Moza, tengo… arena
Análisis de Sand Land
17/05/2024 | Nix | No hay comentarios
Si hay algo que no se puede negar es que muchísimas personas, sobre todo las que rondan mi generación, crecieron merendando con Akira Toriyama. Su forma de contar historias, a pesar de girar casi siempre alrededor de combates espectaculares, nos mantenían con la mirada fija en la tele, en los cómics o incluso en videojuegos, sin ninguna preocupación en nuestra cabeza y disfrutando cada segundo con la seguridad de que al final siempre iba a ganar el bien. Esto era, en gran parte, gracias a que la violencia que aparecía en sus obras se mostraba en su mayor parte al más puro estilo ACME, sin consecuencias realistas y enfatizando la fuerza antes que el daño. Porque si algo caracterizaba a Toriyama era el hecho de que él creaba esos mundos para divertirse, porque se le metía algo en la cabeza y sentía la necesidad de sacarlo para compartirlo con la gente. Y por eso el motivo por el que existe Sand Land es que Akira Toriyama se levantó un día queriendo dibujar un tanque.
Si hay algo que destaca en la obra de Toriyama es lo mucho que le gustaba dibujar todo tipo de vehículos aunque realmente no se pareciesen a la referencia original, por lo que en esta ocasión el tanque de Sand Land acabó con una forma un tanto esférica y siendo pilotado por Beelzebub, el príncipe de los demonios. Y ahora, además de poder leer ese manga de tomo único, también podemos disfrutarlo con el anime y, por lo que estamos aquí, su videojuego, que está hecho con el mismo cariño que le habría dedicado el propio Toriyama, y eso ya es empezar con buen pie.

Quienes ya conozcan la trama no observarán grandes cambios durante el transcurso del juego. Este comienza con Beelzebub y sus amigos robando agua al ejército porque tras una gran guerra el mundo acabó desolado y, como bien dice su nombre, Sand Land se convirtió en un enorme desierto en el que el agua es un bien prácticamente inexistente. Sin embargo, un hombre llamado Rao se dirige a pedir ayuda a los demonios porque ha conseguido pistas sobre un manantial legendario que proporcionaría agua a toda la zona, pero él solo no será capaz de encontrarlo. Y es en ese momento en el que Beelzebub, tras pedir permiso a su padre y asegurarse de que a cambio de su ayuda conseguirá una consola y videojuegos, se lanza a la aventura bajo el control de nuestro mando. Durante nuestro camino nos encontraremos con diferentes tipos de enemigos, desde dinosaurios que nos proporcionarán materiales a conjuntos de bandidos, el ejército, o incluso los Swimmers, un grupo de nadadores que veremos un poco confundidos con el ambiente. Sin embargo, también encontraremos aliados que nos irán ayudando, o incluso que aportarán misiones extra en las que a cambio de nuestra colaboración conseguiremos algunas mecánicas extra para poder plantarle cara al ejército y conseguir todo el agua que necesitemos.
La parte del mundo abierto de Sand Land es, como os habréis imaginado, una extensión desértica enorme. Como suele suceder en este tipo de juegos, cumple con unos requisitos generales, por lo que nos podremos encontrar enemigos aleatorios que reaparecen al poco tiempo de haberles vencido, materiales o cofres con objetos, cuevas o pequeñas ciudades en las que nos encontraremos con varios tipos de NPC, entre ellos comerciantes, y misiones secundarias cortas que nos contarán una pequeña historia relacionada con la persona que nos haga el encargo. Pero estas no se limitarán a ser misiones relleno de hacer recados sin ningún motivo, porque además podremos convencer a esas personas de que se vengan al pueblo que hará de nuestra base de operaciones. Y es que, en un inicio, el pueblo está completamente vacío, pero a medida que vayamos captando a gente también se abrirán distintas tiendas, como algunas de materiales, de pintura para nuestros vehículos o incluso de muebles para que podamos decorar la habitación de Beelzebub, que un príncipe necesita sus aposentos. Y chuches.

A la hora de combatir tendremos dos formas de hacerlo, y la mayoría de las veces podremos escoger cuál de ellas nos conviene más o, simplemente, nos apetece utilizar. La forma más sencilla es el combate cuerpo a cuerpo, en el que Beelzebub utiliza su fuerza sobrehumana para dar mamporros a cualquier enemigo que se digne a plantarnos cara. Este estilo es el más simple, ya que con aporrear un par de botones tendremos el combate casi ganado, sin tener que plantearnos ningún tipo de estrategia ni tener que perfeccionar el control al máximo. Sin embargo, cuando los enemigos son muy numerosos, grandes o tienen vehículos militares, la mejor opción es escoger también nuestro vehículo preferido, que en la mayoría de las ocasiones será el tanque. Estos combates requerirán más atención, tanto a la hora de atacar como de esquivar, y agradeceremos muchísimo haber decidido explorar el territorio y haber mejorado nuestras armas, defensas y demás partes, porque la cosa se puede poner muy complicada. Eso sí, esto hace que esos combates sean muchísimo más satisfactorios, porque vemos nuestro propio avance a medida que va transcurriendo el juego. Y, para qué mentir, porque podremos lucir ese tanquecito tan cuco. O la moto, o el coche, o…
Lo que hace de Sand Land un juego tan redondo no es nada de lo que he hablado hasta ahora. Todos esos elementos están muy bien hechos y el juego está completamente pulido, pero no hace nada que no puedan hacer muchos otros títulos de una forma similar. Y, aun así, cuenta con una cosa que le hace destacar sobre los demás, y es precisamente el cariño con el que trata la obra de Toriyama, respetando el estilo del autor en todo momento. Los personajes cuentan con el carisma que él les proporcionó, sin que se salgan de su papel, sobre todo en el caso de Beelzebub. Además, la dirección de arte se empapa por completo de su estilo, manteniendo esas paletas de colores tan características, los detallitos como pequeñísimos animales apareciendo en una esquina solo por el simple hecho de aparecer, o el sombreado hecho con rayitas, tal y como él solía hacer en sus mangas en muchas ocasiones. Y es que es un título que, sin saberlo, se ha convertido en uno de los mejores homenajes que se le podían hacer a Toriyama.

Sand Land es un título que, sin inventar nada nuevo, consigue situarse en lo que deberían ser los juegos basados en manga y anime. Está cuidado hasta la última rayita de sombreado y, con un mundo abierto 3D enorme, consigue mantener las mismas sensaciones que transmite la obra original a base de misiones que podríamos considerar como pequeños capítulos. Y es que, sin ninguna duda, cualquier persona que haya disfrutado de la personalidad de Goku o de Arale acabará adorando a Beelzebub. Pero cuidado, que es tan malo que se saltará su hora de dormir para jugar a la PS6.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

