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Análisis de Twinkleby
23/09/2025 | Nix | No hay comentarios
No podemos negar que desde hace ya algún tiempo los juegos cozy están más que de moda incluso entre gente que, hasta hace poco, únicamente jugaba títulos en los que pudiese armarse hasta los dientes y cargar con una metralleta. Quizá sea por haber venido de una pandemia mundial, o por estar viviendo el auge del fascismo, quién sabe, pero muchas personas están buscando pequeños pozos de tranquilidad en los que pasar los ratos muertos sin tener que preocuparse de la vida real. Y es que los muñequitos cuquis y las mecánicas de hacer cosas sin realmente tener que hacer nada, simplemente por entretenernos a nuestra manera, son algo que no todo el mundo apreciaba pero ya empiezan a ver sus virtudes. Y aunque ya eran más que conocidos entre alguna gente, no podemos negar que quien los popularizó de forma masiva en esta última época fue Animal Crossing: New Horizons. Y este es precisamente el título de referencia que nos encontramos en Twinkleby, un juego en el que nuestra misión es decorarlo todo para que unos personajes monísimos sean felices. ¿Y cómo nos vamos a negar a eso?
Una de las cosas que me sorprendió de Twinkleby fue ver que no se molestaban en contarnos una historia a modo de excusa para ponernos a decorar, como suele suceder en todos los juegos cozy, sino que nos plantan delante de la tienda de antigüedades de una señora llamada Molligan y nos dicen que venga, a abrir el mapa y a trasladarnos a la primera isla flotante. Eso sí, sin olvidarse de contarnos que podremos volver a la tienda todas las veces que queramos, ya sea para conseguir muebles o decoraciones nuevas, o para comprar llaves que nos permitirán abrir cofres. Pero no adelantemos acontecimientos y volvamos a nuestra primera isla, porque allí descubriremos las mecánicas principales del juego y, además, nos plantearán el uso de los escenarios como forma de expresión al permitirnos libertad completa sobre lo que utilizaremos en cada uno de ellos.

Por norma general, cada isla tendrá una casita que, a su vez, se desbloqueará en nuestro inventario. Sin embargo, en ciertas ocasiones nos encontraremos con una explanada vacía en la que, por norma general, sus enormes dimensiones nos darán pie a que creemos nuestro propio vecindario. Por supuesto, no se puede tener un vecindario sin vecinos, y dependiendo de la isla en la que nos encontremos aparecerá un número distinto de los mismos. Ellos vendrán uno a uno, lo que nos permitirá revisar sus requisitos, que suelen ser uno o dos, y mostrados con un símbolo que nos dirá si quieren muchas plantas, tazas o comida, entre otras cosas, y alguna vez serán tan simples que únicamente pedirán un techo en el que vivir. Si bien no podemos escoger qué vecino va a aparecer por la puerta, lo que sí podemos hacer será elegir quién se queda, porque si uno no nos interesa podremos tirar su bolsa al vacío y… bueno, seguramente lo pille. Eso sí, tendremos que tener en cuenta que al terminar el nivel cada vecino nos regalará alguna de las cosas que tiene en la bolsa, ya sean objetos de decoración o una pieza de mapa que nos servirá para desbloquear otra isla diferente, por lo que tendremos que pensarnos bien si nos merece la pena aguantar a un vecino pesado o si no importa y podemos echarlo, porque sabemos que Van Gogh no nos va a dar un cuadro diferente.
A la hora de decorar, como bien os decía, todo dependerá de nuestros propios gustos y de lo que hayamos ido comprando en la tienda de Molligan o recibiendo como regalo. Pero también entrará en juego una cierta aleatoriedad en forma de cofres, ya que irán apareciendo flotando por el cielo sujetos a unos paraguas y, si los vemos, los podremos recoger y colocar en nuestra isla. Sin embargo, un cofre necesita una llave, y nos tocará ir consiguiendo llaves pequeñas, medianas o grandes de los bolsos de los vecinos, o comprarlas en la tienda. Y, sinceramente, compensa muchísimo tener siempre llaves en el bolsillo, porque lo que nos darán esos cofres siempre será de muchísima utilidad porque nos ahorrarán unos buenos dineros, o esteliones, como se conocen aquí. Y si os preguntáis cómo se gana dinero en este juego, os confirmo que cae del cielo en forma de estrellas fugaces (de ahí el nombre), porque para que algo sea cozy tenemos que eliminar el capitalismo real. En cuanto a los objetos, si bien la tienda irá añadiendo cosas a medida que avancemos en las islas, pronto descubriremos que cuando completemos una de las colecciones que nos ofrecerá Molligan, nos enseñará y regalará un objeto secreto relacionado con dicha colección, mejorando aún más nuestras posibilidades de diseño.

Si bien la decoración no se limita a los objetos, porque también podremos cambiar el papel de pared, el suelo, la pintura de pared o cosas más globales como el momento del día, el clima o la estación, no podemos negar que lo que más juego dará serán precisamente todas las cosas que formarán parte de las diferentes habitaciones. Tendremos diferentes estilos, más rústicos o más lujosos, aunque lo que más me ha gustado son las variaciones del mismo mueble, porque en Twinkleby han decidido que el cambio de colores es demasiado típico y las maderas diferentes siempre son combinables, por lo que esas variaciones son de objetos colocados sobre los muebles. Así, podremos crear una mesa de estudio, o un mostrador de boticario, un mueble de jardinería o incluso una encimera de cocina en la que tendremos bolsas de harina desperdigadas esperando a convertirse en un pastel. Gracias a esto, y al modo foto, podremos ver que con los mismos muebles y la misma casita encontraremos un montón de personas haciendo cosas completamente opuestas, y si puedes enfatizar tanto la creatividad de alguien, es porque lo has hecho bien. Como mucho, echo de menos una forma de buscar objetos más directa, porque la clasificación simple en varias secciones es útil, pero en cuanto vamos comprando todos los muebles empieza a costarnos un poco más recordar en qué pestaña se habrá guardado eso que necesitamos.
Al contar con una vista no delimitada a un personaje concreto, sino que somos como un ente que interviene en el urbanismo de las islas cósmicas, nuestra libertad a la hora de decorar es completa, pudiendo girar la cámara hacia donde mejor nos venga y colocarlo todo desde lo lejos o cerca que queramos. Es por ello que me sorprendió bastante que, en el momento en el que pude jugarlo antes del lanzamiento, los controles con teclado y ratón eran perfectos y comodísimos, pero con mando se volvía todo muy engorroso, con combinaciones de botones para poder hacer movimientos sencillos. Fuera de eso, y salvo un bug que me obligaba a escuchar cantar a los vecinos la canción que entonan al completar un nivel (que no es corta) sin poder pasarla a pesar de que aparecía el comando para hacerlo, tengo que decir que está bien pulido y no debería de dar ningún problema.

Twinkleby es uno de esos títulos perfectos para relajarnos, sobre todo si nos gusta la decoración, pero también es un juego que brilla más cuando se divide en pequeñas dosis. Y es que es muy fácil perder de vista ese concepto de jugar por ocio y no maximizando las recompensas de cada nivel. El poder pararse a colocar cada uno de los pequeños muebles y accesorios, el molestarse en cambiar el papel de pared, el decidir crear un pequeño camino de piedras que conecten las diferentes casas que llenan cada isla. Todo eso es lo que convertirá un juego de unas horas en uno que podremos disfrutar durante muchos días. Jugad con calma. No todo tiene que ser un speedrun, y no todo consiste en tachar una lista de juegos pendientes.
I run on coffee, sarcasm and lipstick. Hace años le vendí mi alma a Bioware y me convirtieron en la Shadow Broker. Tengo un papelito que dice que soy N7, pero no quieren darme mi propia nave. Me gusta llevarle la contraria a la gente y por eso soy una Inquisidora enana y pelirroja.

