NICHE: ¡Evolucióname esta, Darwin!

NICHE: ¡Evolucióname esta, Darwin!

Corría el año 2016 cuando una yo más joven, peor vestida y absolutamente desesperada por terminar su trabajo de fin de máster a tiempo se encontró con algo especial. La verdad es que tal vez tener que escribir en el buscador de Google “genética de poblaciones mamíferos ejercicios” es una forma un tanto enrevesada de descubrir Niche, pero desde que cumplió sus objetivos en Kickstarter es mucho más sencillo, lo prometo.

Niche viene ya definido por su apellido: a genetics survival game; y es que Philomena Schwab, apasionada de la biología y del diseño de videojuegos y cofundadora de Stray Fawn Studio, tenía muy claro lo que quería conseguir con su proyecto final de carrera. ¿Era AYUDARTE A JUGAR A SER DIOS? Pues no, o por lo menos no del todo. Niche es una parte de la naturaleza hecha juego de estrategia por turnos; es lo que quedaría entre la selección natural (hola, Darwin) y la selección artificial de la que tanto se beneficia el ser humano (hola, pugs y demás perros-probeta). Niche es también la frustración hecha juego en ocasiones, pero no dejéis que eso os quite la ilusión por este juego de furries animalicos.

Sé que estáis deseando que os cuente más, aunque el vídeo de presentación sea una ya una maravilla en sí mismo. La historia de Niche empieza con un cachorro de pseudo-gatete, llamado Adam, solo en una isla desierta después de haber sido apartado de su familia. El objetivo inicial será investigar un poco la zona, aprender a movernos y entender el mundo del juego, gracias a lo cual nos daremos cuenta de las limitaciones diarias del bichete antes de que lo mandemos a dormir y termine el turno: cómo de lejos puede ir, cuánta comida puede recoger, qué puede o no comer, etc. Esto dependerá de su edad y su genoma (conjunto de genes), el cual podremos consultar en cualquier momento para comprobar la inutilidad del individuo. Fácil, ¿verdad? Lógico, aún estamos en el tutorial, pero la cosa se complica cuando aparece Eve.

Eve es más bien un pseudo-perrete y claramente distinta a Adam, aunque de la misma especie, y con su aparición empieza a apretar nuestro instinto de supervivencia. Teniendo en cuenta que la partida termina cuando muere toda la manada (cada bichete vive 25 días), esto solo puede significar que tendremos que crear descendencia, y así poner nuestros genes en circulación. Haremos pues que surja el amor entre los dos únicos habitantes de la isla, que busquen o construyan un nido y BAM, habemus cachorrito. Este pequeñín nos ayudará a comprender una de las cosas más básicas de la genética: que cada gen (por ejemplo, el responsable del color de ojos) contiene información de la madre (por ejemplo, azules) y del padre (por ejemplo, marrones), y que se expresará en el aspecto de las crías en función de la dominancia (el color marrón es dominante frente al azul). Es esta también la base de la segunda mecánica del juego (siendo la primera la supervivencia clásica), que consiste en decidir mediante cruces (o emparejamientos, depende de lo romanticonas que nos pongamos) las características que queremos que pasen a la siguiente generación, aunque os aseguro que al principio solo nos agobiaremos porque “¿Cruzar padres e hijos o hermanos entre ellos? Eugh, qué asco, no”. Algunas de las mencionadas características ayudarán a sobrevivir y adaptarse, otras no, algunos cruces no saldrán como esperábamos, algunos genes mutarán sin nuestro permiso… y es aquí donde reside el encanto de Niche: en liarte (o maravillarte) con todas las posibilidades y que las cosas no salgan exactamente como las habías planeado.

Ingeniería genética simulator pero flojito

¡Pero espere, aún hay más! Poco avanzaremos en una isla con recursos y espacio limitados, y por eso tendremos que viajar utilizando “portales” que hay en todas las islas que visitemos. Al principio las islas variarán más bien en tamaño y en tipo de alimento disponible, pero según avancemos nos encontraremos con hábitats más extremos a los que nuestra población tendrá que adaptarse… o no. Encontraremos también nuevos individuos a los que invitar a nuestra familia si así lo decidimos, perfectos para introducir nuevos genes interesantes en la población y para evitar la endogamia, pero que pueden suponer una lacra si estamos teniendo problemas para encontrar alimento. Si aún no os parece que la supervivencia se ha complicado lo suficiente, esperad un momento: nuestros cuadrúpedos tendrán que enfrentarse además a los parásitos, las enfermedades, los intrusos («¿Por qué esta hembra que he perdido de vista durante un solo turno está de pronto preñada?» es una pregunta que no sabía que iba a hacer tantas veces), los depredadores (odio absoluto a las aves rapaces) e incluso al cambio climático. Obsesionarse con la supervivencia de una especie nunca fue tan divertido.

:C

Como veis, si este juego ofrece algo es una absurda diversidad de opciones y resultados (que se multiplican además en su “modo libre”) y, en esto me tendréis que creer, una manera perfecta de empezar a entender cómo funciona la vida misma. Así que adelante: decidid si queréis adaptaros a la vida en la tierra, o tal vez mejor el mar, aunque la posibilidad de que en futuras generaciones los individuos desarrollen alas es muy atractiva… Pero nunca, jamás, estaremos totalmente seguras de no acabar con una población deforme y parcialmente estéril.

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JuncoCeleste
JuncoCeleste @juncoceleste

Me hice ambientóloga porque pensé que así sería más fácil morir bajo un mar de cachorritos de tejón y zorro. Aún no he tenido suerte. Hasta que llegue ese momento, disfruto de lectura con viñetas, series para adolescentes y de enfadar a algún gamer por jugar en PC con mando.

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