Repolo de Betanzos

Análisis de Tiny Garden

Análisis de Tiny Garden

Desde hace ya algún tiempo no dejamos de ver cómo cualquier tipo de entretenimiento basa, en muchísimas ocasiones, todo su contenido en apelar a la nostalgia, a un pasado relativamente cercano que acaba influyendo en las modas actuales. Sin embargo, fuera del motivo capitalista que lo mueve todo, lo cierto es que absolutamente todas las generaciones acaban cayendo en ello por el simple hecho de que solemos buscar eso que nos hace sentirnos bien, esos momentos en los que no teníamos ninguna preocupación importante o que nos conseguíamos distraer por completo de ellas porque, en el fondo, nuestra corta edad limitaba nuestro mundo. Es por ello por lo que la enorme cantidad de remakes y remasters de juegos de nuestra infancia están triunfando tanto, y aunque está bien revisitarlos de vez en cuando, el hecho de que traten de empujarnos a ello únicamente para exprimir nuestra cartera hace que acabe perdiendo toda su magia. Por el contrario, entre la multitud de juegos indie que salen cada año, de vez en cuando sobresale algún que otro título que sí está pensando en esa nostalgia como un lugar acogedor al que volver, con unos recuerdos asociados a lo que nos encontrábamos fuera de los videojuegos y en nuestro día a día. Este es, concretamente, el caso de Tiny Garden, un juego de los que podríamos denominar como cozy y que, además, se aleja de las garras del capitalismo.

Toda la historia y las mecánicas de Tiny Garden caben en una pequeña bola que podemos sujetar con una mano. O podríamos si saliese de dentro del videojuego, claro está. El caso es que esa bola quizá os traiga a la mente una especie de pokéball extraña, pero su existencia viene de mucho más atrás y de la mano de Polly Pocket, uno de esos juguetes que nos encantaban, aunque, viéndolos en retrospectiva, quizá tenían cierto peligro con esas piezas tan pequeñas que lo componían. Sea como sea, sobrevivimos la posibilidad de tragarnos alguna que otra muñequita y ahora las recordamos con mucho cariño, por lo que ver esas piezas diminutas en un pequeño jardín digital provoca ese regreso a la infancia desde el primer minuto. Sin embargo, en cuanto nos demos cuenta estaremos con un papelito al lado apuntando las lechugas, patatas o berzas que nos hacen falta para desbloquear eso que se nos ha metido entre ceja y ceja.

Nuestra tarea principal a la hora de ponernos manos a la obra en nuestra huerta será, como es evidente, plantar las semillas. Comenzaremos sembrando nabos y dándole a la manivela que nos permitirá controlar el paso de los días haciendo que cada vuelta sea un día completo, y esto hará que crezcan nuestros hermosos cultivos. La mayoría necesitarán solo uno o dos días para llegar al momento en el que los podamos recoger, y otros tardarán unos días más, pero a medida que vayamos jugando y desbloqueando plantas nos daremos cuenta de que en muchas ocasiones tendremos más beneficios si no recogemos la cosecha que si lo hacemos. Esto, sobre todo, será más importante cuando tengamos más huecos para plantar, porque nos permitirá jugar con la estrategia de la colocación de plantas, terrenos e incluso objetos para poder conseguir exactamente lo que buscamos.

Otro de los detalles importantes a la hora de jugar es que nuestros cultivos nunca generarán dinero, permitiéndonos eliminar por completo el nerviosismo de que se nos estropee la partida porque, por culpa de una mala decisión, nos atasquemos sin poder avanzar en nada. Y es que en Tiny Garden absolutamente todo se puede conseguir plantando una u otra semilla, y si en algún momento nos quedamos sin nada (que es algo bastante complicado), esperando un poquito veremos aparecer una semilla en una caja que nos las regalará periódicamente. Y puede parecer una tontería, pero partiendo de cualquiera de las iniciales podremos ir avanzando poco a poco, recuperando las más avanzadas a simple golpe de trueque. Por supuesto, lo que vamos recolectando no nos servirá únicamente para la parte verde del juego, sino que también nos permitirá ir desbloqueando herramientas útiles, toda la parte decorativa y, además, algún que otro extra. 

No tengo ninguna duda de que os pasará como a mí y dedicaréis varias horas de vuestra partida a la decoración tanto interna como externa de la bola. En la zona interior, lo que sería la tapa del juguete, nos encontraremos con tres secciones diferentes que iremos abriendo a medida que jugamos, y donde tendremos libertad absoluta para decorar a nuestro antojo. Poco a poco, a cambio de tomates, pimientos o uvas, desbloquearemos diferentes tipos de mobiliario y decoraciones, incluso obteniendo macetas con los mismos cultivos que tenemos en nuestro huertecito, pero esta vez únicamente para que luzcan en el interior de la casa. Sin embargo, esto no nos servirá solo para demostrar nuestras habilidades de diseño de interiores, sino que a medida que vayamos colocando cosas en la casa nos irán llegando cartas que nos descubrirán detallitos que querremos ir leyendo y nos animarán a decorar aún más. Y encima, en ciertas ocasiones nos darán pistas sobre las plantas, o semillas que nos pueden venir muy bien en algún momento dado. 

Como os comentaba, no todo se queda en el interior, porque otra cosa que podremos personalizar será el exterior. Y cuando digo personalizar, me refiero a todo. Podremos cambiar los colores de la bola, pudiendo escoger entre un listado enorme, y ese mismo listado nos permitirá aplicar también esos colores al mobiliario e incluso a los cultivos, tanto en conjunto como por separado. Además, podremos llenar nuestra bola de pegatinas, cada una con un estilo o diseño diferente, y que en ciertas ocasiones podremos reconocer como pertenecientes a otros juegos indie, con lo que nos puede acabar recordando a la tapa de nuestro propio ordenador portátil. Y, por si os parece poco, podremos cambiar el ambiente del fondo para que encaje con la estética de nuestra bola o, simplemente, de nuestro gusto. Todo ello, y quizá ya suena a que me repito, utilizando únicamente el trueque con nuestros propios cultivos, a base de nabos, cactus y zanahorias. Y si aun así queréis desbloquear más cosas, también os encontraréis con unos granjeros que podréis coleccionar.

Algo que no podemos negar es lo bonito que se ve el juego en su conjunto completo gracias a la paleta de colores que tiene, tanto de base como con cualquiera de sus desbloqueables estéticos. Sin embargo, todo acaba luciendo más en cuanto empezamos a fijarnos en cada uno de los modelos, que si bien son sencillos, imitando al plástico del juguete, tienen los suficientes detalles como para acabar llamando la atención por lo bien hechos que están. Y, por supuesto, cuenta también con una banda sonora que nos ayudará tanto a relajarnos jugando como a concentrarnos en lo que queremos conseguir o desbloquear. Por último, en esta ocasión al ser un título patrio no tendremos ningún problema con el idioma, pero como gallega que soy tengo que reconocer que me ha encantado poder jugar, por una vez, a un título en mi propio idioma. Ainda que teño que recoñecer que por moito que compartamos unha lingua, non compartimos opinión sobre as berzas ou a piña. Pero cos eucaliptos sí.

Tiny Garden es un título perfecto para ir jugando en pequeñas dosis, planteándonos cada ocasión en un momento en el que poder ir desbloqueando cada objeto, planta, carta o herramienta con toda la calma del mundo porque no nos va a exigir dinero, inmediatez o nos cargará con un exceso de trabajo que nos abrume. Y esto, en el fondo, es lo que deberían hacer todos los juegos cozy, no limitarse a darnos un negocio para que lo llevemos de forma cuqui, sino tratar de recrear esas tardes lúdicas en las que un pequeño juguete nos entretenía ayudado por nuestra propia imaginación. Eso sí, reconozco que si mi Polly Pocket hubiese tenido ese nivel de detalle botánico todavía lo tendría cerquita de mi escritorio, porque ahora lo difícil va a ser no abrir Tiny Garden en cualquiera de mis ratos muertos.

Cómprame un café en ko-fi.com

Nix

I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

No hay comentarios
Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.