de raids, farmear y tal, pero ya me gustaría verlos configurando la SoundBlaster individualmente para cada juego, jejeje. Y aparte, los TRUGUÉIMERS tienen una fijación extraña con 4 ó 5 géneros muy concretos, así que me da la impresión de que aunque esté bastante desconectado de la actualidad, me da que sigo teniendo mucho más bagaje que muchos de ellos, si no en cantidad al menos sí en variedad. Esa fijación, junto con el tribalismo chunguillo con olor a cerrado, siempre me tiraron muy para atrás.

Tengo que reconocer que, hace ya unos cuantos años (principios de los dosmiles), conocí de pasada a un grupo de gente de las que ahora se catalogarían como TRUGUÉIMERS sin dudarlo, y les tenía bastante envidia; más que nada, porque tenía una lista de chorropotocientos juegos a los que quería jugar, pero efectivamente nunca tuve el tiempo ni desde luego el dinero, mientras que ellos se tiraban literalmente el día entero enganchados y sus papis les compraban todos los juegos y consolas que querían. Y vaya, sí, yo también caí hace tiempo en que ante todo era una cuestión de recursos, cosa que también se ve mucho cuando se dedican a medirse las pollas viendo quién tiene el PC más potente (o con más lucecitas).

Me ha gustado mucho el artículo, de los mejores de la página hasta el momento (y eso es mucho 😉 ).

Piteas
Piteas 10/09/2016 a las 5:47 pm

Bravo. Un artículo increíble.

Gracias por el ejercicio de escepticismo y humildad.

Minxo
Minxo 12/09/2016 a las 2:23 pm

Me gusta la gente de la vieja escuela riendose de los “TRUGUÉIMERS” (en los comentarios) por creerse especiales, haciendo exactamente lo mismo que ellos. A ver si ahora, que alguien nuevo se interese por los videojuegos o use una jerga específica, va a ser malo. Un saludo, buen artículo.

Dryadeh
Dryadeh 12/09/2016 a las 5:31 pm

Excelente artículo, me ha parecido muy interesante y análisis muy agudo 🙂

aioros84
aioros84 17/09/2016 a las 12:11 am

En serio, esta entrada es maravillosa. Mi reconocimiento a la autora.

Reno (@Ralbarn)
Reno (@Ralbarn) 01/10/2016 a las 7:21 pm

Menudo tortazo de realidad en todo el conejito rosa. Lo habéis mandado volando más allá del tiempo. Mi más profunda enhorabuena por la entrada, una maravilla.

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