La patata no se puede poseer

Análisis de Strange Horticulture

Análisis de Strange Horticulture

Hace unos días, gracias a la recién salida versión de Nintendo Switch, nos ofrecieron la oportunidad de probar Strange Horticulture. Y yo, atraída como una abeja a las flores, me lancé corriendo a ello. Quizá es una cosa que no sepáis, pero, desde hace algún tiempo, descubrí lo que considero mi “magia” con las plantas. No tengo ni idea de qué es lo que estoy haciendo y, aun así, he pasado a tener una jungla de pimientos, tomates, coles y aguacates en mi terraza, con solo dedicarme a hacer experimentos de los de “a ver si sale algo de aquí”. Por eso, la premisa que me ofreció este juego me pareció más que interesante, porque no solo tienes que llevar una tienda de flora diversa, sino que necesitas investigarlo todo. En especial, a las propias plantas.

Strange Horticulture nos presenta una trama que, técnicamente, sucede en su totalidad en el interior de nuestra pequeña tienda. Pero, como el propio título nos indica, lo cierto es que aquí no nos vamos a encontrar geranios u orquídeas, sino que, en su lugar, cuidaremos de plantas, flores y hongos ficticios que siempre tendrán un uso medicinal… o letal. Al principio, comenzamos con un puñado de macetas que, a medida que vamos avanzando en la historia y realizando encargos, iremos aumentando en número hasta llenar los estantes de la tienda. Sin embargo, hay un detalle importante: no tenemos ni idea de cuál es el nombre de cada planta ni para qué sirve, por lo que, con un simple descuido, podríamos acabar haciendo que el pobre señor que viene a por un remedio para las almorranas se lleve un ungüento que lo convierta en una luciérnaga humana.

En nuestra pantalla encontraremos varias divisiones, con una interfaz sencilla pero que es más que suficiente para todo lo que tendremos que hacer. Por un lado, hay una zona con estanterías para las plantas, a las que, si queremos, podremos poner etiquetas personalizadas para saber cuál es cuál a medida que vayamos identificándolas. O para ponerles un nombre a nuestro gusto, que nadie nos va a impedir que la flor del veneno se llame Juanita, aunque quizá sea bastante menos útil. Aparte de eso, también tendremos nuestra propia mesa de trabajo donde, como el propio nombre indica, se realizarán todas las tareas. Podremos abrir cartas o coger notas y esparcirlas por la mesa para tratar de investigar dónde conseguir aún más plantas, gracias a la posibilidad de desplegar un mapa de la zona que nos contará, a través de texto, qué hay en cada punto en los que decidamos escudriñar. Y es que no estamos trabajando hasta que tenemos la mesa completamente llena de papelitos. Por suerte, el juego está completamente traducido al español, así que no tendremos ningún tipo de barrera idiomática que nos impida tratar de desvelar los puzles que nos irán planteando.

Además, siempre tendremos a mano nuestra propia enciclopedia de plantas, aunque ya os voy avisando de que quien se dedicó a pintarlas no fue a clase de herbología algunos días. Los nombres y las descripciones encajan perfectamente, pero las ilustraciones no siempre coinciden con la flora. Sobre todo las primeras que nos encontramos. Esto no es por un bug ni nada parecido, sino que es completamente a propósito, para obligarnos a inspeccionar a fondo y ver pétalo a pétalo, dudando de nuestras propias facultades o aventurándonos al descubrimiento. Y, por último, una ventanita en la que irán apareciendo los clientes y el cartero. Además de ser el lugar de descanso de nuestro precioso gatito negro (al que podemos acariciar) y, más avanzado el juego, la opción de hacer pociones de forma puntual. Dichos clientes vendrán por los motivos más pintorescos, algunos preocupados por una posible enfermedad o dolencia, otros buscando una relación con asuntos más místicos, y también quien nos hará sospechar de sus intenciones. Todo lo que vemos en pantalla está relacionado con el funcionamiento normal de una tienda o, al menos, todo lo normal que puede llegar a ser esta.

La mecánicas principales se van entrelazando entre ellas. Por ejemplo, si queremos ir a ver un punto en el mapa, tendremos que regar nuestras plantas para poder conseguir una especie de “energía” para hacerlo. El mapa, enorme y dividido en muchísimos cuadrados, no servirá de nada si no sabemos de forma exacta a dónde tenemos que ir, por lo que las notas y las cartas se convierten en objetos imprescindibles. Eso sí, no esperéis que os digan que vayáis a una ciudad concreta, porque eso sucederá muy pocas veces. En su lugar, nos dejarán pistas para que nos dirijamos en una dirección u otra, o harán que rebusquemos un poquito más para ver dónde encaja concretamente en ese papel. Y en cuanto a las plantas, si bien la enciclopedia nos da la mayoría de los datos, no siempre son suficientes, por lo que un microscopio nos permitirá hacer un análisis más exhaustivo, dándonos una frase más que puede llegar a ser clave en nuestra búsqueda. Y si aun así no consigues descubrir qué planta te están pidiendo, siempre tienes la opción de solicitar un par de pistas que te pondrán de nuevo en la dirección correcta. Todo bien encajado, para que tengamos que utilizar cada cosa sin pensárnoslo dos veces.

En cuanto a la versión de Nintendo Switch, lo cierto es que tengo sentimientos encontrados sobre ella. Es una buena opción para jugarlo, sin ninguna duda, y el mayor problema que existe al utilizarlo en una pantalla tan pequeña lo solucionan de forma muy simple y efectiva, pero al mismo tiempo se siente como que ralentiza un juego que, de por sí, ya no es muy rápido (por motivos más que evidentes y que no suponen ningún inconveniente). Ese problema es el ya viejo conocido en tantos videojuegos: la letra minúscula. Strange Horticulture, siendo un juego que fue creado teniendo en mente un PC, cuenta con una opción que te permite acercar o alejar la pantalla, a modo lupa, y que te deja tanto leer los textos y notas como observar de cerca las plantas. Mi queja es que, si bien los controles ya están ralentizados porque el joystick maneja lo que sería el cursor del ratón, también controlan el movimiento de ese efecto de lupa, haciendo que muchas veces dé un poco de pereza molestarse en acercarlo y acabemos arrimando la propia consola a la cara porque, total, solo es una frasecita corta. Podemos utilizar también el dedo y la pantalla táctil, claro, pero eso nos añade cierta pérdida de precisión, y bueno, que nuestra mano tape la pantalla al tener que simular el mismo cursor. Como digo, es una buena solución, muy eficiente, y no impide el disfrute del juego, pero, como ya sabemos, siempre acaba ganando la vagancia de evitar tener que mover lo mínimo si eso va a ser más lento.

En definitiva, Strange Horticulture me parece uno de esos juegos en los que reina la tranquilidad, combinándose con pequeños misterios cotidianos dentro de su propio mundo que conseguirán que nos enfrasquemos analizando plantitas e investigando qué tiene que ver toda esa gente con ellas. Es divertido, no da lugar a la frustración, y os acabará enganchando con todos esos detalles que aparecerán en la pantalla. Y, quién sabe, quizá también despierte vuestro amor a las plantas con vuestro próximo aguacate. 🥑

 

Copia de prensa proporcionada por Iceberg Interactive.

Cómprame un café en ko-fi.com

Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: