Todo empezó en 2009 cuando en un periódico online leí una noticia donde una ejecutiva italiana explicaba cómo hacía realidad su sueño de ser prostituta en un juego online: Second Life.

A los días, no sin dificultades previas y con mucha ayuda, fui capaz de reconocer el terreno y socializar en ese extraño mundo.

Lo primero que me llamó la atención fue la estética de los avatares, prácticamente iguales, siguiendo el canon de belleza estandarizado del momento y haciendo cosas tan “normales” como salir de compras, visitar ciudades como París o Berlín o pasar la noche en alguna discoteca. El rol patriarcal de la familia perfecta también estaba bastante vigente: Papá, Mamá y Bebé interactivo mimado como si sus pixelitos fueran a ofenderse si no lo sacabas un día del inventario, una casa bonita y una esposa siempre perfecta. Así que decidí seguir investigando, esta vez ya con unos cuernos y unas patas de cabra por aquello de que no soy muy común.

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Llego a los juegos de rol (rp), donde creabas tu propia historia y desarrollabas una línea de guión acorde con la temática y posición. En los lugares hispanos abundaban los rp basados en las Crónicas de Gor, que para resumir, es una saga de libros de John Norman que trata de un mundo al otro lado de nuestro sol donde unos sacerdotes controlan el cotarro y se cargaron el mundo de otra raza que vaga por el espacio. Ambas razas vienen de forma regular a la tierra para secuestrar gente y esclavizarles. Los ciudadanos de Gor son amos y las secuestradas kahiras, esclavas entrenadas para satisfacer sexualmente a sus amos y a todo ciudadano libre que se precie. Hay aspectos comunes con el BDSM, aunque entre los seguidores de uno y otro hay bastante disputa con este tema. Las kahiras fugadas pasan a llamarse panteras y luchan por su libertad. Hasta ahí bien. Pero una vez profundizas abundan las extorsiones, amenazas y maltratos.

Soy consciente de que la gente que se toma en serio el rp lucha contra esos trols que convirtieron, en su día, Gor en una sombra llena de acoso, sexo injustificado, sextorsión y demás aberraciones que os podáis imaginar, nacidas de un rol que se basó en la sumisión y en la discriminación de género (consentida, supuestamente, como quiso dar a entender el escritor).

Nota: Queridos jugadores de Gor en Second Life, si nos vamos a pelear, por favor que sea con buen uso de la palabra y conocimiento, que no conozco a ni uno sólo que se haya leído los 33 libros donde el grandioso guerrero Tarl Cabot vive épicas aventuras.

Así que seguí adelante y encontré rps algo medievales, incluso basados en Juego de Tronos, que al final acababan en lo mismo: sexo, violencia y discriminación aunque el desarrollo del papel que ejercieses fuera coherente y totalmente lógico. Y así un largo etcétera. Ya fuesen naves espaciales, ciudades contemporáneas, bosques encantados o barrios de caravana decadentes, que si no cedías al rol de mujer débil, sumisa y perfectamente adiestrada para satisfacer cualquier hombre, estabas fuera.

Tengo que decir que encontré gente cuerda y contraria a este sexismo que apestaba la plataforma, pero no tantos como hubiese querido en la comunidad hispana. Conviví con elfos oscuros, vikingos, licántropos, vampiros y muchas razas más… Peleamos, nos cosimos a flechados y hachazos… para, al acabar la noche, sentarnos al calor de una hoguera charlando de cualquier cosa. He conocido diseñadores y grandes mentes creativas que, a día de hoy, mantienen el mercado activo, me he maravillado visitando lugares recreados al milímetro, de forma maravillosa como Silent Hill,  el Central Perk de Friends, Venecia o el museo del holocausto.

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Foto por Migan Forder

También cotilleé en las clínicas de maternidad, los centros de adopción, la organización de bodas, en el extensísimo mercado que representa el sexo, en la comunidad furry y en la fantástico-mitológica, en la cantidad de dinero real que se mueve…  Pero eso da para otro artículo.

He hecho grandes amigos, más allá de la distancia y la franja horaria y he ganado muchos haters que consideran Second Life fuera del catálogo gamer, pero esa historia ya os la sabéis tod@s.