Galería de terror – Halloween

Retroanálisis de Splatterhouse y Night of the Demons

Retroanálisis de Splatterhouse y Night of the Demons

Halloween es la mejor festividad: estrenan y emiten pelis de terror, venden chucherías decoradas con esqueletos, y, además, no gira en torno a reuniones por compromiso con familiares y conocides. Para celebrar estas fechas tan señaladas para monstruos, fantasmas y gente weirda, os traigo una nueva recomendación cruzada de mi serie Galería de terror, con un juego y una película que he seleccionado para la ocasión.

Splatterhouse es un beat ’em up de la compañía Namco que salió como máquina recreativa en Japón en 1988, y en Europa y Estados Unidos al año siguiente. Capaz de llamar la atención inmediatamente a cualquier fan del cine de terror, el juego estaba protagonizado por un personaje de aspecto similar a Jason de Viernes 13, que iba destrozando a golpes a variadas criaturas grotescas, viscosas, putrefactas o espectrales. Y por supuesto, como en cualquier juego spooky (y no tan spooky) de los 80, a algún que otro murciélago.

El Jason de marca del supermercado se llama Rick, y es un estudiante de parapsicología que, junto a su novia y compañera de universidad Jennifer, se refugia de una tormenta en la casa siniestra que da título al juego. Se trata de la mansión del Dr. West (sin duda en referencia a Herbert West), que llevaba a cabo Terribles Experimentos (™) de índole indefinida. Ya os imagináis que Jennifer es secuestrada porque es un juego de 1988. Sin embargo, cuando nos la encontramos se convierte en monstruo y también hay que cargársela; pero luego al final era todo mentira, porque también hay Splatterhouse 2 y 3 (que salieron para Mega Drive) y a alguna chica habrá que rescatar, algo habrá que hacer. Volviendo al título que nos ocupa: a Rick se le adhiere a la cara una máscara mágica diabólica que le da la fuerza de la que hace gala en el juego, y completa su look de luchador de wrestling que intenta aprovechar el tirón de Viernes 13 y se hace llamar Jason el Maldito o algo por el estilo. Por algún motivo, el estudiante ya tenía de antes el mono de mangas rasgadas y la impresionante musculatura, como se puede apreciar en la introducción.

Imagen del videojuego Splatterhouse. El protagonista, un personaje con una máscara similar a la de Jason de Viernes 13, ataca con un cuchillo de carnicere a dos monstruos humanoides que ha cortado por la mitad, mientras un tercero se acerca. Uno de ellos chorrea sangre verde. Están en una cueva con celdas y cuerpos desangrándose.

No os perdáis la cabeza del bicho que ha salido disparada

El argumento es muy básico, pero el juego es la caña. Es supersatisfactorio ir destruyendo a las criaturas infernales, ya sea a puñetazos o con las armas que podemos recoger a veces, como un cuchillo de carnicere con el que cortar en dos a los monstruos, un palo de madera con el que estamparlos contra la pared del fondo, o incluso una escopeta. Aunque, por otro lado, la dificultad es también bastante infernal, sobre todo para los estándares actuales. El juego es a veces frustrante, en especial en los últimos niveles, que exigen mucho aprendizaje a base de fallar y repetir, como era habitual en su momento.

Aunque sea un beat ’em up de recreativa, continuar no nos hace reaparecer en el mismo punto en el que cascamos como si nada, sino que nos hace retroceder al principio del nivel, más atrás que si solo hubiéramos perdido una vida. Así, aunque tengamos montones de monedas (o estemos con una versión doméstica del juego), no podemos pasarnos al boss por la cara a base de gastar créditos y comernos sus golpes como si nada. Esto lo considero un aspecto positivo de la dificultad, porque aunque digo que es frustrante, no me entusiasma esa especie de diseño pay 2 win retro.

Los niveles no son siempre lineales. A veces, caer por un agujero nos puede llevar a otra zona diferente. Hay un nivel con varias escaleras que bajan o suben, de modo que, según la ruta que tomemos, nos encontramos con distintos escenarios y desafíos.

En cuanto a los gráficos, las estrellas son sin duda los monstruos. Los grotescos diseños influenciados por el body horror del cine de terror de la década llaman mucho la atención, son muy variados y no pocas veces espectaculares. Se trata de un videojuego que en seguida hace que te fijes en él por su aspecto, gracias a sus seres ahorcados a los que destripamos con nuestras armas, su boss con un saco en la cabeza y dos motosierras en lugar de manos, y más enemigues igualmente llamatives. Con este poder de atracción, su secuela tuvo también protagonismo en catálogos y vídeos promocionales de la Mega Drive, a pesar del alto nivel de violencia gráfica, que entonces estaba muy mal vista en los juegos de consola.

Siguiendo con el apartado visual, los escenarios son a veces sosos, pero ganan mucho cuando son aderezados con más cadáveres putrefactos, o criaturas humanoides que se desangran y convulsionan o se encuentran encadenadas a la pared y que, a veces, interactúan también con el gameplay vomitando a nuestro paso. De todas formas, solo en las primeras secciones aparece una verdadera abundancia de esta decoración macabra.

Pantalla del juego arcade Splatterhouse de 1988, de scroll lateral. El escenario es un bosque. El portagonista, con su máscara parecida a una de hockey, se encuentra agachado junto a una escopeta. Se le acerca andando un personaje alto con la carne quemada, una bolsa en la cabeza y dos motosierras en ligar de manos.

El saco en la cabeza también recuerda a Jason Voorhees, en la segunda peli de Viernes 13

La sangre de los cuerpos que adornan la casa, así como la que muestran algunas criaturas a través de su carne despellejada, es roja, pero cuando Rick aplasta o mutila a algún monstruo que chorrea líquido o cuyos órganos internos se desprenden, el único color es el verde. La sangre verde era un clásico parche para suavizar la violencia de los juegos antiguos, y sortear problemas de censura que pudieran impedir su comercialización internacional. No entiendo que tuviera mucho sentido en un juego como Splatterhouse, teniendo en cuenta los demás factores que comento. Cosas de la época.

La música spooky da buena ambientación, aunque no llegue a ser espectacular. Los efectos de sonido son incapaces de perder el ruido propio de pertenecer a una tecnología ya tan antigua, pero cumplen bien, con sus golpes y gemidos de ultratumba. Aun así, algunos suenan un poco a dibujo animado, por pertenecer al ámbito de los videojuegos de aquella época, y a día de hoy pueden parecer algo fuera de lugar.

Como decía, hay un par de secuelas para Mega Drive, también muy recomendables, así como una especie de versión kawaii para la Nintendo de 8 bits, que no salió de Japón. El original tuvo una adaptación para TurboGrafx-16, una consola de estas raras que no tenía nadie, así como para la japonesa FM Towns y al parecer para PC. En 2010 salió un nuevo Splatterhouse a modo de reboot para PlayStation 3 y Xbox 360, que fue inexplicablemente machacado por la prensa especializada, pero que estaba muy bien. Además, incluía en el mismo disco la trilogía clásica, una de las formas de poseer a día de hoy una copia doméstica 100% legal del Splatterhouse original arcade, sin gastarse un pastizal en una máquina recreativa. Otra manera, más accesible ahora mismo, es a través de la recopilación de clásicos Namco Museum que está disponible para la Nintendo Switch.

Y ahora nos vamos de una casa poseída a otra, que compartió año de estreno con la del videojuego.

Night of the Demons es una película de terror de 1988 en la línea de Posesión infernal (Evil Dead, 1981), sobre unes chavales que se reúnen en una siniestra funeraria abandonada para celebrar una fiesta de Halloween. El lugar, de nombre Hull House, está maldito, y algunos miembros del grupo son poseídos por espíritus demoníacos.

La actriz Linnea Quigley, con un vestido rosa, apoya la espalda en la pared en el interior de una casa, con el antebrazo alzado hacia atrás y la boca muy abierta, medio sonriendo.

La interpretación exagerada de Linnea Quigley da vida a la peli

Tras unos créditos iniciales perfectos para una velada spooky, el comienzo de la película es sumamente ochentoso y lleno de clichés de las pelis estadounidenses de la época. La protagonista, Judy (Cathy Podewell), en su arquetipo de la «chica buena» del instituto, es tan exagerada e intencionadamente sosa que resulta cómico. El estereotipo no saldría tan clavado hecho a día de hoy, ni como parodia intencionada. De todas formas, se nos presenta a los personajes de forma sinceramente ingeniosa y es todo muy ameno.

Para cuando conocemos a la anfitriona de la fiesta, Angela, ya sabemos que es una tía rara (para la protagonista, que es una marisiesa) a la que le flipan el Halloween, la demonología y las movidas siniestras en general. La encarna la actriz y bailarina Amelia Kinkade con la indumentaria de gótica más exuberante que podáis haber visto en una película. La acompaña con un llamativo vestido rosa su amiga Suzzane, interpretada por Linnea Quigley, actriz de culto conocida por su personaje Trash (tremendo nombre de punk ochentera) de El regreso de los muertos vivientes.

No sé si alguna vez habéis visto a une desconocide vestide de forma peculiar cerca de carnaval o de Halloween, y habéis pensado o dicho algo como «lleva disfraz todo el año, jaja». O quizá lo hayan dicho de vosotres. Estas son las vibes que dan Angela y Suzanne. Es Halloween y no sabes si es que visten para la ocasión o es que van así cualquier fin de semana, pero da igual porque las ves y te das cuenta de que son gente un poco extraña. Son las que aportan todo el carisma a una peli que podría haber sido bastante genérica, pero que con el tiempo se volvió de culto. Dos chicas raras, freaks a las que el resto de chavales tienen miedo… Influye, quizá, que estén poseídas por demonios y se dediquen a cargarse a la peña, pero todes tenemos nuestros defectos. Además de este par, también es fácil de recordar a Stooge (Hal Havins), un chaval grosero y desagradable con estética punk que viene a ser el tercero de los demonios principales (es decir, que se le pone cara de mostro).

Al igual que estas gentes de la Tierra y el Infierno, la peli tiene sus defectos, y un airecillo algo cutre de casa de los horrores de parque de atracciones, pero las escenas de monstruosidades y asesinatos resultan bastante bien, y algunas incluso son memorables. El proceso de transformación demoníaca gana mucho con la alucinante escena de baile y las contorsiones de Amelia Kinkade a ritmo de Bauhaus, así como con la divertida interpretación de Linnea Quigley, y sus cambios de tono propios de unos dibujos animados.

La actriz Linnea Quigley, con un vestido rosa, apoya la espalda en la pared en el interior de una casa, con el antebrazo alzado hacia atrás y la boca muy abierta, medio sonriendo.

La cara de Angela endemoniada salía en la carátula de la película y de sus secuelas

Los efectos especiales son buenos, considerando además que se nota que la peli no tiene demasiado presupuesto. Steve Johnson está acreditado como diseñador de los efectos especiales y de maquillaje. Es popular la anécdota de que Linnea Quigley, que se casaría con él más adelante, lo conoció cuando el artista se disponía a hacer un molde del pecho de la actriz, para crear una imitación. Estas tetas falsas se usan en una de las escenas más extrañas de Night of the Demons, y son difíciles de discernir hasta que ha tenido lugar el efecto, a pesar de que se ven con claridad durante un buen rato: un buen ejemplo de la calidad de la que hablo.

Por cierto, quizá ya os lo estaréis imaginando por lo que os comento y por el ochenterismo, pero esta película incluye bastante despelote gratuito, y solo de las chicas. Al menos podrían haberlo hecho un poco más igualitario, como en Robots asesinos (Chopping Mall)… Esa para otro artículo, quizá.

Antes comparaba Night of the Demons con una atracción de feria como algo malo, pero este símil también me sirve para lo positivo. A veces, a les fans del terror nos encantan los clichés, y una casa siniestra en la que tienen lugar posesiones demoníacas y muertes sangrientas no tiene por qué necesitar de un argumento profundo u original para divertirnos. Los personajes llamativos y las escenas extravagantes y macabras pueden ser más que suficientes, e incluso lograr que algunes de nosotres guardemos un especial buen recuerdo de la película.

Este mismo sentimiento es aplicable a Splatterhouse, el videojuego de este capítulo de Galería de terror, y extraer placer y diversión de los clichés del terror es, me da la sensación, parte de lo que le proporciona al Halloween su espíritu actual. Además, por su ambientación y algunos detalles relacionados, Night of the Demons es ideal para esta fiesta.

Nuestra película de hoy tiene una divertida segunda parte con una monja heroica, que se estrenó directamente en vídeo, igual que la tercera. Amelia Kinkade regresaba como Angela en ambas secuelas. Se hizo además un remake en 2009, que contó con Linnea Quigley.

En España, Night of the Demons está disponible para ver en Filmin. Ahora la llaman La noche de los demonios, pero yo juraría que antiguamente conservaba su título en inglés en la tele y en los videoclubs de aquí. La imagen de cabecera pertenece a la carátula de la Collector’s Edition estadounidense de Shout! Factory, obra de arte de la mano de Nathan Thomas Milliner.

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Lin Carbajales
Lin Carbajales @Intranquile

Flipade del cine de terror que también escribe ficción y dibuja. Otros gustos: las patatas con chili, retuitear a Jennifer Tilly, los esqueletos (no rima pero molan).

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