La Sociología y la Psicología social estudian, entre otras cosas, los grupos de pertenencia. Esto es los diferentes grupos de los que nos sentimos parte integrante, con los que compartimos fines o ideología y con quienes nos identificamos. Su importancia es muy grande, ya que nuestra pertenencia a este tipo de grupos es uno de los pilares en base a los cuales construimos nuestra identidad como individuos.

La comunidad gamer es un ejemplo de un grupo de pertenencia articulado en torno a un interés común: los videojuegos. A todos nos gusta sentir que formamos parte de algo y, como es lógico, quienes jugamos a videojuegos nos consideramos jugadores y jugadoras.

Pero espero que no te hayas creído que todo eso es tan fácil. Porque para ser gamer no basta con que tú te sientas como tal, no. Tienes que demostrarlo. Para que te admitan en el club antes has de hacer un examen, y más vale que estudies mucho porque el jurado, compuesto por trugueimers, es muy exigente.

¿Y qué es un trugueimer, te preguntas? (Ya empiezas mal y en este examen no te damos puntos por poner bien tu nombre).

spreadshirt.ie
Imagen extraída de Spread Shirt.

Pues verás, el trugueimer ha jugado a Baldur’s Gate, a los primeros Final Fantasy (no eres un verdadero fan si no has jugado a los anteriores al VII, o por lo menos al mismo VII) y a la saga completa de The Witcher (y además, se sabe los libros, algo imprescindible para jugar los videojuegos). El trugueimer llama noobs a los nuevos, pide que los reporten por mancos y ve normal lo tóxicos que son los chats de los multijugadores al grito de “no es bonito, pero es lo que hay”. El trugueimer se pasa los juegos en modo locura (y todo el que juegue en modo normal es un pringado. Los que juegan en modo fácil o narrativo directamente no se merecen ni el aire que respiran) y no le caben en las vitrinas todos los trofeos de platino que tiene. El trugueimer ha jugado al Ocarina of Time y al Majora’s Mask y cree que quienes no lo han hecho no son verdaderos fans de Zelda. El trugueimer nació con una Game Boy Pocket debajo del brazo y, de hecho, su cordón umbilical era un Ekans así que tiene derecho a juzgar a todos los que se han unido al carro con Pokémon Go. El trugueimer se crió jugando al Sonic de Sega, al Mario Bros del bigote pixelado y a los primeros Tomb Raider. El trugueimer se pasaba los juegos sin mirar gameplays y se gastaba sus ahorros en comprar guías, cuando ni siquiera tenía conexión a Internet y nos comunicábamos con dos yogures unidos por un trozo de lana. Y sobre todo, el trugueimer nunca es una mujer (va en la descripción del trabajo).

Al parecer, todo esto le da derecho a decidir quién puede llamarse gamer y quién no, cual sexador de pollos. “Veamos, ¿qué tenemos aquí? Este de aquí al cajón de los gamers de verdad. Uh, esta sólo juega a Los Sims, al cajón de los descartados. Y tú, el del Clash Royale, fuera también”.

Cuando iba al colegio había una chica en mi clase que era la más popular. Ya fuera porque gustaba a los chicos, porque tenía más habilidades sociales o una capacidad de liderazgo natural, el hecho es que ella era la que molaba. Así que, todos los recreos tenía el poder de decidir a quién iba permitir jugar con ella y quién se iría al rincón de los marginados. Los trugueimers, salvando las distancias, hacen casi lo mismo.

Su discurso acaba calando: si juegas al Candy Crush o a Los Sims, no tienes derecho a llamarte gamer, porque aunque tú no lo sepas (¿cómo puedes no saberlo? Se nota que no eres gamer), hay ciertos juegos que son válidos y otros que no. Si no llevas una década jugando, ni te molestes en asomarte por aquí. Y si además eres chica, es como ponerte una armadura con una bonificación de +100 a ser juzgada y una penalización de -100 de credibilidad.

¿Dónde está tu carnet de gamer? A ver, que yo lo vea.

¿No es triste sentir que no tienes derecho a considerarte miembro de la comunidad de algo que te gusta tanto? Imagina creer que no te mereces considerarte fan de un deporte, de tu grupo de música favorito, del cine, de los cómics…

Pues eso es lo que me ha pasado durante mucho tiempo. De pequeña tuve una Game Boy Pocket en la que jugué a los primeros Pokémon y al Mario Bros, entre otros. Durante mi adolescencia tuve acceso a algunos juegos de PC (como el Tzar, The Fallen, Sacred, Los Sims) pero no ha sido hasta mi vida adulta cuando he podido disponer de una plataforma potente y el dinero suficiente para comprarme videojuegos y jugar con regularidad. Por lo cual, a pesar de llevar toda mi vida jugando en mayor o menor medida, las largas pausas entre juego y juego y los pocos que había podido probar hasta hace unos años, hacían que no me considerara gamer.

La razón era sencilla: no creía merecerlo. No me había ganado el honor de llevar tal título (aunque no es que me guste demasiado el término gamer por sus connotaciones actuales, pero eso es otro tema). Así que mi faceta como jugadora era algo que reservaba para mí. No me sentía legitimada para considerarme una gamer porque yo jugaba tan poco en comparación con gente que jugaba tanto y, además, en su mayoría a juegos de los que no te dan puntos para el carnet de gamer… Era, como mucho, una jugadora casual, vamos de las que no cuentan en las estadísticas, ni para las desarrolladoras… ni en nada.

Normal que no me aceptaran en su comunidad, así que ¿para qué intentar identificarme como un miembro de ella siquiera? Pero es que, además de todo eso, tenía el hándicap de ser una chica. Las chicas gamers, sobre todo hace unos años, éramos consideradas como Pokémons legendarios: había una o dos en todo Johto. Yo no conocía a ninguna (al menos que supiera). Aunque hoy en día somos muchas más, no creo que nuestra situación haya cambiado demasiado dentro de la comunidad de los videojuegos.

Afirmar públicamente que eres jugadora/gamer es casi como lanzar un órdago, sobre todo si eres mujer. De inmediato te verás sometida a una ordalía, un juicio de Dios para determinar si de verdad eres una jugadora o sólo una poser, una fakegamer, una impostora.

true female gamer
En realidad, nunca van a aceptarte como gamer, pero si sigues ciertas normas a lo mejor no te acosan. No se te ocurra “chupar mandos” o prepárate.

El método es muy parecido al utilizado en el tan querido Medievo: para comprobar si eres una bruja, vamos a atarte veinte kilos de piedras a los pies y te arrojaremos al río. Si sales a flote, es que prácticas la brujería. Si te hundes, resulta que eras inocente. Qué pena que te hayas ahogado y en consecuencia estés, bueno, muerta, porque ahora sí te habríamos aceptado en nuestra comunidad. Aunque, por otro lado, si te has ahogado por el peso veinte kilos de piedras de nada, tan gamer no serás…

En conclusión, se crea una situación en la que no puedes ganar.

Y eso propicia la continua necesidad de justificarte, de probar que eres gamer y presentar un currículo que lo acredita. Algo que veo con frecuencia es que cuando una persona (sea mujer u hombre) se ve cuestionado/a respecto a su faceta como jugador/a, suele presentar su “videografía”: esto es un listado de los juegos a los que ha jugado, acompañado en ocasiones de las horas de juego invertidas en cada uno de ellos.

Aunque comprendo muy bien esa reacción, al mismo tiempo cuando la veo siento rabia y también cierta indefensión. Ninguna persona debería verse cuestionada cuando afirma que una de sus aficiones es jugar a videojuegos.

Nadie debería someterse a un tribunal de trugueimers para ganar su sello de aprobación. Además, se da la triste paradoja de que nunca es suficiente.

Un ejemplo que he visto hasta la saciedad y que me toca de cerca es este:  “Sí, sí, muy fan de BioWare eres pero… ¿has jugado a Baldur’s Gate? ¿No? Pues entonces da igual que hayas jugado 800 partidas a Mass Effect, Dragon Age, Knights Of The Old Republic y/o The Old Republic. No tienes derecho a llamarte fan de BioWare”.

Y eso es porque el tribunal ya ha dictado sentencia antes de someterte a juicio. Tratar de demostrar que eres un jugador o jugadora de verdad es una tarea más ardua que los doce trabajos de Hércules. Y si algo he aprendido es que buscar la validación de este tipo de gente es un esfuerzo baldío y absurdo. Además, no la necesitas para nada.

A veces me pregunto quién ha decidido que ellos están legitimados para repartir carnets mientras que los demás debemos pedir audiencia y presentar credenciales para ganar el estatus de jugadores y jugadoras. Y la conclusión a la que llego es que nadie les ha conferido tal autoridad. Simplemente se han arrogado ese poder y los demás nos lo hemos creído.

La comunidad gamer ha crecido con el paso de los años y se ha masificado. Quienes formaban parte de ella al principio ven cómo algo que era pequeño y suyo, un lugar que a menudo funcionaba como refugio y válvula de evasión, algo por lo que muchos de ellos fueron tildados de frikis y raritos, es cada vez menos ese reducto para los “inadaptados” que en su día fue para la mayoría de ellos por lo mal valorado socialmente que estaba ser gamer. Es como si en el colegio se hubieran reído de ti por jugar con tu Game Boy Pocket, te hubiesen puesto motes crueles y te hubiesen rechazado… para luego descubrir que aquello que te hacía diferente e “inferior” y que acabaste por convertir en un escudo, ahora se ha puesto de moda. Y ya no es tan tuyo como antes. ¿Es que van a quitarte eso también?

La respuesta es no. Y es bueno recordar que ya no tenemos diez años. Que se desestigmatice a una comunidad es algo bueno. Que la gente disfrute haciendo lo mismo que nosotros/as es bueno. Poder compartir nuestra afición con más personas, es bueno. No se debe utilizar como una oportunidad para la revancha, para ser por fin el pez grande en una pecera pequeña, para que el marginado de ayer se convierta en el que margina hoy. No se deben reproducir los mecanismos de control y las jerarquías del patio de colegio (tema tratado magistralmente en este otro artículo, por cierto).

No tenemos más derecho que nadie a jugar a videojuegos porque empezáramos a hacerlo antes o después que otras personas. No somos quiénes para decidir quién es un verdadero jugador/a y quién no lo es. Esa especie de elitismo gamer es ridícula.

Cualquier persona que juegue a videojuegos (sean juegos de móvil, Pokémon, Los Sims, el FIFA, el WOW) y lo haga con la frecuencia que lo haga es un/a jugador/a de videojuegos. Para ser gamer, sólo hace falta jugar.

Y sí, tal vez no todos nos aprendamos al dedillo el lore de nuestros videojuegos favoritos, desbloqueemos todos los logros y nos los pasemos en modo locura. Tal vez hemos muerto millones de veces jugando al Dark Souls o nos gusten los otomes, pero eso no hace que tengamos menos derecho a considerarnos parte integrante de la comunidad gamer.

Así que cada vez que alguien haga que no te sientas digno o digna de considerarte gamer, recuerda que hay tantas maneras de serlo como personas que jugamos a los videojuegos y ninguna es más válida que otra.

(Imagen de cabecera extraída de www.snerror.com)

Buy Me a Coffee at ko-fi.com