Amistad, lealtad y ayuda mutua
Kasuga y Kiryu, las dos caras de la misma moneda
15/06/2025 | Meren Plath | No hay comentarios
Hace ya unos meses que acabé mi segunda vuelta a Like a Dragon: Infinite Wealth, y me he tomado este tiempo para reflexionar sobre él, sobre Kasuga y Kiryu y sobre los viajes tan diferentes que ambos tienen en esta aventura pero que acaban compartiendo muchas cosas.
A partir de este punto hay spoilers del juego y del final, así que lee bajo tu propia responsabilidad.
Hay cierta opinión sobre que el final de Like A Dragon: Infinite Wealth es anticlimático, e incluso decepcionante. En él, vemos que Kiryu finalmente acepta someterse al tratamiento contra el cáncer que tiene, después de negarse en redondo a hacerlo durante todo el juego. Esto ocurre porque él mismo se da cuenta de que no tratarse es un castigo autoimpuesto por no haber podido ayudar a toda la gente que hubiera querido, y por tanto, él tiene que sufrir por eso. Una penitencia en toda regla. Kasuga y compañía acaban haciendo que entre en razón después de la pelea final en la Torre Millennium, en la que queda al borde de la muerte. En comparación con el anterior juego principal de la saga, Yakuza Like a Dragon, es un final mucho más pausado, con menos revelaciones y mucha menos acción. Pero es un final que funciona perfectamente, ya no solo por la carga emotiva que tiene, que es muchísima, sino porque es verdaderamente la despedida de Kiryu y de toda la gente que le ha acompañado durante sus aventuras.
A lo largo de Like a Dragon: Infinite Wealth vamos viendo cómo Kiryu intenta hacer las paces con él mismo, visitando a viejas amistades, enemigos y conocidos. A nivel narrativo funciona como un homenaje a toda la historia de la saga Yakuza hasta la aparición de Kasuga, pero también como una manera de enseñar a todas las personas que han empezado recientemente a jugar a estos títulos la historia que hay detrás. Los capítulos de Kiryu en el juego tienen una carga emotiva que no se puede obviar, porque es absolutamente necesaria. Más allá de las ramificaciones que tiene con la historia principal, cuando Kasuga y Kiryu se separan a la mitad del juego, se intuye que la acción se la va a quedar Kasuga, y el viejo protagonista de la saga se va a encargar de dar ese toque emotivo. Las reuniones con Date, los recuerdos de las aventuras vividas en Kamurocho y Yokohama como parte de su lista de deseos antes de morir… Todo forma parte de su arco de personaje, y es imprescindible de cara a su final.

Retomamos la historia de Kiryu donde la dejamos en Like A Dragon Gaiden: The Man Who Erased His Name. Tenemos a un personaje abatido por sus propias circunstancias, cansado de vivir y de luchar, y renunciando a su propio nombre para vivir como una sombra, sirviendo a una organización turbia, los Daidoji, solo porque así puede proteger a la gente que quiere. Aquí nos muestran que Kiryu ya no vive, solo sobrevive. Ha renunciado a todo lo que podía renunciar (Haruka, el orfanato, sus pocos amigos…) y se ha convertido, simplemente, en una sombra de lo que era en el primer juego. A lo largo de la saga hemos visto cómo Kiryu va perdiendo gente y lugares en los que poder refugiarse hasta que no ha quedado absolutamente nada, ni siquiera su propio nombre. Por eso, a pesar de que el desenlace en Like a Dragon: Infinite Wealth pueda parecer decepcionante, no lo es. Finalmente Kiryu acepta que, aunque haya renunciado a tantísimas cosas para proteger a quienes más quiere, ha encontrado a otra familia y gente por la que merece la pena vivir. Es él, por fin, saliendo de la espiral depresiva en la que se encontraba y en la que se hundía cada vez más.
Esta idea de que Kiryu en este juego representa parte del proceso de recuperación de una depresión grave me lleva persiguiendo meses, y más después de haber jugado otra vez a este título. Kasuga, junto con el resto de gente que conocimos en Yakuza: Like a Dragon, acompañará a Kiryu en ese largo proceso de recuperación, especialmente en los capítulos en los que jugamos como él. Más allá de cumplir esa lista de deseos y de tareas pendientes, estos momentos son en los que Kiryu se atreve a sentir, a hacer que fluya todo lo que lleva bloqueando durante tanto tiempo. Seonhee, Nanba, Zhao, Saeko y Yoongi se encargan, de la mitad hasta casi el final del juego, de que salga de esa crisálida en la que lleva tanto tiempo encerrado para protegerse de sí mismo y, al mismo tiempo, bloquear cualquier intento de mostrar sus sentimientos, esa rabia o tristeza cuando pierde a alguien. Me recuerda también al proceso de recuperación por el que pasa mucha gente con cuadros depresivos, en los que rechazan la ayuda y niegan estar mal hasta que finalmente algo hace clic y es cuando toman la decisión de empezar a recuperarse.
Sin embargo, no es lo único que nos enseña Like a Dragon: Infinite Wealth sobre sus personajes. A pesar de ser un juego lleno de acción y peleas, tenemos muchos más momentos para reflexionar y hablar con el resto de gente que nos acompaña durante nuestra aventura. Y aquí podemos ver claramente los dos tipos de personalidades que tienen nuestros protagonistas, y que parece que a priori van a chocar muchísimo. Tenemos por un lado la de Kiryu, que va de tipo duro para enmascarar su propio sufrimiento, y la de Kasuga, que se permite sentir y abrazar esos sentimientos, sin importar lo que traigan consigo. Tenemos a dos personajes que, aunque compartan ese pasado traumático, de soledad y de orfandad, han acabado evolucionando en personalidades completamente diferentes. Y esto es lo que une a ambos personajes. Kiryu aprende de Kasuga, y viceversa. Lo vimos muy bien en el primer enfrentamiento que tienen en Yakuza: Like a Dragon, y aquí es donde se termina de rematar, viendo cómo acaban aprendiendo los dos de las experiencias del otro. Ambos han demostrado que pueden enfrentarse a situaciones complicadas con visiones más estoicas o más pasionales, pero desde que conocimos a Kasuga, estaba muy claro que iba a representar algo que a Kiryu le costaba mucho más exteriorizar. Ichiban no se corta a la hora de decirles a sus amigos que los quiere, mientras que a Kiryu le cuesta mucho más aceptar ese amor e incluso manifestarlo.

Por último, una de las cosas en las que más hincapié se hace desde el minuto uno en el juego, y que también enfrenta un poco a Kasuga y a Kiryu, son las segundas oportunidades. A Kiryu le cuesta mucho confiar en alguien porque sabe lo que es ser traicionado, y se lo piensa mucho antes de dar segundas oportunidades. Sin embargo, Kasuga lo hace en incontables ocasiones por la fe inquebrantable que tiene en el ser humano. A lo largo de la trama iremos viendo cómo diferentes personajes nos traicionan o cambian de bando según lo que les convenga en algún momento, pero Ichiban no se cansa de perdonarles y de aceptarles de nuevo en el grupo porque sabe lo valiosa que es la fe y el creer en la gente. Lo hizo en Yakuza: Like a Dragon y lo repite aquí, más de una vez. Kasuga no peca de inocente al estar siempre perdonando a la gente. Cree que el perdón y la confianza son herramientas, no simples elementos de honor que son casi imposibles de recuperar. La confianza absoluta que tiene en la gente, incluso en aquellos que le han puteado a niveles que nadie puede imaginar, es algo digno de elogio. Lo que puede parecer una debilidad es la fortaleza de Kasuga, y eso es algo que Kiryu aprende de él, a saber perdonar. Incluso a él mismo.
Aunque llevemos varios juegos de la saga diciendo que ahora sí que sí, Kiryu se despide, en este sí que se siente como un final más definitivo. Por fin vemos a un Kazuma en paz con sus decisiones, con su pasado y con él mismo, rodeado de gente que le apoya y recuperándose. Kasuga es una pieza fundamental para lograr que esta vieja gloria yakuza pueda vivir en paz con él mismo. Recupera su nombre y las ganas de vivir, y se quita el yugo que ha llevado durante muchísimos años. Volviendo a lo que explicaba al principio, no creo que sea un final anticlimático, sino la culminación de las aventuras de toda una vida, y la manera de dejar que ese legado pase al siguiente protagonista, a Ichiban. Ambos representan maneras muy diferentes de ver las cosas y de enfrentarse a la vida, pero no dejan de ser las dos caras de la misma moneda. Representan enseñanzas vitales sobre la bondad, la amabilidad y la lucha por lo propio, aunque con diferentes puntos de vista. Like a Dragon: Infinite Wealth es un juego de acción, pero también de entenderse, buscarse y perdonarse.
be gay do crime take a nap. soy arándano de Animal Crossing. CEO de las Movidas Nucleares™, testeadora, presento el pugcast, doy mazo la chapa.

